La medianoche de este miércoles 15 de julio de 2026 ha marcado un hito en la historia de la frontera entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar con la desaparición física de la histórica Verja, la barrera británica levantada originalmente en 1908. Centenares de ciudadanos a ambos lados de la línea divisoria se han congregado para presenciar un momento largamente esperado, que se ha desarrollado en la pista del rebautizado aeropuerto Joshua Hassan. El acto institucional ha contado con la presencia del ministro principal de la colonia, Fabian Picardo, y el alcalde de La Línea de la Concepción, Juan Franco, quienes han sido las primeras autoridades en cruzar a pie y sin controles el antiguo paso aduanero.
El simbolismo de la ceremonia, sin embargo, ha quedado algo deslucido debido a una puesta en escena que los asistentes han calificado de desangelada y fría en sus compases iniciales. Los organizadores del evento han tenido que retrasar el horario original de las 22:30 a las 23:30 horas para no competir directamente con la semifinal del Mundial de fútbol entre España y Francia. Pese al aplazamiento, el derribo del último tramo de diez metros de valla —atado con cordeles rojos de los que han tirado Fabián Picardo y los exministros principales Adolfo Canepa, Joe Bossano y Peter Caruana— ha carecido de gran fanfarria; el desplome de la estructura metálica sobre el asfalto ha producido un tosco chirrido que los testigos han comparado con el sonido de un somier viejo, como afirma en su crónica la periodista Gloria Sánchez-Grande.

Pese a la algarabía en la calle, el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, ha remarcado con firmeza desde Bruselas que el país no cambia «una coma» en su histórica reclamación de soberanía sobre el territorio gibraltareño. El nuevo Tratado sobre Gibraltar, firmado de manera provisional, traspasa los controles del espacio Schengen a los recintos del puerto y del aeropuerto locales, donde la policía española —con apoyo inicial de Frontex— supervisará los accesos de terceros países. Por su parte, el perímetro terrestre de seguridad se mantendrá mediante un vallado de alta tecnología equipado con cámaras de reconocimiento facial, lo que recuerda que la Verja desaparece para el tránsito civil pero la delimitación política y militar británica permanece intacta. La frontera permanece, pero no a la vista del peatón.
Desde una perspectiva de análisis histórico, la desaparición de esta aduana irregular —que España nunca ha reconocido formalmente como una frontera internacional de pleno derecho— invita a comparar el encaje de estos territorios singulares con otros focos de debate geopolítico. El contencioso de Gibraltar se asienta sobre la existencia de una base militar extranjera de alto valor estratégico (dispersa en instalaciones en la urbe gibraltareña) y sobre el vaciado de los habitantes originarios en el siglo XVIII y su expulsión (pero sus descendientes no reclaman la vuelta). Con este pacto de integración aduanera, las administraciones han preferido priorizar la fluidez social y económica del Campo de Gibraltar por encima de las tradicionales e irresueltas tensiones de soberanía nacional.