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Parece que el modelo oriental se va a imponer al occidental, predominante en la Organización Mundial de la Salud (OMS), sobre el uso obligatorio de mascarillas para la población en general. Todo indica que se dará un salto que ni siquera pasará por una «fase de recomendación». Irá de desaconsejar a la obligación.

George Gao, jefe del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, ha afirmado a la revista Science: “El gran error en los Estados Unidos y Europa, en mi opinión, es que las personas no usan máscaras. Este virus se transmite por gotitas y contacto cercano. Las gotas juegan un papel muy importante: tienes que usar una máscara, porque cuando hablas, siempre salen gotas de tu boca. Muchas personas tienen infecciones asintomáticas o presintomáticas. Si usan máscaras faciales, puede evitar que las gotas que transportan el virus escapen e infecten a otros”.

Una vez llegados al pico de contagios y de saturación de los hospitales, debemos pensar en estrategias de normalización gradual y de reconversión de los sistemas de trabajo a distancia. Probablemente abril sea un mes para continuar firmes en un confinamiento duro, pero para mayo deberíamos ir pensando en una vuelta condicionada al trabajo para quienes no lo pueden hacer desde casa.

Para lo que nos queda de pandemia y para la que venga en invierno, ya sea en forma de nuevos virus o mutaciones del corona, debemos -desde ya- todos los ciudadanos estar preparados con un kit de mascarillas, gafas protectoras, guantes y gel desinfectante para un uso obligatorio dentro y fuera de casa, incluyendo dentro de las empresas, en la calle y en los establecimientos comerciales. En todos los lugares, hasta sentados en el sofá, si se comparte piso. Un imperativo legal y moral si se convive con personas de grupos vulnerables.

Una parte de la población tiene ya parte de ese material, y uno de los esfuerzos, una vez superada la demanda-pico de los hospitales, es que el Gobierno, las empresas y la sociedad civil suministren a que cada ciudadano un kit para cerrar la boca a contagiadores asintomáticos que, desde la ignorancia, están masacrando a los vulnerables con una inocente conversación. Para conseguir un kit para cada español o portugués, el Estado y las empresas privadas deben continuar con las compras masivas a China, incrementar la producción nacional e incluso la artesanal/casera con unos criterios de calidad.

A la espera de una cierta tensa calma en el verano/otoño antes de la nueva tormenta epidémica del inverno, deberemos no relajar las medidas de protección anticontagiadoras hasta la próxima primavera, dado que el invierno puede ser demoledor si sumanos la gripe al Covid-19.

Ya están saliendo estudios científicos que demuestran la utilidad de las mascarillas en su uso social para reducir los contagios, porque siempre más barreras va a ser menor que menos. Ha sido comprensible que las autoridades desaconsejaran su uso para canalizar la demanda a los hospitales, pero en una perspectiva de preparar un “desconfinamiento progresivo”, hay que generalizarla como medida preventiva. La obligatoriedad por ley de su uso en espacios exteriores e interiores puede ser la mejor “vacuna” hasta que haya una verdadera.

Esta estrategia tiene que ser simultánea con tests masivos a aquellos trabajadores cuya actividad implique necesariamente un importante número de contactos sociales. Al mismo tiempo, el Estado debe incentivar el teletrabajo. Y aquellas empresas que se adapten al trabajo telemático deben obtener ciertas ventajas para así promover una rápida reconversión interna, cuando sea posible.

En Brasil, desde hace muchos años, en los rellanos de edificios empresariales donde se esperan a los ascensores, hay siempre dispensadores de gel desinfectante para aprovechar el momento de espera para limpiarse las manos. Este tipo de pulsadores deberían instalarse en todos los lugares de venta al público, transporte público y salas de espera de todo tipo de edificios donde haya cierta vida laboral y comunitaria.

República Checa, Eslovaquia, Austria y Eslovenia ya han apostado por el uso social de la mascarilla. En China es obligatorio llevarlas bajo pena de sanción y el Gobierno japonés, tras un pequeño repunte de casos, ha anunciado que va a enviar mascarillas a los domicilios. También, Estados Unidos está revisando los protocolos de uso de mascarilla al aire libre.

Justo cuando termino este artículo, informa La Vanguardia que: “es muy probable que el confinamiento generalizado se prolongue hasta el 26 de abril, porque el virus sigue circulando y permitir la movilidad supondría dar un paso atrás en esta lucha contra el coronavirus. Hay que estudiar las medidas, en qué momento y, sobre todo, cómo implementarlas. Pero lo que sí está claro es que cuando se salga a la calle, quienes puedan hacerlo deberán llevar mascarillas, reducir los contactos lo mínimo posible y mantener una distancia con ellos. En otras palabras, cambiar nuestra manera de relacionarnos y adoptar las formas sociales de los japoneses. Así lo ha indicado el responsable del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias, Fernando Simón”.

Un nuevo orientalismo llega a esta vieja Península, que, por nuestra historia, no nos es completamente ajeno.

 

Pablo González Velasco es coordinador general de EL TRAPEZIO y doctorando en antropología iberoamericana por la Universidad de Salamanca