La península ibérica presenta un comportamiento tectónico particular dentro del conjunto europeo, según los últimos análisis geofísicos basados en mediciones satelitales de alta precisión. España y Portugal forman un bloque que rota lentamente en sentido horario, en contraste con otras regiones del continente que muestran patrones de desplazamiento distintos. Este movimiento, imperceptible a escala humana, refleja que la Península no es un elemento pasivo del sistema europeo, sino una unidad dinámica dentro de la compleja arquitectura de placas del Mediterráneo occidental.
Los investigadores han podido detectar este giro gracias a redes de estaciones GPS permanentes y a datos sísmicos que permiten reconstruir cómo se deforma la corteza terrestre milímetro a milímetro cada año. La causa principal es la convergencia entre la placa africana y la euroasiática, que se aproximan a un ritmo de varios milímetros anuales y transmiten tensiones a toda la región. La península ibérica responde a estas fuerzas con una rotación lenta y coherente, manteniendo su conexión estructural con el resto de Europa, pero moviéndose con una orientación propia.
A escalas geológicas muy largas, este proceso forma parte de una tendencia más amplia que podría conducir a una progresiva reducción del espacio entre África y Europa occidental, con implicaciones profundas para la configuración futura del Mediterráneo.

