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Felipe VI llama a la comunidad iberoamericana a ser una voz armónica y no «22 disonantes»

Grupo de asistentes posa frente al cartel de la XXX Cumbre Iberoamericana en España.

El rey Felipe VI ha inaugurado la XXX Cumbre Iberoamericana en el Teatro Real de Madrid durante un acto institucional con un nutrido programa artístico. La jornada dio comienzo con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela, bajo la dirección de Gustavo Dudamel, interpretando el ‘Danzón nº 2’ de Arturo Márquez, tras las palabras de bienvenida de Juana Acosta y Aitana Sánchez-Gijón. El elenco cultural se completó con la actuación conjunta del cantaor Miguel Poveda y la bailaora Eva Yerbabuena, la presentación musical de Jorge Drexler y Carminho con los temas ‘Tonada de Luna’ y ‘Lua Lua Lua’, y un cierre solemne a cargo de Rozalén y Lila Downs con ‘Canción con todos’.

Elegir el camino adecuado representa la «responsabilidad histórica» de las 22 naciones iberoamericanas, ha sostenido Felipe VI, quien ha instado a los líderes asistentes a mantener su respaldo a la Comunidad Iberoamericana de Naciones y a su sistema de cumbres, «no solo por su impacto positivo en tantos ámbitos, sino también como ejemplo de entendimiento y de cooperación, como contrapunto a las tensiones y rivalidades». El jefe del Estado ha advertido sobre el nivel de exigencia que impondrán los futuros desafíos globales, subrayando que estará en mano de los países integrantes «responder con una voz armónica o 22 voces disonantes; con una esperanza compartida o con 22 fórmulas para reflejar la incertidumbre».

Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha afirmado que «siempre se va a ganar más caminando juntos» y ha reclamado un mayor peso internacional para la región: «Frente a levantar muros, hay que crear alianzas», ha aseverado, enfatizando la necesidad de proyectar una superior influencia cultural y política desde esta comunidad articulada sobre «valores y afectos». Sánchez ha defendido la urgencia de fortalecer el entendimiento entre Europa e Iberoamérica, una visión compartida por António Costa, presente en la inauguración junto al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha subrayado por su parte el valor de «una forma de ser y estar en el mundo» compartida por la región, asegurando que no se registrarán «sillas vacías» y justificando la ausencia de determinados jefes de Estado por compromisos internos o por sus políticas de viajes internacionales.

Brasil con perfil bajo en una fecha complicada

La celebración de la cumbre se hizo coincidir con los comicios presidenciales de Estados Unidos, pero no se tuvo en cuenta la proximidad de los procesos electorales en Brasil, nación que representa a la mitad de la población iberoamericana. Si bien la diplomacia de Brasil otorga un interés moderado a este foro —haciéndose representar en esta ocasión a nivel de ministro de Exteriores tras descartarse la presencia del presidente y del vicepresidente—, se considera estratégico acrecentar los esfuerzos diplomáticos hacia el gigante sudamericano. Por otro lado, los guiños a la lusofonía son una constante en la simbología de las cumbres y en las alocuciones del monarca español.

Asimismo, la diplomacia brasileña viene de superar un intenso test de estrés tras sus recientes tensiones diplomáticas con la administración de Donald Trump, consolidando el principio de que el país no se subordina a agendas externas; una proyección global que ganaría en solidez mediante una inserción aún más activa en la comunidad iberoamericana y la iberofonía. La derrota electoral de Trump, castigado por el voto hispano, sitúa a la comunidad iberoamericana en un horizonte de menor presión, pero puede que paradójicamente provoque a corto plazo algunos intervencionismos.

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