Aprendiendo los unos de los otros

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Siempre he creído que podemos aprender de la experiencia de los demás, ayudándonos a evolucionar, tanto como seres humanos como sociedad. ¿A quién no le gusta escuchar una buena historia? Así es como aprendemos y construimos una opinión ibérica. Por eso, con este espíritu, como oyente pasivo, he participado en el Foro de los portugueses en España. ¿Qué podemos aprender unos de otros?

De todos los testimonios que he escuchado destacan palabras clave como: amistad, nuevas oportunidades, paciencia, historia y conocimiento. Empecemos por la amistad que nos une y que, como ha dicho Antonio Garrigues, está inacabada. Mucho se puede y se está haciendo por los gobiernos y empresarios de ambos Estados. Y, de hecho, es lo que espero de esta nueva generación portuguesa que aprende a hablar español en la secundaria y elige el país vecino, no sólo para las locuras de los viajes de fin de curso, sino también para completar la educación superior. Hoy no somos de un sólo país y la ciudad de Lisboa es prueba de ello. Tal como Lúcia Moniz cantó en Eurovisión en 1996 (si la memoria no me falla), el corazón portugués late al sonido del ukelele, baila el «funaná» y el «baião».

Nuevas oportunidades. Todos buscamos una oportunidad y puede ser, tal como ha dicho el embajador Mira-Gomes, que después de la tormenta los sueños más ambiciosos puedan tener un nuevo escenario. ¿Cuál es tu sueño? Una mejor vida, viajar o una Casa de la Lusofonía donde podría ser posible conocer un poco más de Eça de Queiroz o Fernando Pessoa (no hablo de Saramago, pues el premio Nobel ya es bien conocido) mientras bebemos un delicioso café. ¡Hay tanto que hacer en poco tiempo! Pero debemos tener paciencia.

Rosa Cullell, antigua directora del grupo de comunicación Media Capital (que era propiedad de Prisa), ha hecho mención en este encuentro a que la paciencia es algo que se ha llevado de Portugal. Incluso es fácil aprender a tener paciencia, basta hacer algunos ejercicios de relajación de yoga (que es posible alcanzar el «Shanti»), pero hay otra cosa bien portuguesa que es necesario comprender y no se enseña en las escuelas. Como habrán notado, estaba hablando de la saudade, de aquella palabrita tan nuestra.

Como el conocimiento tiene dos vías, creo que los portugueses también tenemos mucho que aprender, pudiendo empezar por ser más alegres, felices. En relación con el ranking de la felicidad, Finlandia se ha coronado por cuarto año consecutivo (exactamente, ¡la gélida Escandinavia!), mientras que España es considerada la 35° nación más feliz del planeta. En tanto, Brasil, en plena caída, ha quedado en 41° lugar. Incluso en pandemia, Portugal ha subido en la tabla y ha quedado 58°. Pero pese a nuestro sol, nuestra gastronomía y la tranquilidad de nuestro pueblo, todavía falta algo para que los portugueses sean realmente felices. ¿Qué te hace feliz? (¡quizá sea alguna de las respuestas dadas algunas líneas más arriba!, ¡admítelo!).

Historia y tradición, estos han sido algunos de los aspectos que el autor Antonio Muñoz Molina ha planteado sobre Portugal. La historia es lo que sentimos en cada una de las piedras de nuestra «calçada» y aprendemos desde pequeños. Tal como los «Da Vinci» (otro grupo que defendió los colores portugueses en el mayor certamen musical del mundo) cantaron, ya fuimos «conquistadores» y en la mayor parte del tiempo conseguimos convivir bien con el pasado. Pero son recuerdos y están guardados en nuestros libros de historia, lo que importa es el presente y cada vez más el futuro.

La cantante Simone (y no es Oliveira) tiene una canción donde cuestiona «¿Cómo será el mañana?». Se trata de una pregunta valorada en 166.361 millones de euros y puede empezarse a responder ya este verano, si el dinero de Bruselas comienza a llegar. Pero no esperemos a los demás y hagamos también nuestra parte. Sociedad civil y empresarios, todos juntos podemos aprender y crear las bases necesarias para nuevos proyectos, sueños, vidas.

Andreia Rodrigues

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