La frontera entre España y Portugal, conocida históricamente como La Raya, atraviesa uno de sus momentos más críticos de la década. Tras el paso devastador de la borrasca Kristin a finales de enero, la llegada inmediata de Leonardo ha terminado por desbordar no solo los cauces de los ríos, sino también la capacidad de resistencia de las infraestructuras locales.
Suelos saturados y ríos al límite
La principal preocupación de las autoridades a ambos lados de la frontera es la saturación del terreno. Tras semanas de precipitaciones ininterrumpidas, la tierra ya no admite más agua, lo que ha provocado que cualquier lluvia reciente se traduzca de inmediato en escorrentías e inundaciones repentinas. Ríos compartidos como el Guadiana, el Tajo y el Miño presentan caudales excepcionalmente altos, manteniendo en vilo a poblaciones como Ayamonte, Badajoz y Tuy.
En la zona sur, el río Chanza obligó a cortar preventivamente la carretera A-495 en Rosal de la Frontera (Huelva) ante el riesgo inminente de desbordamiento, una situación que se ha repetido en decenas de vías secundarias que conectan Extremadura con el Alentejo portugués.
Impacto en infraestructuras y suministros
El balance hasta hoy es preocupante:
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Comunicaciones: Se han registrado cortes en la red principal de carreteras, afectando la logística transfronteriza. La conexión ferroviaria ha sufrido interrupciones significativas debido a desprendimientos de tierra.
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Servicios básicos: Cerca de 4.000 personas en zonas rurales de La Raya han reportado cortes intermitentes en el suministro eléctrico y en la red de fibra óptica.
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Estado de Calamidad: Portugal ha prolongado la situación de calamidad hasta el 8 de febrero, mientras que en España, la AEMET mantiene avisos por lluvias que podrían superar los 80 mm en 12 horas en el sistema Central occidental.
Un escenario de «peligro extraordinario»
Los servicios de emergencia coinciden en que lo peor de Leonardo ha sido su persistencia. En puntos de la Sierra de Grazalema y el sur del sistema Central, las acumulaciones han sido calificadas de «extraordinarias». La coordinación entre la Protección Civil de ambos países está siendo clave para gestionar los desalojos preventivos, que ya se cuentan por miles en toda la península.
A esta hora, la vigilancia se centra en las presas fronterizas, que se encuentran cerca de su capacidad máxima, obligando a desembalses controlados que añaden presión a los municipios río abajo.

