España observa el laboratorio energético que Portugal ha activado en Oporto para convertir residuos en biocombustible

El módulo de HyOrc procesará tres toneladas diarias de material residual para obtener hasta una tonelada de combustible, en una experiencia que podría orientar futuros proyectos portuarios e industriales de la Peninsula

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Instalación de biocombustible en Oporto con camiones y mar en fondo.
Vista de la planta de biocombustible en Oporto, Portugal.

España tiene razones para seguir de cerca el proyecto que la empresa HyOrc ha comenzado a desarrollar en Oporto, donde la compañía ha avanzado en la fabricación de un módulo comercial capaz de procesar unas tres toneladas diarias de combustible derivado de residuos y transformarlas en hasta una tonelada de metanol. La instalación todavía no ha entrado en funcionamiento, pero ha situado al norte de Portugal como banco de pruebas próximo para una tecnología que podría interesar a los puertos y polos industriales españoles obligados a reducir emisiones y buscar alternativas a los combustibles fósiles.

El sistema utilizará residuos que ya habrán sido clasificados, triturados y acondicionados, no basura doméstica mezclada. Mediante gasificación, el material generará un gas de síntesis que será depurado y sometido después a una reacción catalítica para obtener metanol líquido; además, la instalación incorporará equipos destinados a recuperar calor y convertir parte de esa energía en electricidad. HyOrc ha señalado que su estrategia contempla futuros centros de producción en España y Portugal, mientras la normativa europea FuelEU Maritime ha obligado desde 2025 a los grandes buques que recalan en puertos comunitarios a reducir progresivamente la intensidad de gases de efecto invernadero de la energía utilizada a bordo.

Oporto ha ofrecido así a España un ensayo cercano sobre cómo combinar gestión de residuos, economía circular y descarbonización marítima dentro de una misma infraestructura modular. El interés peninsular dependerá, sin embargo, de los resultados reales: habrá que comprobar el consumo energético, la estabilidad ante residuos variables, la calidad del metanol, los costes operativos y la reducción efectiva de emisiones durante todo su ciclo de vida. Si la tecnología ha demostrado viabilidad comercial, la experiencia portuguesa podría abrir una nueva vía de colaboración ibérica y acelerar su réplica en corredores portuarios e industriales españoles.