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Con semblante de felicidad, tras un fin de campaña marcado por ataques personales, António Costa anunció la victoria socialista. El líder del Partido Socialista afirmó, ante la presencia y el aplauso de Mário Centeno -actual Presidente del Eurogrupo-, que «a los portugueses les gustó la jeringonza, con un PS fortalecido».

Costa negociará con sus aliados de jeringonza (Bloco de Esquerdas y Partido Comunista) y otros partidos como los  ecologistas PAN (Personas-Animales-Naturaleza) y LIVRE para garantizar un gobierno estable para cuatro años. El primer ministro afirmó que no cuenta «para nada» con CHEGA -equivalente a la extrema derecha de VOX- que ha obtenido un escaño.

El Bloco de Esquerda (BE) – el equivalente a Podemos- mantuvo su número de diputados a pesar de que el sondeo de pie de urna le otorgaba mejores resultados. El Partido Comunista (CDU-Coalición Democrática Unitaria) perdió 5 diputados.

La derrota de las derechas, que no se presentaron en coalición como en las anteriores elecciones, ha tenido su primera víctima en la candidata dimitada Assunção Cristas del CDS (Centro Democrático Social; derecha democristiana clásica). El centro derecha del PSD (Partido Social Democrata) de Rui Rio ha negado que el resultado electoral haya sido «un desastre» para su formación, manteniendo un suelo electoral y achacando sus resultados a la división de voto a la derecha de su partido, especialmente en el caso de las dos nuevas formaciones políticas que entran en el parlamento: Iniciativa Liberal y CHEGA. Ambas con un diputado.

António Costa ha conseguido cambiar el mapa de los colores partidarios en Portugal. Ha logrado penetrar el norte tradicionalmente conservador y ampliar sus apoyos en el sur, tradicionalmente de izquierdas.