Tratado de Amistad, una oportunidad para Iberia

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En 1977 Adolfo Suárez, como presidente del Gobierno de España, y Mario Soares, como primer ministro de Portugal, firmaron el actualmente vigente Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Portugal. Los dos países estrenaban democracia en un todavía clima de inestabilidad y desconfianza mutua, cuando aún no habían ingresado en la entonces llamada Comunidad Económica Europea (C.E.E.).

Obviamente es un Tratado desfasado, que los Gobiernos se han comprometido a actualizar en la Declaración Conjunta de la última Cumbre de Gobiernos Ibéricos, celebrada en Guarda en octubre de 2020. La idea es “actualizar y plasmar el rico y diverso entramado de vínculos bilaterales”. Actualmente hay vigentes, entre España y Portugal, más de un centenar de tratados, sobre todo tipo de aspectos: defensa, pesca, espacio aéreo, cooperación policial, fiscal, sanitaria, científica, judicial, instituto de nanotecnología, protección del lince ibérico, mercado ibérico de electricidad, lucha contra el tráfico de drogas, Seguridad Social…

Sobre todos estos tratados destaca el llamado Tratado de Valencia, de cooperación transfronteriza entre entidades e instancias territoriales (Ayuntamientos, provincias, comarcas), que ha posibilitado diversos acuerdos transfronterizos y que fueron cristalizando en las exitosas Eurociudades, algunas de ellas constituidas como Agrupaciones Europeas de Cooperación Transfronteriza.

El compromiso de renovación del Tratado, asumido por los Gobiernos, no incluye fecha concreta para su aprobación. Nuevamente nos encontramos en la indefinición y en compromisos de concreción incierta, en las relaciones entre España y Portugal.

La negociación del nuevo Tratado de Amistad supone una oportunidad para dar definir una relación “especial” entre los países ibéricos. Esa es la filosofía general, que, a nuestro entender, ha de explicitarse. Portugal y España son algo más que dos países socios en la Unión Europea, son países hermanos, con una geografía compartida y con unos lazos históricos, culturales, sociales y económicos que nos convierten de facto: en una unidad de convivencia.

Hasta el momento, estos vínculos no están recogidos en un documento jurídico y vinculante asumido por las dos partes: el nuevo Tratado de Amistad es el instrumento de soberanía adecuado para ello.

El nuevo tratado, en primer lugar, debe de recopilar el espíritu, los principios y los procedimientos, del acervo de cooperación entre los dos países, construidos desde 1977, particularmente desde el ingreso conjunto en la UE en 1985.

Tenemos, además, una referencia, muy interesante, que es la del Tratado de Aquisgrán realizado entre Francia y Alemania en 2019. Este tratado consagra una relación estratégica entre Alemania y Francia en el seno de la Unión Europea de la que ambos países son líderes. Se incluyen aspectos como reclamar la presencia de Alemania en el Consejo de Seguridad de la ONU, la política de defensa común y los intercambios educativos. Alemania y Francia, países que protagonizaron los enfrentamientos terribles, incluidas las dos guerras mundiales, tienen en la actualidad un nivel de cooperación y de vinculación de gran profundidad. La península ibérica puede tomar nota y replicar al sur un nivel de cooperación similar.

Desde el movimiento iberista, hemos venido reclamando diversas medidas, algunas de las cuales podrían tener cabida en el nuevo tratado. Las más destacadas son las siguientes:

-Reclamar la presencia conjunta de España y Portugal en el G-7. Resulta triste ver a los líderes de occidente reunirse sin una presencia ibérica que represente al mundo iberófono en el mundo. Sería difícil que el G7 negase a España-Portugal su derecho a estar representado en este foro.

-Creación de un Consejo Ibérico como una Institución Permanente de coordinación y gestión de la cooperación reforzada entre España y Portugal. Es necesario una institución intergubernamental común, con verdaderos expertos a su frente, con capacidad ejecutiva y con visibilidad pública.

-Estatuto para Olivenza. La existencia de la cuestión de Olivenza no puede ser eternamente ocultada debajo de la alfombra. Esta localidad se ve perjudicada en sus opciones de cooperación y no ha podido integrar la Eurociudad Elvas-Badajoz-Campomaior.

-Equiparación automática y catálogo común de títulos académicos. Es hora de desarrollar un sistema educativo común, que facilite el desarrollo personal y profesional de los ciudadanos.

-Valorización de las lenguas con la implantación de la asignatura de lengua portuguesa en toda España y de lengua castellana en todo Portugal, como asignatura optativa, pero de oferta obligatoria

-Igualación del huso horario en toda la península.

-Implantar competiciones deportivas ibéricas.

Como ya dijimos, el tratado es una gran oportunidad; se puede ser ambicioso y tener altura de miras, entendiendo que Iberia puede configurarse ya como un espacio reconocible en el plano internacional y en el seno de la UE, como lo es, salvando las distancias, el llamado eje franco-alemán o el Benelux. Desde aquí ofrecemos, a los órganos políticos de decisión, nuestro bagaje como veteranos activistas del reforzamiento del vínculo ibérico.

Pablo Castro Abad

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