Galicia ha concedido sus Medallas de Oro a Claudia Álvarez, Carla Angola, Camila Fernández y Beatriz Gil, cuatro mujeres nacidas fuera de la comunidad que han mantenido un vínculo activo con la tierra de sus familias. Sus trayectorias, desarrolladas en Argentina, Venezuela, Brasil y Suiza, han permitido rendir homenaje a una emigración femenina que ha sostenido hogares, empresas, asociaciones y redes de apoyo en distintos continentes.
Claudia Álvarez ha destacado por su liderazgo en el sector hotelero argentino; Carla Angola, por su trayectoria periodística y su defensa de la democracia; Camila Fernández, por su excelencia asistencial, científica y académica en Brasil; y Beatriz Gil, por su vocación de servicio público como fiscal de Menores y su compromiso con la colectividad gallega.
El acto ha situado esa conexión americana dentro de una historia mucho más amplia. La identidad gallega se ha proyectado durante generaciones desde La Habana, donde se interpretó por primera vez el himno de Galicia, hasta Buenos Aires, escenario del pensamiento político y cultural de Castelao, pasando por las comunidades que han impulsado empresas, escuelas, industrias y entidades sociales en numerosos países latinoamericanos. La emigración no solo ha llevado población fuera del territorio: ha creado una Galicia transatlántica que ha contribuido al desarrollo de sus lugares de acogida y, al mismo tiempo, ha enviado capital, conocimiento y oportunidades a la sociedad de origen.
La Xunta ha reivindicado ahora esa diáspora como una red contemporánea de influencia cultural, económica y diplomática, y no únicamente como un recuerdo asociado a las despedidas. Más de 50.000 personas han emprendido el regreso desde la puesta en marcha de la “Estrategia Retorna”, según los datos expuestos durante la ceremonia, mientras la futura sede autonómica en Buenos Aires pretende reforzar la relación con una de las mayores comunidades gallegas del exterior. En una Galicia que también ha recibido nueva población procedente de países como Uruguay o Perú, el vínculo con Iberoamérica se ha transformado en una relación de ida y vuelta: una comunidad atlántica construida sobre identidades compartidas, integración y memoria.


