El terremoto de magnitud 7,4 que ha sacudido Colombia este lunes 10 de agosto ha desencadenado una rápida movilización internacional y ha convertido la tragedia en un nuevo escenario de cooperación iberoamericana. El seísmo, con epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, ha dejado al menos 132 fallecidos y más de 570 heridos según el último balance disponible, mientras continúan las operaciones de búsqueda entre edificios colapsados y las autoridades evalúan los daños en viviendas, hospitales, carreteras y otras infraestructuras. México, Brasil, Ecuador, El Salvador, Venezuela y España figuran entre los países que han trasladado su disposición a colaborar, mientras la Unión Europea ha activado capacidades de observación mediante Copernicus.
La respuesta llega en un momento especialmente significativo para Iberoamérica. Apenas en mayo, la Secretaría General Iberoamericana ha incorporado a su plataforma la Red Iberoamericana de Reducción del Riesgo de Desastres y Protección Civil, integrada, entre otros, por Colombia, España, Portugal, Brasil, México, Ecuador y Panamá, precisamente para compartir conocimiento, movilizar recursos y avanzar hacia estándares comunes de actuación. Además, la solidaridad tiene ahora un fuerte componente de reciprocidad, ya que hace poco más de un mes Colombia ha enviado a Venezuela 63 rescatistas y cuatro binomios caninos tras los terremotos de junio, en una misión que inspeccionó 44 emplazamientos y evaluó veinte estructuras dañadas.
La emergencia puede convertirse así en el primer gran examen práctico para una cooperación iberoamericana en protección civil que hasta ahora ha avanzado sobre todo mediante redes, protocolos y mecanismos técnicos. Colombia ya había reafirmado en julio su apuesta por sistemas regionales de ayuda mutua capaces de agilizar suministros, trámites fronterizos y recursos ante grandes desastres.



