En un acto de alta inteligencia política, la reunión del patronato del monasterio de Poblet, que hacía 15 años que no se celebraba, se ha convertido en una cumbre de reencuentro de los cuatro presidentes autonómicos que comparten los antiguos territorios de la Corona de Aragón: Cataluña, Aragón, Comunidad Valenciana y Baleares.
La presencia del rey Felipe VI ha atemperado las diferencias partidistas que pudieran existir entre Salvador Illa, Jorge Azcón, Juanfran Pérez Llorca y Marga Prohens, y ha impulsado la creación del futuro Foro de Poblet, que debe dar continuidad anual a estos encuentros, transformándolos en un marco de cooperación sobre las cuestiones estratégicas (infraestructuras, industria, ciencia, medio ambiente, cambio climático…) que definen nuestro futuro común.
Sin duda, los reyes y reinas de la Corona de Aragón que fueron enterrados en el panteón real de Poblet (Alfonso II el Casto, Jaime I el Conquistador, Pedro IV el Ceremonioso, Martín I el Humano, Fernando I de Antequera, Alfonso V el Magnánimo…) habrían contemplado con alegría la buena armonía que presidió esta reunión. Tras siglos de desencuentros discordias, conflictos, guerras y desconfianzas, los cuatro territorios de la Corona de Aragón vuelven a estar en sintonía.
Este futuro Foro de Poblet recupera la dimensión que forjaron nuestros antepasados en la Edad Media y que se perdió y fragmentó con la guerra dinástica de sucesión entre los partidarios de los Borbones y los Austrias, a comienzos del siglo XVIII. Resulta paradójico y alentador que, más de 300 años después de la supresión de los fueros territoriales de la antigua Corona de Aragón, sea un descendiente de la familia francesa Borbón, que implantó el régimen centralista, quien presida un acto con aire refundacional de esta antigua confederación.
La historia y la geografía son tozudas y las corrientes profundas siempre acaban emergiendo. La península Ibérica que, como hecho civilizatorio, conocemos hoy se originó, en los siglos VIII y IX, en las estribaciones del Cantábrico y de los Pirineos. Desde aquí, los cristianos, organizados en condados y, posteriormente, en reinos, emprendieron la recuperación del territorio peninsular previamente ocupado por los musulmanes, culminada en 1492 con la conquista de la ciudad de Granada. Por tanto, Cataluña, España y Portugal se han construido de norte a sur.
En el siglo XII, el condado portucalense, con sede en Guimarães, se independizó del reino de León y aquella escisión fue el origen del actual Portugal, que se expandió hacia el sur. Por su parte, Castilla también fue una escisión del reino de León, aunque ambos volvieron a unificarse en el siglo XIII.
De las estribaciones pirenaicas surgieron tres grandes entidades con vocación expansiva hacia el sur: los reinos de Navarra y Aragón y la casa condal de Barcelona. Del reino de Navarra surgió, por alianzas matrimoniales, la dinastía de los Borbones, que terminó gobernando Francia y, posteriormente, España.
Por su parte, Aragón se unió a la casa de Barcelona con el matrimonio, en 1150, de la reina Petronila y el conde Ramón Berenguer IV. Juntos, constituidos como Corona de Aragón, emprendieron la reconquista de las tierras valencianas y las Baleares a los musulmanes y llegaron a extender sus dominios por los confines del Mediterráneo (Cerdeña, Sicilia, Nápoles, Grecia…).
De esta expansión surgieron, a partir del testamento divisorio del rey Jaime I, cuatro territorios, con sus fueros específicos, el Principado de Cataluña y los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca, pero con una firme voluntad de trabajar unidos: la “mata de junco”.
El resto de la historia es ya conocido: fin de la dinastía catalano-aragonesa con la muerte del rey Martín el Humano (1410), Compromiso de Caspe (1412), matrimonio de los Reyes Católicos (1469), fin de la dinastía de los Austrias (1700), Guerra de Sucesión (1700-1714), entronización de la dinastía Borbón, Guerra de la Independencia (1808-1814), Constitución de Cádiz (1812), guerras carlistas (1833, 1846 y 1872), I República (1873), restauración borbónica (1875), dictadura de Primo de Rivera (1923), II República (1931), Guerra Civil (1936-1939), dictadura franquista (1939-1975) y aprobación de la Constitución democrática de 1978, que establece la organización autonómica del territorio, con un rey Borbón como jefe del Estado.
Durante todo este vertiginoso período, la Corona de Aragón quedó borrada del mapa con los decretos de Nueva Planta (1707-1716) y España se convirtió en un Estado fuertemente centralista, a imagen de Francia, aunque la resistencia de los territorios periféricos integrados permaneció muy viva. Hoy, el sistema autonómico cuenta ya con más de 45 años de vigencia y está perfectamente asentado en el imaginario colectivo y en la realidad española. Por tanto, resulta perfectamente razonable y verosímil que los presidentes de los cuatro antiguos territorios de la Corona de Aragón vuelvan a encontrarse para buscar fórmulas de cooperación.
Habrá que ver cómo evoluciona y fructifica este “espíritu de Poblet”, pero no hay duda de que hemos asistido, este 15 de octubre, a un momento histórico. Cataluña alcanzará su plenitud económica y social en la medida en que trabaje y coopere intensamente con los territorios vecinos y refuerce la dimensión heredada de la Corona de Aragón.
En este sentido, también tiene una gran trascendencia geopolítica la celebración, esta semana, de las II Jornadas de Cooperación Transfronteriza, que reúnen a altos representantes de Andorra, Cataluña y Occitania. El objetivo es la constitución de una Agrupación Europea de Cooperación Territorial (AECT), una organización prevista por la Unión Europea, entre estos territorios unidos por una rica tradición común.
Los Pirineos no como frontera, sino como columna vertebral de una amplia región europea que abarca el denominado Midi francés (Occitania) y las comunidades autónomas de la vertiente sur. Este es el concepto geopolítico y geoeconómico que enlaza nuestro pasado con nuestro futuro. Aquí hablaríamos de los albigenses, de la batalla de Muret, del nacimiento de Jaime I en Montpellier, de los territorios del norte perdidos en la Guerra de los Segadores (1640-1652)…
La reactivación de la Corona de Aragón y de la AECT tienen una expresión institucional reconocida por la Unión Europea: la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo, creada en 2004 y que reúne, por el momento, a Occitania, Cataluña y Baleares. Sin embargo, en este esquema hay tres piezas que todavía permanecen desajustadas: Aragón, que abandonó la Eurorregión en 2006 por desavenencias con Cataluña, la Comunidad Valenciana y Andorra, que no forma parte de la Unión Europea, pero que acaba de firmar un tratado de adhesión.
El mundo se está redefiniendo y Cataluña debe encontrar su lugar en él. La buena vecindad y el entendimiento son la clave para seguir prosperando. La conjunción de la Corona de Aragón, la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo y la AECT crearía un territorio homogéneo de 23 millones de personas y un gran potencial económico, industrial y cultural, que tendría un peso específico relevante en el marco de la Unión Europea.
Toulouse, Montpellier, Andorra, Zaragoza, Barcelona, Palma, Valencia y Alicante son los vértices de esta macrorregión europea que, como un elefante, tenemos en medio de nuestra realidad. La “mata de junco” no ha muerto: revive.
Jaume Reixach


