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Por su historia y proyección internacional los países ibéricos tienen un perfil propio en la arena internacional. Sin duda, el espacio europeo es un gran hito. Se trata de la construcción de un ente transnacional, que nos ha ayudado a que La Raya deje de ser una frontera a pesar de la actual coyuntura, y es un sólido espacio para el Estado de Derecho y la estabilidad institucional. No obstante, la diplomacia ibérica tiene que tener suficiente habilidad para manejar intereses múltiples, influir en Bruselas, tener cierta autonomía y, al mismo tiempo, intercambiar cartas entre los intereses del Norte y del Sur de Europa, bajo un principio de solidaridad y ayuda mutua. De alguna manera esto ya ocurre, pero sería importante que se visualizase de una forma más nítida para el ciudadano medio.

Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) son potencias emergentes en varios sectores, entre ellos, en biotecnología y vacunas. Si Brasil ha sido el peor alumno de los BRICS, no lo ha sido por su tradición sino por el sabotaje de Bolsonaro, porque el país tiene especialistas en epidemias tropicales, amplias campañas de vacunación, centros de investigación, fábricas y cultura de higiene (el gel de manos es de uso corriente desde hace décadas). Por otro lado, el hacinamiento de las favelas es un problema grave no sólo habitacional sino para la salud pública. Ese sabotaje de Bolsonaro, sumado a una política exterior anti-BRICS porque su adhesión al trumpismo obligaba a ser antichinos (aunque formalmente Brasil no salió del grupo), ha hecho retrasar todo. Bolsonaro sin Trump se ha quedado con la brocha en la mano y ha tenido que mendigar vacunas a sus socios de los BRICS tras haberlos ofendido y tras dejar de pagar al banco del bloque de países.

A pesar del sabotaje, Brasil (109) tiene menos muertes acumuladas por 100.000 habitantes que buena parte de Europa, incluyendo Portugal (137) y España (130), según datos de hace una semana. Brasil ha recibido vacunas de China e India, probablemente también en breve de Rusia, así como está ampliando la producción propia, en territorio brasileño, de la vacuna china. Miles de muertes se habrían evitado en Brasil si su presidente no hubiera promovido tratamientos precoces mentirosos y el sabotaje de las cuarentenas. Varios juristas progresistas consideran que la tipificación del delito de «genocidio» debe ampliarse para los gobernantes que pasivamente dejan morir a su población. Sin lugar a dudas, la responsabilidad política de las decenas de muertes por falta de oxígeno en Manaos sí que puede tener un recorrido judicial. Recordemos que el Gobierno venezolano reaccionó antes que el brasileño para restablecer el suministro de oxígeno a la capital del Estado brasileño de Amazonas.

En términos de geopolítica es bueno no poner todos los huevos en la UE, sabiendo que la cesta europea en este contexto, a diferencia de la crisis de 2008, es importantísima por lo que viene: la culminación del proceso de vacunación y el lanzamiento de dinero (aunque de forma indirecta) en “helicóptero”. En la segunda mitad del año vendrán los fondos de recuperación y resiliencia, y, de hecho, en el 2020, con sus masivas compras de bonos en el mercado secundario, el BCE ha garantizado que los Estados se puedan financiar en los mercados. Y hay que reconocer el papel de la empresa alemana de Biontech para disponer del suministro privilegiado de una vacuna. Por otro lado, los problemas de cada extremo de la frontera europea requieren de la solidaridad de todos los socios. Incluso en ese punto interfiere bastante la propia agenda de la OTAN, de la que Portugal y España forman parte.

Dicho esto, es natural que la agenda de geopolítica de los Estados se sobreponga a la agenda de derechos humanos, que pueden llevarla a cabo los aparatos internacionales de los partidos políticos y ONGs. Por muy cínico que parezca, las reacciones a estos asuntos dependen de las prioridades estratégicas. Con aquellos Estados con vinculaciones históricas o intereses económicos o tecnológicos cruzados se suele evitar el enfrentamiento político. Por ejemplo, por vinculación histórica poco sentido tiene no establecer plenas relaciones diplomáticas con Guinea Ecuatorial, Cuba, Venezuela, etc… Como también debemos tener buenas relaciones con los BRICS o los países árabes petroleros. Mientras los focos estaban en las elecciones catalanas, la ministra de Exteriores, González Laya, ha visitado los Emiratos Árabes, Arabia Saudí y Catar en búsqueda de inversiones. En ningún caso el viaje tuvo la misma pretensión de Borrell con Rusia, que tiene más que ver con intereses de frontera del norte de Europa que con el sur. Desde el sur vemos con más prioridad una posible importación de la vacuna Sputnik V que los países del norte de Europa rechazan. No creo que Borrell hubiese hecho ese movimiento como ministro de Exteriores español. No obstante, aquí la diplomacia ibérica puede ayudar a templar gaitas con Rusia, como también lo hizo entre Turquía y Macron.

En relación al acuerdo comercial entre Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Venezuela y Bolivia) y la Unión Europea, ya escrito pero no validado, España y Portugal quieren que los Parlamentos nacionales lo suscriban pero saben que tiene que ser con el timing correcto porque ahora no hay consenso. Entre los grandes enemigos del acuerdo están los agricultores franceses y los ecologistas en general. Los primeros utilizan argumentos ecologistas como excusa. Los segundos lo hacen con razones fundadas porque la política de depredación de la Amazonia de Jair Bolsonaro es una bomba de relojería para un acuerdo que fue un éxito de los diplomáticos argentinos, portugueses y españoles, tras décadas de negociación. Si a ello sumamos las ofensas de Bolsonaro a Macron, podemos pensar que Macron no va a aceptar un acuerdo que además le quita votos. Recientemente, Alberto Fernandez, presidente de Argentina, y António Costa, primer ministro de Portugal, se han reunido como presidentes rotativos de los bloques europeo y sudamericano. Ambos en sintonía con poner en práctica el acuerdo comercial. Quieren verse las caras antes del fin del primer semestre. Es importante que Portugal y Argentina impulsen el iberoamericanismo.

De alguna manera el Gobierno español permanece callado en relación a Brasil por ser del ámbito iberoamericano y por haber empresas españolas con intereses en el país, algo que fue así inicialmente con Venezuela pero después se rompió esta vía. Existe siempre esa idea de convertir en paria a un país para forzar cambios, pero se trata de una idea que pocas veces da resultado. Por el momento la Unión Europea no piensa en sanciones a Brasil, aunque dependerá en gran medida de lo que haga Joe Biden. Los Gobiernos brasileño y español se ignoran para evitar conflictos ideológicos entre Estados y las bases políticas de cada uno de los Gobiernos. No obstante, se deben explorar todas las formas posibles para que no haya un distanciamiento en la relación de Estado a Estado y pueblo a pueblo, por eso el ámbito de la comunicación es importantísimo. Las narrativas inclusivas de nuestra identidad e historia, en todos los continentes, que fortalezcan la geopolítica del Estado y la presencia cultural, deben ser promovidas. Es por ello que la diplomacia de las Universidades adquiere un papel relevante en esos escenarios políticos delicados.

La geopolítica también es reciprocidad y comunicación. Es un sinsentido que no se reciba en los televisores españoles la señal de las cadenas de televisión de Portugal, Brasil y la África lusófona. También es un absurdo que no podamos ver los canales hispanoamericanos con facilidad en España. La televisión española sí que se ve en estos países, aunque siempre es mejorable para llegar a más población. Es necesaria la reciprocidad y la socialización de la geoestrategia. A pesar de que las grandes decisiones se toman a puerta cerrada, la población tiene que ser capaz de ver sus intereses en los intereses de inserción geoestratégica de su Estado en el mundo.

Pablo González Velasco