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El ancho de vía ibérico, que se utiliza en Portugal y España, y tiene una separación de vías de 1.668 mm, mucho mayor que el utilizado en el resto de países europeos (unos 23 centímetros), está dividiendo a la opinión pública, después de que el Gobierno portugués haya decidido mantener el ferrocarril nacional como está. Según el ejecutivo encabezado por António Costa, un cambio de esta envergadura sería muy costoso y no tendría retorno, ya que sólo el 6% de las exportaciones utilizan este medio. Las formas de transporte de mercancías más utilizadas son la carretera y la navegación.

Una de las explicaciones utilizadas para esta decisión, es que existe tecnología capaz de conectar las líneas del corredor atlántico con el resto de Europa. Para Carlos Vasconcelos, presidente de Medway, que tiene el monopolio del transporte de mercancías por tren, «No es el ancho de vía lo que impide al ferrocarril ser competitivo y eficiente».

Un ferrocarril que aísla

Quienes abogan por un cambio a la métrica utilizada en Europa advierten que, de lo contrario, el país corre el riesgo de convertirse en una «isla» ligada únicamente a su vecino ibérico.

Esta advertencia, que ha adoptado la forma de carta, y ha sido firmada por 29 representantes; subraya que, sin una reforma de calado en el ferrocarril, las regiones periféricas verán agravados, aún más, sus desequilibrios sociales y económicos.

La modernización de la línea ferroviaria nacional forma parte del programa Ferrocarril 2020, y de las 10 medidas que forman parte de la idea del economista Costa Silva para «salvar» al país tras el fin de la crisis sanitaria provocada por la Covid-19.

Si se quieren trasladar mercancías por tren de Portugal a otra nación europea, es necesario el transbordo a otra locomotora que pueda andar en raíles con la norma europea. En España, se utilizan las dos medidas y, ejemplo de ello, es la conexión Barcelona-Francia, que es eléctrica.

La historia del ancho de vía ibérico, que muchos creían que era mayor que la usada en otros países para reprimir una nueva invasión francesa, es muy simple, y se debe a que los ingenieros españoles creían que un mayor espacio entre los carriles haría que los trenes fueran más rápidos, lo que resultó ser una falacia. No obstante, cuando los ingenieros se dieron cuenta de ello, era demasiado tarde para dar marcha atrás, ya que el ferrocarril ya estaba parcialmente construido.