17/01/2026

Ahora que volvemos atrás

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Las modas vuelven. Pasa con la ropa, con los peinados, hasta con los vinilos y también con la política. Y ahora se lleva lo retro. Más concretamente, lo de retrotraerse a los siglos XIX y XX. Es muy alto el porcentaje de población -vamos a ceñirnos al “mundo occidental”- que añora ese pasado. Un pasado que, por cierto, la inmensa mayoría de los nostálgicos no ha vivido y que, salvo excepciones, no conoce en su perspectiva científica. Hay alguna encuesta en España que dice que casi un 20% de los jóvenes considera el actual sistema democrático peor que la dictadura franquista. Pero no es solo cuestión española, ocurre de manera similar en el resto de Europa.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, Donald Trump -electo democráticamente, pero instigador de un asalto al Capitolio- obvia las leyes internacionales y se afana en regresar a tiempos del imperialismo y del colonialismo, en perfecta sintonía con algún que otro ejemplo alemán de los años 30. Además, se da la paradoja de que quienes sufrieron el Holocausto, o sus descendientes, perpetran genocidios. Y al otro lado del “muro eslavo” -o sobre él- más de lo mismo.

¿Saben cuál es el denominador común de todo ello? La ideología nacionalista, la clásica, esa que se fundamenta su creencia en un espíritu de pueblo custodio de eternos derechos divinos y/o territoriales que hay que defender por encima de todo y frente a una alteridad bien diferenciada. Vuelve a estar de moda (si es que algún día dejó de estarlo). Parece ser que gusta esto de repetir la Historia. Y disculpen que me ponga catastrofista, pero se acabaron las décadas prósperas del liberalismo social y cultural de entre siglos y los felices años 20. Ahora es tiempo de los años 30 y 40, de oscurantismo, de nacionalismo exacerbado. Ya saben cómo acabó aquello. Ojalá me equivoque.

Y me pregunto, en este contexto, ¿volverán también a resurgir de entre las cenizas otras líneas de pensamiento cuyo germen se encuentra precisamente en aquel siglo XIX? ¿Florecerán políticos intelectuales? ¿Renacerá el regeneracionismo? ¿Habrá nuevas y comprometidas generaciones de literatos y filósofos? ¿Veremos de nuevo el iberismo político? Tal vez es pronto para los brotes verdes, pues estamos en el periodo de incendios. Lo que tenga que ser, será, pero que no sea ideológicamente nacionalista.

Por eso, cuando en ciertos foros se habla de nacionalismo ibérico no puedo por menos que sentir rechazo. Huele a siglo XIX. Afortunadamente, el contexto es otro desde 1986, ya todos los ibéricos somos europeos. No obstante, en tanto que la inercia es a retroceder, tarde o temprano, en mayor o menor proporción, la ola afectará también al espacio iberista. Pese a que muchos apostamos por el iberismo social y cultural metodológico, es cuestión de tiempo que renazcan proyectos políticos iberistas que vuelvan la mirada atrás. Y llegarán confrontaciones. De ahí que sea tan importante seguir teorizando sólidamente este espacio ideológico.

En mi opinión, la teoría sobre la que se fundamente el iberismo político venidero no debe basarse en criterios subjetivos y sentimentales de identidad y creencia en una supuesta nación, ni mucho menos en particularidades de corte religioso o lingüístico. Que cada quien se identifique con lo que considere, que crea en lo que quiera y que hable lo que le dé la gana. Faltaría más. Esto tampoco quiere decir que el iberismo tenga que quedar ceñido a la frialdad de la pragmática social y/o económica y que sea el interés material el que impere en la concepción ideológica. Desde mi punto de vista, ha de ser la Cultura, en su perspectiva amplia, la que no se ajusta a compartimentos estancos, la aboga por la reflexión y tiene en la Educación, en la Ciencia y en el Arte sus pilares fundamentales, la que debe regir el futuro ibérico, y mundial. Pero, ciertamente, no parece que el mundo camine en esa dirección.

 

Juan Rebollo Bote

Lusitaniae – Guías-Historiadores