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La diferencia de datos -entre los países ibéricos- no sólo es en términos absolutos, sino también podemos encontrar una diferencia en términos relativos, en lo que atañe a la tragedia en las residencias de ancianos. Como ha afirmado la directora general de Salud de Portugal, Graça Freitas, casi un tercio de las muertes por covid-19 se han producido en residencias de mayores. En el caso español, las residencias suponen la mitad de la cifra total de fallecimientos. En la Comunidad de Madrid, que cuenta con el mayor número de muertes en residencias, este porcentaje representa un 43%, mientras que, en Cataluña, la segunda comunidad en número de fallecidos, es de un 54%.

Desde la segunda semana de marzo, España y Portugal han ido tomando medidas en las residencias de ancianos para evitar nuevos contagios, pero la tragedia saltó el 23 de marzo a la opinión pública peninsular, cuando el Ejército español encontró a «ancianos conviviendo con cadáveres en residencias de mayores».

Factores del milagro portugués

El milagro portugués se ha basado en una percepción anticipada del riesgo que suponían los datos de la vecina España, y no los propios. Una percepción de su Gobierno y, especialmente, de su sociedad civil, que se anticipó, con la cancelación de eventos.

La diferencia del impacto de la pandemia entre España y Portugal no se explica por la estrategia o medios sanitarios, ni por el tipo de confinamiento del Gobierno portugués, mucho más laxo que el español. En Portugal, se permiten paseos familiares (no existen multas), y el 82% de la actividad económica funciona (en España, el 43%).

El Gobierno portugués ha ido adoptando medidas al unísono del Gobierno español, usando una percepción del riesgo en términos ibéricos, y no nacionales. Su ubicación geográfica (el país más occidental de Europa continental) le ha dado «una o dos semanas» de ventaja, en relación a España, según afirma el neumólogo Filipe Froes.

Existen otras hipótesis complementarias, que pueden explicar esa ventaja, como el aislamiento de la Raya fronteriza, que actuó como cortafuegos, así como un menor flujo aéreo de pasajeros con perfil contagiador, como pueden ser ejecutivos extranjeros que vinieran a Portugal desde el norte de Italia, o turistas portugueses que visitasen Lombardía. Esta posible explicación también es aplicable a las regiones menos industrializadas de España.

Gobernanza portuguesa

Además de su agilidad, la acción del Gobierno portugués se ha visto reforzada, tanto por la unidad territorial del Estado, como por la unidad de los partidos políticos y la sociedad civil. Para el embajador chileno en Portugal, Pedro Pablo Díaz, la clave está en «la llamada gobernanza portuguesa; todos unidos; sin imposiciones, y basada en la confianza, está dando una muestra al mundo de cómo un país pequeño, pero de una historia riquísima ha podido salir adelante y se prepara para lo que viene, que será un desafío más grande que lo vivido».

La sociedad civil portuguesa se anticipó

Para Daniela Santiago, corresponsal de RTP en Madrid, «los portugueses se asustaron y dejaron de salir a la calle». La sociedad civil portuguesa se anticipó a la española en la cancelación de eventos. En ese sentido, el presidente de la Plataforma del Corredor del Sudoeste Ibérico, António García Salas, analiza el dato de cero muertos en Alentejo, en relación a Extremadura (con 359 fallecidos): «El primer caso de coronavirus en Portugal se detectó el 2 de marzo. Los días 6, 7 y 8 de marzo se celebraba la Feria Gastronómica de los Peces de Río en Alandroal, y fueron suspendidos todos los actos públicos que concentrasen gente. Mientras, en Olivenza, que está separada únicamente por el río Guadiana, esos mismos días se celebró con normalidad la Feria del Toro, que concentró a miles de personas en la calle, en la feria y en la plaza, con mucho contacto y asistencia de público madrileño», ha afirmado García Salas.

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