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El Tribunal Supremo brasileño decretó la libertad de todos los presos hasta que no se hayan resuelto sus recursos en todas las instancias superiores.

La decisión, que contó con 6 votos a favor y 5 en contra, tiene un trasfondo político por las irregularidades del proceso judicial del ex presidente de Brasil y el populismo punitivo defendido por el juez Sergio Moro, el equipo de fiscales de Curitiba y la policía federal, que tuvo vigencia durante el apogeo de la operación Lava Jato.

En nombre del supuesto combate a la corrupción, un parte del aparato judicial intervino la vida política y mediática brasileña, impulsando el impeachment de Dilma Rousseff e impidiendo a Luiz Inácio Lula da Silva de presentarse a las elecciones y encarcelándolo durante casi 600 días.

El juez Sergio Moro posteriormente fue nombrado ministro de Justicia, tras la victoria de Bolsonaro, una vez que Lula -líder en encuestas preelectorales- fue excluido del proceso electoral.

Tras salir de la comisaría de policía, en la que estuvo encarcelado, visitó el espacio de la Vigília Lula Livre, donde un grupo de simpatizantes estuvo acampado durante todo el tiempo de reclusión. «Lo primero que voy a hacer es ir a la vigilia, dar un beso a cada persona, dar mis agradecimientos y brindar con ellos», afirmó en una reciente entrevista el líder histórico del Partido de los Trabajadores.

Lula, con 74 años, pretende organizar la oposición, viajar el país y casarse con su novia.