El Trapezio

Marco Rubio, ¿virrey del Caribe?

Los hijos del exilio anticastrista de Miami han apostado fuerte por Donald Trump en su sueño de volver a La Habana. Por eso, Marco Rubio, secretario de Estado (ministro de Exteriores) y consejero de Seguridad Nacional, tiene esa preminente representatividad.

El presidente norteamericano pasa los fines de semana en su mansión floridana de estilo hispano-morisco Mar-a-Lago, realizada con viejos azulejos españoles y materiales de un antiguo castillo cubano. Trump, para el anticastrismo, es lo suficientemente outsider e inestable como para romper el statu quo de la relación Estados Unidos-Cuba-Venezuela. En el caso de los magazolanos (venezolanos trumpistas), hasta el momento, han ejercido de pagafantas, víctimas de la represión antiinmigrante, pero ahora hay novedades con las que están ilusionados.

De los embargos e intercambio de prisioneros, el Gobierno norteamericano da el salto a una suerte de potencial bloqueo naval contra Venezuela con 7 buques, un submarino de propulsión nuclear y más de 5.000 efectivos. Creando así un clima de terror psicológico y, salvando las distancias, un clima de “bloque de búsqueda” de un narco fugitivo, como ocurrió con Pablo Escobar.

El pasado 17 de marzo ya anuncié que la siguiente estación de Trump iba a ser América Latina. Muchos -desde la región- no lo creían. Y es que, cuando la guerra tiene lugar en tu propio continente, la geopolítica deja de ser un entretenimiento. Esto nos ha pasado a los europeos (especialmente a los transpirenaicos) y ahora es el turno de los latinoamericanos.

Aunque no cuenta con los apoyos de los Gobiernos de Colombia y Brasil, Rubio ha incorporado a su causa a la mayoría de minipaíses y colonias insulares que hay muy cerca de las costas venezolanas, empezando por Trinidad y Tobago. Esa hilera forma un medio círculo que cierra el mar del Caribe, desde Republica Dominicana/Puerto Rico hasta -si extendemos un poco- Guyana, que celebra este domingo elecciones generales. También existen otras islas no venezolanas al occidente del país que pueden jugar un papel.

Qué nadie se engañe: el interés final de Marco Rubio es Cuba. Venezuela es el medio, una palanca que está a punto de caramelo. No es una cuestión de petróleo, aunque siempre estará ahí para justificar el coste de determinadas operaciones.

Las licencias de producción y exportación de crudo venezolano que otorga Estados Unidos, en su régimen de sanciones, ha establecido como monopolio a Chevron, excluyendo -por el momento- a Repsol y demás compañías extranjeras. Todas estas petroleras estaban en Venezuela en estos últimos años cobrando una deuda estatal pendiente de pago. En este contexto, Repsol ha aumentado sus compras de gas a Estados Unidos para congraciarse con Trump.

No es tampoco una novedad que se escoja a una persona vinculada a la comunidad hispana, como Rubio, para que asuma el reto de liquidar a los Gobiernos del ALBA y disciplinar al resto del hemisferio. Tal y como Rudolph Giuliani hizo con la represión a la mafia italiana, hoy lo hace Marco Rubio en nombre de “limpiar la imagen” de los hispanos como narcotraficantes y antiamericanos. Si Rubio consigue resultados puede pasar a la historia como patriota estadounidense o como vengador de las oposiciones al bolivarianismo. No obstante, Giuliani tuvo más mérito porque tenía que ver con dualidades de poder internas, y no con recauchutar la política del Gran Garrote como mero Tío Tom hispano.

Rubio representa un sector de los republicanos y del exilio de Miami que pugna con otros sectores petroleros de su partido más afines a negociar con hombres fuertes petroleros como Maduro. Actualmente parece que el horizonte se está despejando para convertir a Rubio en virrey del Caribe. Para ello es necesario disciplinar -de forma preventiva- al líder nato de Sudamérica que es Brasil. Trump/Rubio han impuesto un arancel de un 50% (con numerosas excepciones) a los productos brasileños, así como sanciones financieras al juez brasileño Alexandre de Moraes, siguiendo la estela de su campaña contra jueces del Tribunal Penal Internacional que han investigado el genocidio en Gaza. Moraes tiene además como enemigos al lobby de las Big Techs y al universo fascista de Bannon.

Sin embargo, para compensar, The Economist ha afirmado -en una portada memorable- que Brasil enseña a Estados Unidos a cómo lidiar con el autoritarismo. Este martes comienza el juicio a Bolsonaro, un momento crucial, mientras que el Gobierno Lula avisa de que inicia el proceso para aplicar la reciprocidad de los aranceles políticos de Trump. Es decir, se avecina tormenta. Cabe destacar que China ha realizado declaraciones en solidaridad con el Gobierno brasileño.

A Brasil, aunque tiene poder de persuasión diplomática y un poder blando de cordialidad, le falta no ya capacidad sino el despliegue de su poder económico, militar y comunicacional hacia y en Hispanoamérica, dado que incluso Rusia tiene más influencia competitiva sobre Venezuela, Nicaragua y Cuba (con bases de inteligencia), así como mediáticamente (RT en español; Telesur; 247 en Brasil) sobre la izquierda más tradicional (y algo de la ultraderecha). La relación entre Venezuela y Brasil, por el robo de las últimas elecciones, quedó congelada bajo la fórmula: relación diplomática entre Estados, no-reconocimiento del Gobierno de Maduro y veto a la entrada de los BRICS.

El origen de la acusación de que el régimen venezolano es el cartel de los Soles viene de Popeye, sicario de Pablo Escobar. A mí me parece forzado, pero es muy posible que se hayan financiado por todos los medios posibles. La fórmula del “narcoterrorismo” es la solución encontrada por Rubio para ahorrarse declaraciones de guerra, el apoyo del Congreso y el trabajo previo de amoldar la opinión pública estadounidense. Esgrimirían que, simplemente, se trata de una operación militar-policial, y no una “guerra”. Algo nos suena. Otra intervención en el patio trasero.

La hoja de ruta de Rubio/Trump para Venezuela ha pasado a una fase de intimidación, bloqueo del comercio ilegal y del suministro de armas de países amigos, vigilancia de la triangulación naval y aérea entre Cuba-Nicaragua-Venezuela, guerra electrónica, bombardeos desde buques con misiles o drones de ablandamiento y extracción/ejecución de altos responsables hasta que provoque un golpe militar o haya una transición negociada con nuevas elecciones o forzada por movilizaciones populares anti-maduristas. Como dice Andrés Izarra, Henrique Capriles podría ser el candidato reformista desde dentro del régimen, algo así como un Tancredo Neves, o, añado, como un Adolfo Suárez.

En caso de producirse el ataque militar, va a ser muy difícil diferenciar a Venezuela del régimen de Maduro a la hora de ver el grado de solidaridad y el tono, que merece, ante una eventual invasión de comandos o, más difícil aún, ante un bombardeo selectivo. La transición política debería haber sido pactada con Colombia y Brasil cuando era posible, es decir, hace un año. Ahora es tarde. Muchos geopolitólogos latinoamericanos, entretenidos en Ucrania, se han metido un gol con los supuestos Trump y Putin antiimperialistas.

En Bolivia, el Movimiento al Socialismo sale del poder con una sonora derrota. La política es ingrata, pero hay que señalar que el todavía presidente de Bolivia, Luis Arce, ha sido un demócrata y un político responsable. En este último mandato tuvo mucho desgaste, mala coyuntura económica y un boicot del caudillo Evo. Lo importante es que Arce logró cierta pacificación de amplios sectores y dejó como legado la entrada en el Mercosur. Un dato interesante: no hay candidato trumpista/bolsonarista en la segunda vuelta de las elecciones en Bolivia. Sin embargo, habrá que estar atentos a la política exterior del ganador, en el sentido de si entorpece la integración en el Mercosur y si prioriza Washington frente a Brasilia.

Como recientemente ha informado EL TRAPEZIO, FUNIBER ha recibido recientemente, en Santander, a la secretaria de Estado de Brasil para América Latina y el Caribe, Gisela Padovan. Durante el encuentro se ha presentado el trabajo de la Fundación en favor de la integración del espacio panibérico, que abarca a los países de habla española y portuguesa de todos los continentes. La embajadora Gisela Padovan ha manifestado gran interés por la propuesta de la Iberofonía. Esperamos que se debata internamente en el Gobierno brasileño.

Lula y Macron están ultimando los últimos flecos del acuerdo Mercosur-UE. Buena noticia para eliminar toda posibilidad de boicot en la UE. Por otro lado, Guinea Bissau en plena presidencia de la CPLP ha abierto una crisis con Portugal y sus medios de comunicación. Esto puede llevar a un intento de quitar el control a Lisboa de la organización, por parte de los africanos, algo difícil si no ponen más dinero en el presupuesto y no mueven la sede.

Lula acaba de recibir a los presidentes de Ecuador y Panamá, lo que reafirma su pragmatismo en las relaciones latinoamericanas, con exclusión de trumpistas como Milei, con el que ha coincidido de forma civilizada en alguna ocasión. La integración latinoamericana está paralizada, con la única esperanza de avances de acuerdos bilaterales, destacando la buena sintonía entre Brasil, Colombia, Chile y México. Alckmin, vicepresidente de Brasil, acaba de estar en México y ha firmado acuerdos para un aumento gradual y complementario de los intercambios comerciales.

La web Defesanet, que divulgó la fake news de que Brasil tenía un plan de evacuación de Maduro, forma parte del bolsonarismo. La historia no tiene pies ni cabeza. No encajan los tiempos ni las formas de obtención de información. La única posibilidad de que Maduro utilice suelo brasileño -intuyo- será para coger un avión para Moscú, Beijing, Estambul u otra ciudad segura. Brasil podría hacer un favor pequeño al madurismo dado el intervencionismo norteamericano, pero no grande por la desconfianza que hay entre Caracas y Brasilia tras mentiras reiteradas. Nadie espera más ayuda de China o Rusia, hacia Venezuela, que la información satelital, la retórica de los comunicados o los eventuales (y no desdeñables) vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU. Venezuela puede seguir el paradigma de Siria e Irán, donde no existen salvadores de última instancia.

El rupturismo de Trump afecta también a la Unión Europea. El mandatario norteamericano ha convertido doblemente a la UE en un mercado cautivo (por vía de la OTAN y de los aranceles unilaterales). Europa quizá ha salvado los muebles en la negociación arancelaria, comparativamente a otros bloques comerciales en su relación con Estados Unidos, pero para ello ha sacrificado su proyecto autónomo de Imperio heterodoxo democrático. Lo cual nos debe llevar a seguir poniendo huevos en otras alianzas complementarias, como una hipotética iberófona, sin negar que la europea es la más realista y real. En ese sentido, hay un malestar antitrumpiano que se manifestará políticamente en algún momento.

Como ha afirmado recientemente, en Alternatives Economiques, Josep Borrell: “Se necesita una nueva Unión Europea para escapar del protectorado estadounidense”. “Trump está más cerca de Putin que de Europa”, ha rematado Borrell en un curso de verano en Santander. El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, ha ido más lejos y ha definido a Trump como un “activo ruso”.

En los últimos meses el panorama político ibérico se ha complicado y deteriorado rápidamente por la ofensiva del trumpismo y de sus sucursales ibéricas. Lamentablemente el Gobierno portugués ha hecho seguidismo de Chega. En relación con Israel y Palestina, la solución de los dos Estados que era la más viable se muestra ahora tan difícil como la de un Estado multinacional y multirreligioso, desmilitarizado y administrado por el Consejo de Seguridad de la ONU. En ambos casos será necesaria la ocupación de Israel y Palestina por una fuerza multinacional de todas las potencias nucleares.

China mostrará su poderío militar en el desfile del próximo 3 de septiembre por el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, un acto que está preparando con fuertes medidas de seguridad y que contará con la presencia del presidente ruso, Vladímir Putin, y, por parte de Brasil, estarán: el asesor de Lula, Celso Amorim, y la expresidenta Dilma Rousseff. El 23 de septiembre habrá Asamblea General de las Naciones Unidas, un lugar excelente para trabajar los contactos, las reuniones paralelas y las alianzas entre países iberoamericanos e iberófonos.

En conclusión, el órdago caribeño de Marco Rubio, que esta semana visitará México y Ecuador, se ha anticipado a lo que yo preveía hacia el fin de legislatura. Parece que no quieren perder el tiempo. Marco Rubio se la juega. Si no consigue pasearse por las calles de Caracas u obtener la cabeza de Maduro, la desmoralización será inmensa. Si le sale bien la partida, se convertirá en un virtual virrey del Caribe, listo para ser el candidato de Trump a sucederle frente a JD Vance.

Para España, Brasil, incluso, Portugal (que cuenta con una comunidad importante en Venezuela), una transición venezolana dominada por Marco Rubio significa que van a tener escaso protagonismo en su reconstrucción, salvo que Edmundo González pueda tener algún grado de influencia, lo que parece difícil. Se llega tarde, mal e, incluso, puede que haya que apoyar a posteriori algún tipo de resistencia (plural, amplia y no exclusivamente madurista) o de nueva oposición a un hipotético nuevo régimen autoritario en Venezuela que se convierta en un apéndice de Trump.

 

Pablo González Velasco

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