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Según cuenta Carlos Cipriano del diario portugués Público, entre el 5 de mayo y el 7 de junio, un discreto tren automotor ha continuado enlazando Elvas con Badajoz, hasta que fue descubierto por la Guardia Civil.

A pesar de la prohibición entre ambos países de cualquier tipo de circulación ferroviaria internacional, la empresa pública Comboios de Portugal (equivalente luso de Renfe) decidió el 5 de mayo, justo después del fin del estado de emergencia portugués, retomar la circulación del tren, que diariamente conectaba la estación de Entrocamento (Portugal) con la de Badajoz (España).

El sigiloso tren, compuesto por un único vagón, y que todos los días cruza el Alto Alentejo, no tiene estatuto de tren internacional, aunque cruce la Raya. Se trata de un tren regional cuyo recorrido termina en Badajoz.

Durante poco más de un mes, su circulación entre Elvas y Badajoz ha pasado desapercibida para los sistemas de vigilancia de frontera de los cuerpos y fuerzas de seguridad de ambos Estados. Residentes rayanos aprovecharon la circunstancia para regresar a casa. Corrió la voz, y algunos brasileños y ciudadanos de países europeos del este hicieron uso de este servicio, como una vía de escape de Portugal o de España en su periplo hasta llegar a sus países.

El 7 de junio, la Guardia Civil dio el alto a este tren de emigración clandestina y comunicación rayana, que recuerda a los tiempos del contrabando. La Benemérita no dejó salir a nadie: ni a pasajeros, ni a revisores, ni a maquinistas. Acto seguido, la administración de Comboios de Portugal decidió que los viajes de este tren bimotor terminasen en Elvas, hasta el 1 de julio.

Un tren que pasará a la historia como el gran resistente al cierre de fronteras. Un salvoconducto iberista, expedido por trabajadores ferroviarios portugueses.