Galicia y Extremadura se encuentran en Gondomar para explorar sus raíces históricas comunes en la presentación del ‘Lusitania en el horizonte’

Ambos territorios no pueden entenderse en su pasado, en su presente y tampoco en su futuro, sin su condición fronteriza y rayana

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Presentación del libro Lusitania en el horizonte en Gondomar

Este próximo viernes 25 de septiembre de 2026, a las 20:00 horas, tendré el inmenso placer de presentar Lusitania en el horizonte en la siempre mágica terra galega. De la mano del Instituto de Estudos Miñoráns (IEM), y en compañía de Zalo de Paramos, las territorialidades rayanas gallega, extremeña y todas las demás, saldrán a la palestra del Aula de Cultura Ponte de Rosas de Gondomar (Pontevedra).

El germen de esta jornada que pretende estrechar lazos entre Extremadura y Galicia, teniendo siempre presente a Portugal, nace en un viaje cultural que un inquieto grupo de gallegos capitaneados por Pablo Casal Núñez realizó a la Sierra de Gata en octubre de 2024 y que tuve el honor de guiar. Fueron aquellos días una inmersión en la historia y la geografía fronteriza serragatina, donde lo galaico se halla presente en forma de lengua de Xálima o de encajeras de bolillo en Acebo. Se gestó entonces una amistad cultural que cristalizará esta semana en Gondomar con el viaje a la inversa, de un extremeño al rincón de las Rías Baixas.

Este viaje de ida y vuelta es el que precisamente está detrás de la filosofía de Lusitania en el horizonte. En efecto, el viaje como proceso constructivo del edificio cultural común: conocer(nos) para reconocer(nos). Se trata, al fin y al cabo, del fundamento que yace bajo el iberismo metodológico que defiende la línea editorial de EL TRAPEZIO.

Vehicular y vincular regiones, a priori distantes, como Galicia y Extremadura encierra todo un sentido iberista. Ambos territorios no pueden entenderse en su pasado, en su presente y tampoco en su futuro, sin su condición fronteriza y rayana. Ya saben que cuando me refiero a la Raya, no hablo de una línea separadora de realidades político-administrativas, sino de una franja extensa que une sociedades y culturas a uno y otro lado. En el colchón regional de la mitad norte portuguesa -y de la región leonesa contigua- se encuentra el hilo conductor milenario que enlaza a Galicia con Extremadura, lazo que arranca en el remoto pasado de horizontes culturales atlánticos, de huellas lusitanas y célticas que los romanos estructuraron viariamente en torno a Lusitania y a Gallaecia en un cordón umbilical que comunicó a Mérida con Braga y más allá.

El culto eulaliense, el priscilianismo, los suevos y los visigodos, lo bereber, lo muladí o lo mozárabe son conceptos históricos que establecen conexiones entre ambas realidades territoriales en las etapas posrromana y altomedieval. Conexión que se tradujo en el siglo XII en un hito geopolítico y religioso de primer orden: la traslación de la dignidad arzobispal emeritense a Santiago de Compostela. En el año 1120, con la antigua capital lusitana bajo control musulmán, el papa Calixto II y el célebre arzobispo Diego Gelmírez impulsaron el traslado de la primacía eclesiástica de la sede emeritense a la compostelana. Aquella decisión papal no solo encumbró a Santiago a nivel internacional, sino que selló un vínculo jurídico, espiritual y territorial indestructible entre el corazón de Extremadura y el norte gallego.

Llegó después la repoblación del territorio extremeño con gentes galaicas y una nueva forma de vivir cara a la frontera con Portugal, con el contrabando siempre presente, frecuentemente con matrimonios mixtos y, al menos una vez por siglo, con guerra. También la emigración hizo mella en las sociedades gallega y extremeña. Y luego, a finales del siglo XX, se hermanaron A Rúa y Almendralejo y a fala do val do río Ellas alcanzó su reconocimiento. Tan distantes y tanto en común. Es hora de reivindicarlo. La jornada de Gondomar promete ser reflexiva y emotiva.

 

Juan Rebollo Bote

Lusitaniae – Guías-Historiadores