Español Portugués, Portugal

Fátima, junto con el fado y el fútbol, es parte de los grandes símbolos de Portugal. Siempre que llegamos al 13 de mayo hay a miles de personas en Cova de Iria. Sin embargo, este año, con la imposición del distanciamiento social por la pandemia que asola el mundo, esta celebración ha sido verdaderamente peculiar, con el santuario «casi» vacío. Por primera vez en la historia, uno de los mayores santuarios marianos ha estado en silencio y lleno de nubes.

Las únicas personas presentes en estos dos días han sido los sacerdotes, y demás personas esenciales para la realización de una ceremonia que, como ya viene siendo habitual, ha sido retransmitida por televisión. Tampoco han estado presentes las tradicionales velas que iluminaban los cielos de la noche, o los pañuelos blancos flotando en la procesión del adiós.

Este año, la fe se ha quedado en casa, pero no se ha visto debilitada, ya que el obispo de Leiria-Fátima, Antonio Marto, ha pedido a los creyentes que pusieran en la ventana una vela.

En el santuario, que ha estado custodiado por la policía, ha intentado entrar una pareja. Se han colocado 700 luminarias en el suelo del recinto, para que la luz de Nuestra Señora de Fátima llegara a las casas de todos los fieles esparcidos por el mundo.

Un santuario vacío «llora» por las víctimas de la mayor pandemia del siglo

Durante la peregrinación internacional del 13 de mayo, que ha tenido lugar en un santuario «vacío, pero no desierto», las oraciones han sido dirigidas a la lucha contra la pandemia de la Covid-19, y a sus víctimas. La alarma social que se percibe en la península ibérica recuerda, en muchos aspectos, a la gripe (llamada) española que asolaba Europa en el momento de las apariciones, y que causó 17 millones de víctimas.

El simbolismo ha sido la nota que ha marcado los dos días de esta peregrinación. Un 13 de mayo que la gente sólo ha podido ver por televisión. En el lugar de los peregrinos han estado presentes 21 velas; representantes de las diócesis portuguesas, y ramos de flores señalando el lugar de los emigrantes y peregrinos que debían asistir a estas ceremonias. Ceremonias que han estado reducidas a un pequeño grupo de personas, con la debida distancia de seguridad.

Antonio Marto, que en las últimas semanas hizo un llamamiento para que nadie se desplazara hasta el lugar, espera que en agosto o en octubre el santuario pueda volver a recibir fieles.