Portugal ha ganado protagonismo este verano entre los principales responsables de la Xunta de Galicia. El presidente autonómico, Alfonso Rueda, ha elegido el país luso para realizar una de sus tradicionales rutas en moto durante sus días de descanso, una escapada que ha ido compartiendo a través de sus redes sociales antes de regresar a Pontevedra. La elección vuelve a evidenciar la cercanía con la que buena parte de la sociedad gallega percibe Portugal, convertido también en destino habitual para viajes breves por carretera.
La preferencia portuguesa se ha extendido a varios miembros del Gobierno gallego. El conselleiro de Presidencia, Diego Calvo, ha previsto pasar unos días de la segunda quincena de agosto en el sur de Portugal junto a su familia, mientras que la conselleira de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, combinará una estancia en territorio luso con jornadas en la Ribeira Sacra. También la responsable de Política Social, Fabiola García, ha incluido Portugal en sus vacaciones antes de continuar el descanso en su Ribeira natal.
Más allá de la anécdota estival, la coincidencia refleja una realidad cotidiana de la relación galaico-portuguesa: Portugal funciona cada vez menos como un destino extranjero lejano y más como una prolongación natural de los viajes de ocio desde Galicia. La proximidad geográfica, las comunicaciones por carretera y los vínculos culturales han favorecido una movilidad frecuente a ambos lados del Miño, una integración espontánea que durante el verano se hace especialmente visible y que contribuye, desde la vida cotidiana, a estrechar el espacio ibérico compartido.


