Análisis de las elecciones brasileñas: Flávio Bolsonaro vence el primer turno y encara el segundo con ventaja

El sorpasso típico de la izquierda a final de noche no llegó y las encuestas volvieron a fallar

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El candidato Flávio Bolsonaro ha vencido el primer turno -por más de dos puntos- con altas posibilidades de ganar el segundo (25 de octubre), como ha ocurrido siempre desde que hay elecciones presidenciales en Brasil. El Partido de los Trabajadores ha perdido gran cantidad de votos en relación a las anteriores elecciones. El clásico sorpasso de última hora no llegó. Se esperaba que el avance del recuento en el Norte y el Nordeste, territorios más favorables a Lula, redujera la ventaja inicial de Flávio, pero no ha ocurrido. La derecha ha conseguido un resultado mejor de lo anticipado y las encuestas han vuelto a fallar. El segundo turno está abierto, pero el candidato del PL parte con una ventaja política y territorial considerable.

La campaña de Lula ha tenido dificultades para articular un discurso convincente sobre la seguridad, uno de los grandes asuntos de la elección. Algunas apuestas arriesgadas, como la confrontación con sectores evangélicos o la batalla contra las apuestas en línea, no parecen haber ampliado su electorado. El problema de fondo es que la izquierda es electoralmente más pequeña que el lulismo. Lula sigue siendo capaz de construir una coalición mucho más amplia que la del PT, pero a sus 80 años la renovación era un riesgo tanto si se hacía como si no se hacía. Una derrota frente a Flávio sería un mal final político para una carrera extraordinaria, aunque quizá le permitiría disfrutar merecidamente de una vida de jubilado.

Flávio Bolsonaro es un Bolsonaro, pero no es Jair Bolsonaro. Abogado, senador desde 2019 y antiguo diputado estatal de Río de Janeiro, ha construido una imagen algo más pragmática e institucional que la de su padre. Eso puede permitirle atraer a sectores de la derecha que sienten menos rechazo hacia él. Pero sería un error interpretar esa diferencia como una ruptura: Flávio depende políticamente de la causa de su padre y del movimiento que lo rodea, incluidos los sectores enfrentados al Supremo. Su posible triunfo significaría, por tanto, menos la desaparición del bolsonarismo que su institucionalización desde la Presidencia.

Los votos de las candidaturas eliminadas serán decisivos y, en principio, favorecen a Flávio. Los restos porcentuales tienden hacia la derecha y una parte importante del electorado de los candidatos de centro-derecha ya mostraba disposición a votarle frente a Lula. El presidente necesitará movilizar de nuevo al Nordeste y recuperar terreno en los grandes colegios electorales del centro y sureste, especialmente São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro. No obstante, el viento llega a la segunda vuelta soplando desde la derecha.

El resultado también es una victoria política para Marco Rubio y Donald Trump. Washington observa cómo el bolsonarismo, lejos de desaparecer con la salida de Jair Bolsonaro, puede conquistar de nuevo la Presidencia brasileña con una nueva generación del mismo movimiento. Una eventual victoria de Flávio tendría además una dimensión institucional delicada: su defensa de su padre y sus críticas al Supremo podrían abrir un nuevo conflicto entre la Presidencia y el Tribunal Supremo Federal.

Lula todavía puede ganar, pero ya no parte como favorito. La primera vuelta ha demostrado que el bolsonarismo conserva un suelo electoral extraordinariamente sólido y que Flávio puede ser menos rechazado que su padre sin dejar de representar su legado. Pedro Sánchez, por su parte, pierde la posibilidad de recibir la buena noticia internacional de una victoria de Lula. Brasil afronta ahora una segunda vuelta que puede decidir mucho más que quién ocupa el Palacio del Planalto: puede determinar si el bolsonarismo vuelve al poder transformado en una derecha presidencial más pragmática, pero todavía profundamente vinculada a Jair Bolsonaro. El riesgo es que Flávio se sienta respaldado por Trump para dar continuidad al aventurerismo del padre.