La Super Bowl LX, celebrada este 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, no solo será recordada por la victoria de los Seattle Seahawks, sino por la profunda sacudida cultural liderada por Bad Bunny. En un clima de alta tensión política en Estados Unidos, el «Conejo Malo» ha transformado los 13 minutos más codiciados de la televisión mundial en un manifiesto de orgullo iberoamericano que ha polarizado a la nación.
La ciudad de Santa Clara fue fundada originalmente el 12 de enero de 1777 por los frailes franciscanos Junípero Serra y Tomás de la Peña, junto al militar José Joaquín Moraga, bajo el nombre de Misión Santa Clara de Asís. Establecida inicialmente como la octava misión española en la Alta California para evangelizar a los nativos Ohlone, la localidad evolucionó de un asentamiento agrícola a una ciudad incorporada oficialmente el 5 de julio de 1852, convirtiéndose hoy en un núcleo vital del desarrollo tecnológico global.
La polémica: «Nadie entiende una palabra»
La controversia comenzó meses antes del pitido inicial. Figuras del ala más conservadora y el propio Donald Trump cuestionaron la elección de un artista que ha criticado abiertamente las políticas migratorias y al ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Tras la actuación, Trump no tardó en reaccionar en sus redes sociales, calificando el show como «terrible» y una «afrenta a la grandeza de Estados Unidos», añadiendo que «nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo».
La decisión del artista de no realizar giras previas por el territorio continental estadounidense, por temor a que sus seguidores fueran blanco de redadas migratorias, ya había caldeado los ánimos. Sin embargo, Benito ha respondido desde el escenario con un mensaje de humanidad: «No somos salvajes, somos humanos y somos americanos».
Un despliegue de identidad iberoamericana
Lejos de ceder a las presiones para incluir el inglés en su repertorio, Bad Bunny ha hecho historia al cantar íntegramente en español. El escenario se convirtió en un microcosmos: desde campos de caña de azúcar y mesas de dominó hasta un puesto de «Villa’s Tacos» (guiño al revolucionario Pancho Villa).
La actuación alcanzó su punto álgido cuando el artista reinterpretó el concepto de «América». Mientras sonaban los acordes de su éxito El Apagón, Benito exclamó: «God Bless America», para inmediatamente después enumerar con orgullo a Chile, Argentina, Brasil, México, Colombia y el resto de naciones iberoamericanas. El cierre, con un balón de fútbol americano que rezaba «Together, we are America» (Juntos, somos América), fue una estocada directa a la exclusividad terminológica con la que EE. UU. suele referirse al continente.
El espectáculo contó con la fuerza de Ricky Martin y la inesperada presencia de Lady Gaga, quien sorprendió al público cantando y bailando salsa. Figuras como Pedro Pascal y Karol G también formaron parte de esta «gran fiesta» que, más allá de lo musical, supuso un acto de resistencia cultural.


