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Hay momentos, y no pocos, en los que no sabemos si hablar primero del hombre o de la obra, porque no siempre la calidad de la obra está de acuerdo con la humanidad de la persona que está detrás de la obra. La vida y obra de Sebastião Salgado se reflejan de forma unívoca, como lo demostró el cineasta Wim Wenders cuando realizó el documental La sal de la tierra.

Centrémonos por ahora en su trabajo. Desde este momento y hasta el 9 de febrero, en el Centro de Arte Tomás y Valiente, la exposición fotográfica de Sebastião Salgado está abierta al público y merece nuestra más profunda atención. No es la primera vez que la óptica de Salgado pisa los escenarios de la Comunidad de Madrid, hace poco (un año) el CaixaForum de Madrid recibió una exposición de su autoría: la internacionalmente aclamada «Génesis».

Compuesta de retratos que capturan una naturaleza divina y cruda, «Génesis», como su propio nombre indica, a través de la referencia bíblica explícita, pretende retratar la Creación, y lo hace a través de fotografías sublimes. La belleza y la delicadeza de los paisajes y retratos nos obligan a darnos cuenta de lo lejos que estamos de la tierra. La exposición que ahora llega a Madrid es el oxímoron de «Génesis», incluso se podría decir que, en cierto modo, retrata la destrucción.

Una táctica militar ancestral da nombre a la nueva exposición de Sebastián Salgado: Tierra Quemada, que consiste en destruir cualquier cosa y todo lo que pueda ser beneficioso para el enemigo. Es una de las tácticas más antiguas de guerra, una destrucción que dilataba la falta de períodos de guerra, porque cada vez que el enemigo avanzaba o se retiraba implicaba la destrucción masiva de una zona determinada.

«Gold – Tierra quemada» retrata la ambición y la codicia humana. El hallazgo de algunas pepitas de oro en un arroyo fue suficiente para desencadenar, en menos de un año, una fiebre del oro sin precedentes. Despertó un mito dormido. El imaginario de El Dorado movió a miles de personas, que durante los años siguientes se mudaron a Sierra Pelada (Pará-Brasil) en busca de fortuna.

Como bien sabemos, la fortuna siempre es esquiva y lo más probable es encontrar miseria. Durante los años siguientes, miles de personas se dedicaron a buscar oro, cavando en condiciones límite, devorando la tierra con la esperanza de encontrar el ávido metal. Las fotografías expuestas representan el auge de las obras verticales para explotar la tierra a principios de los ochenta, cuando decenas de miles trabajaban incesantemente en la tierra de la Sierra Pelada. Sebastião Salgado hizo un reportaje fotográfico que representaba mucho más que la codicia y la capacidad humana para explotar los recursos hasta el límite. «Gold -Tierra Quemada» retrata la voracidad, la determinación y la resiliencia humana, pero también retrata el oprobio de la autoridad arbitraria que cede a los intereses.

Lo curioso es saber que estas fotografías son la génesis de la obra de Salgado que remontan a la década de los ochenta, mucho antes de sus obras más respetadas. Sin perder el tono de denuncia, fiel al estilo documental que le consagró, 56 fotografías seleccionadas de la mano del comisaria de la exposición, su esposa, Lélia Wanick Salgado, llegan al público en general. Fotografías que tienen tanto de terroríficas como de cautivadoras, porque nos recuerdan cuando la realidad vence a la ficción.

Sebastián Salgado es un colaborador de las Naciones Unidas, a través de UNICEF y ACNUR. Junto con su esposa, Lélia Wanick Salgado, fundó el Instituto Terra en 1998 con el objetivo de restaurar la Selva Atlántica y replantar áreas desérticas. Su obra es una referencia mundial en fotografía que le valió múltiples premios, honores y galardones, destacando el Premio Príncipe de Asturias, dedicado a las Artes, 1998, y la inauguración de la silla nº 1 de la Academia de Bellas Artes de Francia (en sustitución de la Lucien Clergue). Más recientemente, en 2019, recibió el «Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán 2019.

Ana Cristina Mendes Faria es profesora de portugués en la Universidad Complutense de Madrid