Junto a la Casa Capítulo Incompleta del Convento de Cristo en Tomar y el mítico Botequim de Natália Correia, la recién rehabilitada Casa António Sardinha —ubicada en la Quinta do Bispo, en Elvas (Portugal)— se erige como un nuevo punto de encuentro e itinerario turístico para iberistas e hispanistas lusófilos. La reapertura del inmueble coincide con el centenario de la muerte del escritor elvense y de la publicación de su obra A Aliança Peninsular: antecedentes & possibilidades, que será reeditada próximamente. La vida de Sardinha, corta y trágica, fue lo suficientemente prolífica como para dejarnos una obra valiente, original y de gran calidad.
El intelectual, activista y poeta António Sardinha fue una figura históricamente cancelada, marginado tanto por su perfil tradicionalista como por sus posiciones hispanistas. Sin embargo, su aliancismo guarda estrechas coincidencias con el iberismo de Oliveira Martins (Fórmula: «União de pensamento e de acção e independência de governo») y el movimiento iberista de hoy en día. Para Oliveira Lima, era un «nuevo iberismo». Para Sardinha, su peninsularismo dualista superaba y negaba al iberismo policentrista, federal y republicano. El iberismo presente es multinivel, asumiendo por convicción y pragmatismo un nivel dualista entre Estados. Por otro lado, no es necesario comprar el pack completo, como por ejemplo: la desconfianza de Sardinha hacia el sistema liberal-democrático o ciertos sesgos ultracatólicos e unilaterales. En relación al regionalismo, Sardinha tuvo un cierto impacto y buena recepción en el gallego y el catalán.
Se puede decir, incluso, que el peninsularismo aliancista de Sardinha está más cerca de los iberistas que de los hispanistas actuales. A su vez, el pan-hispanismo explícito de Sardinha guarda mayor afinidad con el paniberismo que con quienes defienden la Hispanidad hispanófona. Aclarados los conceptos, la convergencia pluralista es complementaria.
El empleo del término «hispanista» por los integralistas portugueses y españoles obedeció a una deliberada estrategia de renovación conceptual, según confesó el marqués de Quintanar —el pensador español con mayor afinidad doctrinaria respecto a Sardinha—, quien fue el primero en dar voz a los cambios experimentados en la unidad de pensamiento ibérica entre los hispanófilos lusos exiliados en Madrid y los lusófilos españoles afincados en la capital.
Quintanar cuenta que en los años veinte «el iberismo quedó (…) desacreditado como definición. Y pudimos pensar que la era triunfal de lo hispánico y del hispanismo se inauguraba teniendo delante un terreno despejado y sin límites». Es decir, «el hispanismo sustituyendo al iberismo». Esto implica: apropiación del movimiento intrahistórico y asunción práctica de un criterio ibérico o peninsularista de análisis (iberismo metodológico), evitando malas interpretaciones anexionistas o fusionistas de la soberanía.
Para comprender el hispanismo de aquella época, resulta imprescindible señalar el papel de la asociación Unión Ibero-americana. Fue en este espacio donde se articuló la transición (sin solución de continuidad) del iberismo progresista al hispanismo conservador. Fue en la sede de la Unión Ibero-americana donde, en 1921, Sardinha expuso su proyecto de Alianza Peninsular, concepción que acabaría plasmando en 1925 en su libro-testamento (político) homónimo. Hasta ese momento, no existía desde el tradicionalismo un ensayismo de tal solidez e intensidad reflexiva para abordar las relaciones peninsulares, superando en profundidad analítica a las obras federalistas ibéricas pretéritas.
Pese al posterior impulso de la matriz vascoargentina de Vizcarra y Maeztu para superar los malentendidos de La Raza, la raíz profunda del movimiento hispanista fue iberista/iberoamericanista y recibió un sustento teórico de Sardinha, cuya influencia duró poco tiempo. Maeztu —que sería fusilado en 1936 por milicias en la zona republicana— no reconoció esa influencia en el libro Defensa de la Hispanidad, a pesar de un —por entonces reciente— prólogo elogioso a Sardinha en la primera edición española de La Alianza Peninsular. La deriva del activismo proHispanidad estuvo caracterizada por más españolismo o más argentinismo que hispanismo, así como un hispanoamericanismo que marginaba a Portugal y Brasil. No obstante, la autoexclusión de ambos y el rechazo de Salazar fueron factores coadyuvantes.
La recuperación física de su residencia evoca la rehabilitación de un pensador clave para comprender las relaciones hispanolusas y el espacio de la iberofonía. La Quinta do Bispo fue el lugar desde donde Sardinha reflexionó con sosiego sobre el quijotismo, el sebastianismo y sus complementariedades. Aunque el interior de la casa ahora ofrece elementos para interpretar su vida y obra, su jardín alberga un ambiente más histórico: la presencia de un plátano (quizá plantado por el escritor), una noria y antiguos sistemas de canalización de agua transmiten aquellas «resonancias de un añejo abolengo hispánico» que percibía Américo Castro al entrar en Portugal. El marqués de Quintanar visitó la Quinta en 1930, «envuelta en frondas de frutales frente a la gracia pensativa y fuerte del acueducto». En efecto, en aquel tiempo desde la finca —sin edificios de por medio— se contemplaba el acueducto —inaugurado en tiempos filipinos— y la casa estaba rodeada de parras para recrear un porche con sombras naturales. Sin duda, el olor del lugar era muy diferente al actual.
Gilberto Freyre visitó la Quinta do Bispo en 1951 y nos describió la escena así: «Visito a viúva. Tão portuguesa no seu modo um tanto triste, mas discreto discretamente triste– de ser viúva. Recebe-me com encantadora simplicidade. Mostra-me a quinta: é pequena e, na sua técnica de exploração da terra, arcaica. Pequena é também a casa. Pequeno o gabinete de trabalho do escritor. Conserva-o a ternura da viúva fiel exatamente como Sardinha o deixou. Os mesmos livros, então novos, que começara a ler. Os mesmos livros velhos abertos para consulta. Os mesmos papéis. A mesma desordem de mesa realmente de trabalho de escritor realmente escritor».
Después del fallecimiento, la Quinta do Bispo permaneció custodiada por su viuda, Ana Júlia Nunes da Silva, durante 55 años. Su interior y exterior fueron mostrados en 1964 en un reportaje de la RTP sobre el cincuentenario de Nação Portuguesa. Posteriormente, el despacho, el epistolario y la biblioteca personal de Sardinha —compuesta por 6.000 volúmenes— fueron donados a la Universidad Católica de Lisboa.
Tras décadas clausurada y en creciente deterioro, la vivienda ha sido objeto de una ambiciosa recuperación promovida por el Ayuntamiento de Elvas. La obra, con una inversión de 533.000 euros financiada al 85% por fondos comunitarios, ha sido inaugurada el pasado sábado 19 de septiembre con la presencia del presidente de la CCDR Alentejo, Ricardo Pinheiro, y del alcalde de Elvas, José Rondão Almeida, entre otras autoridades locales.
El edificio inicia así una nueva etapa volcada en la utilidad comunitaria e institucional. El recinto acoge la sede del Agrupamento 158 del Corpo Nacional de Escutas (scouts católicos), un Espaço Cidadão de la Unión de Parroquias de Assunção, Ajuda, Salvador y Santo Ildefonso, y el Centro Interpretativo de la Memoria de António Sardinha. Durante la jornada inaugural se bendijeron asimismo nuevos vehículos para los Bombeiros Voluntários de Elvas y se rindió homenaje póstumo al antiguo presidente de junta José Manuel Ferreira con la dedicación de una sala. Esperemos que más adelante ese Centro sea protagonista en las relaciones de Elvas con Badajoz, España y el mundo iberoamericano/iberófono.
No pretendo agotar aquí el proyecto hispanista y panibérico de Sardinha, dado que profundizaremos en una próxima entrevista en EL TRAPEZIO TV con Susana Rocha Relvas, profesora auxiliar de Literaturas y Culturas Españolas e Hispano-Americanas en la Universidad de Coímbra (FLUC), presidenta de la Asociación de Estudios Ibéricos Contemporáneos (Reino Unido) y autora de Diálogos Ibéricos y Transatlánticos. Mapeando las redes intelectuales en torno al hispanismo de António Sardinha (Universidade Católica Editora, 2025). Rocha Relvas analizará con nosotros las redes intelectuales tejidas por Sardinha desde Coímbra, Elvas y Madrid. Al cierre del vídeo se mostrarán imágenes de la Quinta do Bispo y sus novedades.
Por otro lado, he descubierto que las redes intelectuales conectan a Sardinha con Fidelino de Figueiredo —figura clave entre el hispanismo y Brasil—, y de este con Américo Castro y Eduardo Lourenço. Ambos se encontraron en Coímbra. Fue en un viaje a Portugal en 1949 junto a su hija y su yerno (Xavier Zubiri). Tras el mismo, Castro dirigió una carta en 1950 a Lourenço manifestándole su afecto por el país: «A mí me gustaría vivir ahí, pasear por Coímbra y Lisboa, ir a Óbidos en primavera y a Leiria en otoño, y el verano a Setúbal y a Ericeira. Tengo amor a Portugal». En la misma misiva, junto con sus felicitaciones por la publicación de Heterodoxia I, Castro vaticinaba al joven pensador un futuro brillante, augurando de forma premonitoria que escribiría «algo muy extraordinario». Lourenço publicará O Labirinto da Saudade en 1978 y Nós e a Europa, ou as duas razões en 1988.
En la citada carta, don Américo contrapuso el análisis riguroso al ensimismamiento de la sociedad portuguesa, a la que achacaba cultivar una «susceptibilidad hiperestésica», y lamentó la falta de organización de la Biblioteca Nacional de Lisboa. El filólogo granadino de Cantagalo en su madurez aconsejaba comprender el país antes de malgastar el tiempo en intentar reformarlo, así como defendió que el pensador debe actuar con absoluta autonomía, «sin esperar nada de la gente que vive en torno nuestro» ni buscar formar escuela. Por ello, exhortó a los intelectuales lusos mejor dotados a asumir como verdadero cometido indagar «con objetividad vital, qué sea la vida del portugués», trascendiendo el pesimismo, la vanidad y el nacionalismo.
Décadas más tarde, Eduardo Lourenço (1923-2020) renovaría la interpretación de la historia e identidad portuguesas desde la tensión entre realidad y mito, sirviéndose de la saudade como prisma analítico. Frente al ensimismamiento nacional, Lourenço recuperó la posibilidad de un nosotros ibérico, entendiendo la relación con España como una dimensión constitutiva —y a menudo conflictiva— de la conciencia portuguesa; una sintonía generacional compartida por figuras como José Saramago y Natália Correia, entregados asimismo con generosidad al iberismo y al hispanismo cultural, en clave de resistencia a excesos de la modernidad burguesa. Todos ellos nacidos escaso tiempo antes de la muerte de António Sardinha.
Pablo González Velasco


