Especialista en todo el periodo filipino de la América portuguesa, José Manuel Santos ha puesto el foco en Felipe III (II de Portugal) para “desenterrar”: El Brasil de Felipe III. Corruptelas, «castellanización» y conquista en tiempos de reforma (1598-1621), título de la obra que ha presentado en Casa de América (Madrid). Durante quince años, el director del Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Salamanca ha estudiado este reinado de paz de Felipe III, con énfasis en la ordenación jurídica y de las finanzas, la transición económica en el Atlántico Sur y las reformas para restaurar su orden natural, tal y como se entendía en la época.
Durante este reinado hubo un intento de eliminación de mordidas, se respetó las jurisdicciones locales y se conquistó el norte de la América portuguesa (Estado colonial del Maranhão). Asimismo, Santos ha descubierto que el ‘palo Brasil’ siguió siendo económicamente fundamental hasta 1615, pese a la idea extendida de una hegemonía del azúcar desde tiempo temprano.
Todo el periodo de los Felipes cada vez es más estudiado, pero que parte de un enorme vacío y silencio, o, por lo menos, no se ha reconocido quiénes y desde dónde tomaban las decisiones en la cúspide de la monarquía hispánica, sin desmerecer la importancia de los agentes locales o del Consejo de Portugal. Lo que existía era un “absolutismo ciego”, en palabras del profesor titular de Historia de Brasil en la Universidad de Salamanca y autor de la obra. Es decir, un rey con capacidad limitada, pero con bastante información de los locales que le hacían llegar.
“Los europeos eran sólo el 5% de los ejércitos de la América portuguesa”, ha afirmado Santos. Los indígenas tenían poder de agencia en la guerra, no sólo como soldados sino como estrategas militares por conocimiento del terreno y el modo de la guerra, ha agregado.

Por otro lado, una de las contribuciones originales del libro es la investigación de la rama familiar brasileña de Cristóvão de Moura, mano derecha de Felipe II (I de Portugal). Una familia que jugó un gran papel en Pernambuco, además del Portugal europeo, que ya conocíamos. Durante la presentación, Santos ejemplificó la importancia de la unión dinástica ibérica en la persona de Salvador Correia de Sá e Benevides, esencial para entender cómo se tejían redes entre diferentes territorios de la monarquía hispánica y su dinámica geopolítica.
Brasil, en aquella época, era “vendido” al rey como la parte oriental del Perú. Los locales querían una mayor integración y en ocasiones chocaron con la corona por algunas medidas como las de protección al indígena, que fue una auténtica “obsesión” de Felipe III, como sostiene Santos, y lo que tiene más mérito: con el indígena no cristianizado.
La América portuguesa filipina “representó el 4,7% de los ingresos de la corona y no se esperaba que fuera más, pero sí tenía importancia estratégica por las rutas hacia la India” (las dos orillas del Atlántico). El comercio ilegal con la América española fue un hecho más o menos tolerado. Por otro lado, los holandeses buscaban apropiarse del lucrativo negocio del tráfico de esclavos (a ambos lados del Atlántico) y no (sólo) el azúcar en Brasil, ha señalado Santos, en contraste con lo que se suele afirmar.
Antonio Maura, doctor en Filología de la Universidad Complutense de Madrid y decano del brasilianismo español, le “sorprende que desde Brasil no se haya investigado a fondo. Se hablaba de algunas cosas anecdóticas, pero nada más. Este libro es un baluarte para defender esta época”. Maura ha puesto el énfasis a la herencia sefardí de Brasil, así como al enorme negocio del tráfico de esclavos que “hizo a gente muy rica de allí y de aquí. El libro ilumina el significado de lo que es hoy Brasil”.
Santos ha apuntado que el perdón general de 1605 a los cristianos nuevos, descendientes de judíos, tuvo una gran capacidad recaudatoria, es decir, pagaban para que no les persiguieran. La red de la inquisición salvaba a los peces gordos y muchos cristianos nuevos perdieron el vínculo, ha explicado Santos.
Dado el escaso legado de este periodo en los libros escolares iberoamericanos, Amorina Villarreal Brasca, profesora e Investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, ha elogiado la obra diciendo que “la necesitábamos” para rellenar esos vacíos y compensar el “peso de los nacionalismos”.