Cuba: ¿todo el poder para los obispos?

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La historia tiene un sentido del humor macabro. La ciencia política está aturdida y anonadada con las recientes experiencias venezolana y cubana. Si Lenin lanzó su famosa proclama de «todo el poder para los soviets», hoy -en el soviet caribeño- ante la agonía económica, la anomia social y el erial de todo tipo de sociedad civil independiente e incluso dependiente, sólo cabe el lema: «todo el poder para los obispos»… si es que se quiere evitar el «todo el poder para Marco Rubio». Y, aun así, sería un poder compartido con Rubio, pero abierto a influencias panibéricas. Trump dice que quiere llegar a un acuerdo con la élite castrista y que ya han empezado las conversaciones.

El Papa León XIV acaba de escribir el siguiente tweet: «He recibido con gran preocupación noticias sobre un aumento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países vecinos. Me uno al mensaje de los obispos cubanos, invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano. ¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esa amada tierra!».

Ante la incomparecencia de rusos, chinos, españoles, brasileños y mexicanos, quizá el Vaticano y las redes populares de la Iglesia cubana, sean quieren reciban las llaves del poder. O por lo menos la opción vaticana sea la más deseable para evitar una dictadura militar de extrema derecha o una anexión a los Estados Unidos. Entiendo el horror que le puede causar a laicos y anticlericales, pero al menos el Vaticano no anexiona territorios y garantiza un anclaje cultural en el seno del mundo iberoamericano. Incluso puede que sea el final menos indigno para la revolución fidelista, exagerada e implícitamente hispanófila y anglófoba. Ambas virtuosas si fueran moderadas.

No es una cuestión de fe, sino de física política y económica. No hay plata. Cuba ya no tiene el dinero de la reventa del petróleo venezolano ni mexicano. Carece de suficiente petróleo para cubrir sus propias necesidades, dado que la producción propia cubre un tercio de la demanda interna. Tampoco obtiene el dinero de la exportación de servicios médicos y de seguridad a Venezuela. Estamos pasando de la política de Estados Unidos de no querer comerciar con Cuba -ni que use los dólares (lo que intimida a bancos), ni que utilice las propiedades expropiadas para nuevos negocios, ni que barcos comerciales que pasan por La Habana pisen en 180 días puertos estadounidenses- a algo que sí parece un bloqueo petrolero. Ahora sí tendría sentido la campaña del antibloqueo, antes no.

El discurso victimista de quienes entraron al trapo de una escalada de sanciones y expropiaciones no tiene sentido. La campaña contra el bloqueo fue el reconocimiento de una dependencia comercial que no ha sabido superar, ni tan siquiera para crear una sociedad materialmente humilde pero en constante mejora contando con algunas ventajas y desventajas del trópico. Es posible enumerar algunos hitos y momentos de alivio, por subsidios y algún talento, pero nunca fueron suficientes. Como dice Silvio Rodríguez: «Si en 60 años no hemos podido desarrollar una creatividad que supere el bloqueo, estamos mal». En el ámbito de la cultura, la Revolución logró expulsar y exiliar interiormente a la escuela del neobarroco cubano, una de las grandes contribuciones culturales locales a la civilización iberoamericana.

Comunistas ortodoxos reclaman la incapacidad de llegar a un nivel de vida modesto como el que alcanzó en los ochenta la RDA, pese a su estancamiento en el modelo de los 50 como testimonió Putin. Sólo con mentalidad alemana o esclavismo estatal se consigue hacer funcionar al socialismo como modo de producción. No me refiero al modelo socialdemócrata que fue el que venció el debate racional para un equilibrio coyuntural entre Estado/mercado, entre oferta y demanda productiva. Cuba tuvo mucho gasto en propaganda, en dominación de Venezuela, y poca industrialización. Ni Venezuela ni Cuba pudieron aumentar la producción de alimentos, incluso destruyeron su «monocultivo», uno de petróleo y otro de azúcar. A Daniel Ortega le escuché una vez un discurso más coherente cuando decía asumir las sanciones del «enemigo» como un dato inevitable y comprensible, es decir, como parte de la lucha. Y si lo que quiere Cuba es comerciar «con el enemigo», entonces hay que hacer una política de atender intereses mutuos. Lo que ocurre es que hoy con Trump ya es tarde. Estamos ante un imperialismo a calzón quitado y eficiente, en cuanto al dominio político mediante acciones de coerción.

El quijotismo es muy hispánico, muy humano, pero no tiene mérito si no obtiene resultados, o si no está reservado para momentos puntuales y dentro de una estrategia pragmática a largo plazo. Sacrificar a un pueblo por un ideal no es digno. Y cuando digo pragmatismo no lo digo en términos exclusivos de mantenimiento del poder o de inercia burocrática, sino de desarrollo de las fuerzas productivas, de gestión del pluralismo y de renovación generacional de élites. Estamos asistiendo a la caída del muro de Berlín para la izquierda populista y revolucionaria iberoamericana. Es decir, la descolonización del lavado de cerebro hecho por el Partido Comunista de Cuba con un discurso con elementos falsos y un quijotismo contraproducente. Eso no quiere decir que todo haya sido malo. Lo primero que se me viene a la cabeza son las becas de estudio y las misiones humanitarias médicas, aquellas que no podían sufragar los países pobres. En particular, en lo que atañe al paniberismo, los revolucionarios cubanos estrecharon lazos con la lusofonía africana y apoyaron la Secretaría Iberoamericana.

Lo que viene no es solo un cambio de régimen, sino una sucesión de trapos sucios revelados que mancharán décadas de retórica romántica. La cabalgada bolivariana y castrista ha terminado. Muchos se despertaron del sueño. Otros rompieron las cadenas de la narrativa y quizá hasta lo agradezcan. No obstante, Elías Jaua, exvicepresidente venezolano, afirma que «no vemos los marines en las calles, pero tenemos una ocupación naval, aeroespacial y electrónica sobre nosotros y el gobierno».

El escenario es crítico. La coerción psicológica de una amenaza creíble fue subestimada en los análisis sobre Venezuela, que consiguieron disciplinar al gobierno bolivariano. Con la extracción de una pieza se consiguió modificar la lógica del sistema. Toda una nueva innovación política que también tiene que ver con la toma del mango de la sartén petrolera, es decir, donde se concentran los ingresos presupuestarios. Se desconoce cuántas reservas reales de petróleo le quedan a la dictadura del alto funcionariado cubano, pero es evidente que lo poco que hay está destinado exclusivamente al aparato militar. Un escenario hipotético, ante la ausencia de negociación, es que el régimen pierda el control de las provincias del este. Estas zonas, las más castigadas por la ausencia de petróleo y cercanas a la base de Guantánamo, podrían ser el epicentro de un quiebre territorial.

¿Qué hará la élite? ¿Resistirán numantinamente en La Habana? ¿O buscarán el destino natural del exiliado? Miami, que formó parte de la Capitanía General de Cuba, ha recibido a exiliados de todos los colores políticos cubanos durante un siglo. Hubo allí exilio antibatistiano. Fidel Castro estuvo en Miami e hizo campaña para recoger fondos. De hecho, Miami está lleno de castristas o excastristas. Sin embargo, sería una ironía excesiva ver a los grandes nombres de Sierra Maestra, que quedan, sustituyendo a los «gusanos» en la Calle Ocho. Es más probable que miren hacia Rusia o México. Incluso queda la duda final: ¿Acabará Raúl Castro en Galicia, la tierra de su padre, o preferirá morir con las botas puestas? Manuel Fraga y Felipe González intentaron convencer a Fidel Castro del retorno a la madre patria. No lo consiguieron. Si la orden de resistencia es hasta el final no es descartable que hubiera algún impacto en Miami, ya sea de comandos infiltrados, algún dron o misil de corto alcance. No obstante, sería un suicidio voluntario y hay que tener en cuenta la baja moral y el desgaste militar cubano, tanto del personal como del material.

La reciente declaración de los obispos cubanos, exigiendo cambios urgentes y un diálogo real, no es una homilía más. Es un movimiento tectónico. Ante la falta de interlocutores válidos en el Partido o el Ejército, y del otro lado, la ausencia de una oposición organizada en la Isla, la Iglesia se erige como el único puente posible para una transición que no termine en baño de sangre o una nueva crisis de balseros. Solo queda la institución que ha sobrevivido a todos los imperios, incluso el castrista: la Iglesia. 

Es imperativo que la diplomacia española hable con La Habana y con los obispos. Deben explorar si la élite castrista tiene alguna estrategia de negociación alternativa a la habilidosa línea dura de Marco Rubio, actual virrey del Caribe. En Venezuela vemos las consecuencias de no rendirse y no entregar el poder a Colombia y Brasil. Hoy -sin los cubanos- renace el chavismo de derechas en clara convergencia y subordinación con lo MAGA. En Cuba, por razones históricas, para una transición más equilibrada se podría sumar a los citados países, España y México. Sencillamente, el Partido Comunista de Cuba tendría que volver al Manifiesto de la Sierra, tal y como propuso recientemente el hijo de Fidel Castro, Alexi Castro Soto del Valle.

Evidentemente es inevitable que esté Estados Unidos. Eso sí, los dirigentes cubanos todavía pueden evitar la situación venezolana o la puertorriqueña. La anexión a España es algo que nunca se ha valorado, por razones obvias. La comparación con Haití -para realzar los resultados de la Revolución- es un disparate. Lula da Silva ha reconocido recientemente que hay que superar el modelo del bolivarianismo y del panamericanismo para la integración regional. El espejo de la Unión Europea sigue siendo un referente positivo, aunque inviable a corto plazo para una América Latina fragmentada.

El «quijotismo mágico» ha muerto autoconsumido. Disculpen la ocurrencia, creo que España podría mandar un crucero transatlántico y llevarse a todos esos hijos y nietos de españoles que protagonizaron la revolución cubana en venganza a 1898. Hay que decir que España ha ayudado mucho a Cuba, tanto durante el franquismo como durante la democracia. Especialmente en la deuda que nunca paga, el comercio e inversión hotelera. Hoy casi no hay turistas.

Lo que parece inevitable es que el exilio cubano, que está en Miami pero también está en España, Canadá, Brasil o Francia, utilice su capital para reconstruir el país. Dentro y fuera del país los cubanos han hecho heroicidades. Asimismo, el acceso al mercado estadounidense y el turismo serán claves. Dentro de ese exilio hay pluralidades y han aprendido muchas cosas de los países que los acogen y de los que ya son también nacionales. Evidentemente predomina la posición ideológica antagónica al régimen que se oponen, como no podría ser de otra manera. Lo normal es que en pocos lustros una Cuba postcastrista se sitúe en la vanguardia iberoamericana económica y cultural como siempre lo fue antes de la Revolución. Y, que, con la Revolución, fue vanguardia pero en lo político. Ahora lo que le queda a Cuba es aspirar a ser una República Dominicana mejorada antes que ser políticamente un Puerto Rico. Dado el momento heterodoxo, conviene no descartar el camino venezolano para Cuba o un acuerdo entre Trump y la élite castrista para facilitar el retorno del exilio.

Pablo González Velasco