En un acto cargado de simbolismo y reivindicación, EL TRAPEZIO ha presentado en el Hogar Extremeño de Madrid -en plena Gran Vía- la obra ‘Lusitania en el horizonte’, del historiador Juan Rebollo Bote. La primera intervención ha corrido a cargo de la presidenta del Hogar Extremeño, Pilar Rubio López, que ha dado la bienvenida y ha trazado el perfil del autor al que conoce desde hace tiempo.
Pablo González Velasco, coordinador de EL TRAPEZIO, ha destacado que la obra de Rebollo Bote no es un manual de historia, sino un itinerario geohistórico que invita a ser «viajeros antes que turistas». González ha afirmado que «lamentablemente, pasan los años y no hay noticias reales de una Estrategia Común de Desarrollo Transfronterizo efectiva. La Raya ha sido testigo histórico de una cooperación informal basada en la trashumancia, las romerías, los éxodos, la peregrinación a Monasterios como el de Guadalupe o el contrabando».
El coordinador de EL TRAPEZIO ha puesto como ejemplo de cooperación iberista la actual coordinación institucional mensual y semanal de los caudales de los ríos. González ha contado la anécdota de la detención -en su juventud- del nuevo presidente de la República portuguesa, António José Seguro, durante la Expo de Sevilla de 1992, cuando estaba manifestándose en solidaridad con Timor Oriental. Tuvo suerte: su liberación por un mando de la Guardia Civil, natural de Valverde del Fresno, fue fruto de la pura «camaradería rayana».

Lusitania: una continuidad geográfica
El autor de la obra, Juan Rebollo Bote, ha reivindicado el rico patrimonio rayano como herramienta para «frenar la sangría de la emigración», argumentando que la falta de industrialización ha permitido conservar un ecosistema y una cultura de «pueblos ganaderos» que viene desde los tiempos lusitanos. Rebollo ha lamentado que Extremadura arrastre un crecimiento cero demográfico desde hace un siglo, pero ha ofrecido una visión optimista basada en la cultura.
«Vista desde el satélite, Extremadura es mayoritariamente verde, como Portugal. Geográficamente hay una continuidad en Lusitania», ha explicado, desmintiendo el tópico de la Extremadura seca como una percepción distorsionada de los turistas estivales.
Con la posterior creación de la frontera de los reinos cristianos, la región se alejó aún más de Lisboa, consolidando a Extremadura como una «tierra de frontera», en varios sentidos, con un alto coste económico por su aislamiento. No obstante, Rebollo ha querido dejar un mensaje positivo, señalando que «la mayor mina que tiene Extremadura se llama Portugal».
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