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¿Pasas o uvas? Independientemente de si pasaste las últimas horas del año 2020 en territorio portugués o español, habrás notado que el 2021 ha entrado sin mucha pompa y circunstancia. Habitualmente la Nochevieja suele celebrarse con grandes aglomeraciones y fuegos artificiales en el Terreiro do Paço, en Lisboa, y la Puerta del Sol, en Madrid. Sin embargo, este año ha sido diferente. Como en Semana Santa o recientemente en Nochebuena, la Nochevieja se ha adaptado a las circunstancias.

Después de algún alivio navideño, que ha impulsado un aumento en el número de casos de Covid, las restricciones han vuelto a aumentar en los primeros días de 2021. En toda Europa no era posible esperar hasta la medianoche en la calle por el toque de queda. La mayoría de portugueses y españoles han respetado las reglas y se han despedido del 2020 en sus respectivos hogares, junto a familiares y algunos amigos y con el lechón, el cordero y el marisco como principales compañías. Entre las restricciones vigentes, en Portugal, está la imposibilidad de salir de los respectivos municipios y las tiendas cierran a las 13:00, momento en que existe el deber de estar en casa.

En la Nochevieja portuguesa, la gran mayoría de ciudades ni siquiera han lanzado fuegos artificiales, pero algunas ciudades que sí han lanzado lo han hecho con tímidos espectáculos pirotécnicos y con público desde sus propios hogares. Algunos incluso han lanzado fuegos artificiales desde casa, lo que en Roma ha provocado una masacre de pájaros, cayendo desplomados en el asfalto de las calles.

En Lisboa se han proyectado los colores europeos en el Arco de la Rua Augusta, para señalar el inicio de la cuarta Presidencia portuguesa de la Unión Europea. La única Nochevieja posible, con algunas restricciones, se ha circunscrito a las «burbujas» limitadas a cinco personas. En Madeira, 90 personas han sido detenidas por la policía por conducir superando los límites de alcohol en sangre. Estos números son mucho más bajos en comparación con años anteriores.

Cuando hablamos del sector hostelero ibérico, que ha tenido algunas actividades pero no muy significativas, se ha enfrentado a la peor Nochevieja en décadas.