Hablo de Aldeanueva del Camino, sito en el valle del Ambroz. Setecientos habitantes, dos mil menos que en el apogeo del siglo anterior, años 50. Sí, los polos industriales españoles -y algún europeo- desarraigaron a muchos aldeanovenses, el plástico terminó con el hegemónico oficio artesanal de los banasteros y el transporte por carretera hirió de muerte al ferrocarril. A priori, hoy es poco más que un pueblo cruzado por la calzada de los romanos, luego real cañada, después Nacional 630. La autovía ya no cruza Aldeanueva, la pasa de largo. Pero nada más lejos de la realidad.
Y hablando de apellidos, esta aldea nueva, ya vieja, toma por suyo el del Camino -o calzada- que vertebraba -y todavía- el interior del occidente ibérico. De aquellos primeros tiempos restan, sobre todo, miliarios -reconstrucciones- y algunas hileras de sillares en algún que otro puente, medievales y modernos en su predominante estructura actual. Un par de estelas funerarias empotradas en sendas calles del pueblo mantiene el recuerdo de latinos como Fulvius Rufus, sestatiense, y como Lucius Ammius, Rufus filio, que por estos lares tendrían su fin. Otra existió y desapareció, la de Titus Baebius, cluniense. Pero nada de campamento romano ni cosa que se le parezca. Desde Cáparra hasta sus termas -Baños- y a la siguiente mansio –Caelionicco, Puerto de Béjar- no parece que hubiera asentamiento de relevancia. Acaso alguna villa tardoantigua en el término de Casas del Monte o en el de Zarza de Granadilla.
No obstante, la carta arqueológica de Extremadura advierte de posibles restos romanos -¿o prerromanos?- en el término aldeanovense, particularmente hacia la orilla derecha del río Ambroz. Ahí debió de encontrarse también el “castillo”, sea lo que ello significare, de Fornacinos que cita el Libro de Montería de Alfonso XI. El arroyo Hornacinos recorre la suave ladera que une el Ambroz extremeño con el límite salmantino en un paraje que atravesaba la carrera que vinculaba Baños con la Abadía de Sotofermoso, lleno de fresnos y de alcornoques, entre los cuales destaca majestuoso el cuatro veces centenario Alcornoque de la Fresneda, Árbol Singular de Extremadura. En toda esta zona hay, además, una importante concentración de chozos pastoriles, aquí llamados bóvedas, que remite a dinámicas de poblamiento transterminante y trashumante.
La calzada de romanos y cañada de pastores fue frontera entre reinos hasta la unión de las coronas en 1230, pero continuó dividiendo las aldeas hasta el siglo XIX y las diócesis hasta mediados del XX: Aldeanueva del Camino se llamó la de León y Coria; Casas de Aldeanueva fue la de Castilla y Plasencia.
Juan Rebollo Bote
Lusitaniae – Guías-Historiadores