El iberismo toca el primer nivel del debate político en Lisboa

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La conferencia A Ibéria no triângulo Europa, África e América Latina, celebrada en Lisboa, en la sede de la União das Cidades Capitais de Língua Portuguesa (UCCLA), el pasado 23 de enero, ha supuesto un importante paso adelante para llevar la idea del iberismo y conceptos aledaños a un primer nivel del debate público. Como una suerte de continuación de la temática, unos días después, también en Lisboa, pero esta vez en la sede del Instituto Cervantes, se presentó el libro Iberismo y transiberismo: mitos, traumas y representaciones, por parte de su autor Carlos Reis.

Como ponente de la Conferencia, me ha quedado un magnífico sabor de boca al poder exponer los avances que se han producido en las últimas décadas y las grandes posibilidades que ofrece el tratado de Amistad y la Estrategia Común de Desarrollo Transfronterizo. Dada la escasez de tiempo, quedaron muchas cuestiones por decir y otras que no pudieron rebatirse. De los muchos temas abiertos, voy a exponer algunas consideraciones y opiniones para completar lo tratado.

En primer lugar, hay que valorar y agradecer el gran trabajo de Ramón Font, periodista catalán afincado en Portugal desde los años 70, por recoger el pedido de EL TRAPEZIO para presentar el acto en Lisboa, propiciando un debate ibérico, iberista e iberoamericano, novedoso y prácticamente inédito hasta la fecha, en el mundo político de primer nivel.

Valoro igualmente la colaboración de Vítor Ramalho y la UCCLA, de la que es su secretario general. Ramalho no sólo facilitó el evento, sino que participó como ponente. En su discurso subrayó la importancia de disponer en el ámbito ibérico de dos de las lenguas más habladas del mundo. Coincido en el valor de reafirmar a Portugal en el mundo. Creo que el iberismo puede ayudar en esa tarea.

Portugal tiene una gran oportunidad de explotar su faceta ibérica. Por ejemplo, en el seno de la UE, donde una alianza sólida con España, como se está vislumbrado, dota al país luso de una fuerza negociadora de mayor peso, sin por ello tenga que renunciar a ciertas ventajas que ofrece ser un país mediano. Ramalho destacó también la necesidad de valorizar África y particularmente Iberoáfrica, término que no salió en el evento. En dicho continente está el futuro demográfico del planeta, dado que es el único que va a mantener tasas de fecundidad por encima de 2,1 hijos por mujer en las próximas décadas. Especialmente para España es importante mantener, con países como Angola, una relación estratégica.

Muy interesante fue escuchar la definición de iberismo de Francisco Assis: como voluntad de aproximación y conocimiento mutuo, con la que dijo identificarse e incluso declararse iberista bajo ese prisma. Dada la relevante posición que Assis tiene en el mundo político portugués, podemos decir que el término iberismo da un gran paso para su total aceptación.

La existencia de un concepto específico para definir las relaciones entre España y Portugal otorga, en sí mismo, una dimensión especial a las mismas. Esa relación especial tiene su contenido en aspectos, que puso de relieve el orador, como la cuestión del tratado Mercosur-Unión Europea. Las divergencias de intereses entre los países también se pusieron sobre la mesa, motivadas en ocasiones por los diferentes tamaños. Este hecho se puede positivizar acudiendo a otra cuestión a la que Francisco Assis hizo referencia: la complementariedad ibérica. España y Portugal hacen de Iberia un espacio grande o pequeño, según pueda convenir, en el seno de la Unión Europea, o incluso una potencia principal si se ven como bloque.

La intervención de Pablo González Velasco hizo un recorrido panorámico sobre los múltiples aspectos y niveles en el que se mueve el iberismo; desde el conocimiento exhaustivo y único que tiene del mismo, labrado a través de su doble vertiente como periodista y académico especializado en este ámbito. No abundan los perfiles como el de Pablo González, que está llamado a ser el mayor referente intelectual en la materia. De todo lo que habló, me gustaría resaltar la idea de la lusofilia de los iberistas españoles. Ciertamente somos los iberistas españoles los que más y mejor conocemos y valoramos a Portugal en España, y fue muy oportuno decirlo delante de invitados como José Ribeiro e Castro, presidente de la Sociedade Histórica da Independência de Portugal. Destacar igualmente la mención a la Iberofonía, como el conjunto de hablantes de español y portugués, que alcanza los 800 millones en todo el mundo, como un valor geoestratégico muy importante.

«Las lenguas son poder» en expresión de Ana Paula Laborinho, actual responsable de la Oficina de Portugal de la Organización de Estados Iberoamericanos, que acudió al evento y tomó la palabra para extrañamente indicar que el término Iberofonía es un «término no inclusivo», «que propicia la exclusión» al entender que iberofonía incluye sólo a los hablantes europeos. La responsable de la OEI indicó también las «dificultades» que, desde la OEI, principalmente del lado portugués, han tenido que enfrentar para sacar adelante el Congreso Internacional de la Lengua Portuguesa y Española (CILPE). No logro entender el argumento de Laborinho, que es una de las personas que más ha trabajado por la alianza entre las lenguas ibéricas; la iberofonía no excluye a los hablantes no europeos, sino que es un término «inventado» para incluir a todos los hablantes de español y portugués en un solo concepto. Por otro lado, lenguas iberorromances es una expresión arraigada en la ciencia filológica. El propio rey Felipe VI ya ha utilizado la expresión «iberofonía» delante del presidente de Angola.

Mi intervención giró en torno al nuevo Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Portugal, que entró en vigor en mayo de 2023. Traté de explicar la importancia del mismo, entrando en el detalle de sus diferentes vertientes. Creo que el debate ibérico ha de estar ahí, en el desarrollo del ambicioso acuerdo, que se conoce bastante poco. El Tratado parece haber llegado más lejos de lo que el público percibe y paradójicamente los propios políticos conocen. Se sigue dedicando demasiado tiempo a explicar los recelos históricos, las divergencias, incluso la idoneidad y voluntad de cooperar, cuando los países han firmado compromisos para seguir profundizando en una cooperación estratégica que ya tiene un recorrido de 40 años. Podemos decir, uniendo la definición de Iberismo, con la letra del Tratado, que España y Portugal tienen un Tratado de Amistad iberista; por lo que no hace falta abundar demasiado en el debate identitario de una identidad ibérica ya asumida por los Gobiernos.

 

Pablo Castro Abad

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