Confieso que me pongo a escribir este artículo sumido en un profundo pesimismo y embargado por una tremenda vergüenza ajena después de visualizar el debate electoral en la televisión pública extremeña este pasado jueves 11 de diciembre de 2025. Siendo la primera vez que la región extremeña concurre en solitario a unas elecciones y teniendo gran parte del foco político y mediático español, los candidatos a la presidencia de la Junta de Extremadura no solo no han aprovechado la ocasión para demostrar madurez y explicar proyectos serios para una Comunidad Autónoma a la que el resto de los españoles sigue mirando con desdén, paternalismo, ninguneo y estereotipadamente, sino que además han caído en la más penosa y soporífera batalla del “y tú más”, con la mirada más puesta en Madrid que en la realidad de la tierra a la que pretenden representar.
Partamos de la buena intención de Canal Extremadura Televisión -tal y como ha hecho en anteriores debates-, para dar cabida a todas las formaciones políticas que se presentan (excepción hecha de un partido que solo lo hace por la circunscripción provincial de Cáceres): diez. No obstante, el formato televisivo impide que tal cantidad de voces puedan llevar a efecto la definición del verbo debatir. Se trata, pues, de proporcionar poco más de diez minutos de altavoz e imagen a cada uno de los aspirantes. Buen propósito, como digo, por parte de la corporación audiovisual extremeña, pero inútil a efectos prácticos.
Digamos algo, siquiera breve, de lo que a un servidor han transmitido cada uno de los candidatos. Luis Blanco, de Por un Mundo Más Justo, no era la primera vez que acudía a un debate y transmitió seguridad en sí mismo y facilidad de palabra, exponiendo con relativa claridad las dos o tres ideas principales de un partido que no suele obtener representación a pesar de su longevidad en el panorama político español. Juan Viera, de Una Extremadura Digna, mantuvo un tono apegado a la tierra extremeña en todos sus sentidos, en el del acento y en el de la esencia agroganadera y trabajadora, pero no parece que el clásico discurso conecte con los tiempos que corren. Ignacio Segura, de Ciudadanos, tampoco pasará a la historia de los debates, teniendo las intervenciones más pobres de toda la noche, que ya es decir. Igual podemos decir de Javier Luna, representante de PACMA, cuyo marcado acento andaluz eclipsó todo lo que quisiera decir, que no fue más que resaltar el respeto a los animales y al medio ambiente.
Los partidos de corte ‘extremeñista’ tampoco consiguieron estar a la altura. Gerardo Rubio, de Nuevo Extremeñismo, el más joven de los aspirantes, habló demasiado rápido y repleto de nerviosismo y, pese a que algunas de las propuestas revisten de interés, la excesiva juventud de quienes forman el partido y cierto aire de copia soberanista de formaciones de otras regiones lo alejan de la mayoría del electorado extremeño. Raúl González, de Juntos por Extremadura-Levanta, acudió reforzado por alguna encuesta que le otorga representación en la Asamblea, sin embargo, su pretendida imagen de político al uso, su invariable cara de pocos amigos y un discurso demasiado insustancial no asegura la confianza de los extremeños.
De los cuatro líderes de los partidos mayoritarios únicamente las representantes femeninas estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellas. Irene de Miguel, de Unidas por Extremadura, es, de largo, quien tiene mayor seguridad en lo que defiende y María Guardiola, del Partido Popular y actual presidenta, sabe que es una pieza muy valorada a nivel nacional por su firmeza, relativa, y lo demuestra. Ambas fueron las mejores oradoras de la noche. En lo que respecta a los líderes regionales socialista y ultraderechista, más allá de sus pobrísimas arengas, no demostraron más que ser una delegación extremeña de lo que se decide en Madrid. Óscar Fernández, de Vox, no hizo más que atacar a sus adversarios y Miguel Ángel Gallardo, de PSOE, se limitó a defenderse y poco más.
En conclusión, y según nuestra humilde opinión, solo dos de diez, alcanzaron el mínimo exigible, en presencia y discurso coherente, para erigirse en cabeza política de una región que necesita proyectos a largo plazo. Realmente penoso. Pero más allá de las sensaciones transmitidas en el debate, lo que de verdad entristece a cualquier persona sensible con lo que ocurre en esta periférica y poco protagonista tierra, es la falta de proyecto a largo plazo, la marcada limitación intelectual de propuestas. No se entiende cómo una de las claves estratégicas para la Extremadura del futuro, Portugal, brillara por su ausencia en el debate. No es casualidad, en el mismo formato televisivo de 2023 tampoco fue el portugués un tema central para los líderes partidos de la región, tal como resumí en su momento: Apenas nada de Portugal en el debate electoral extremeño.
Pablo González Velasco recopilaba la semana pasada las referencias a ‘lo portugués’ en los programas electorales extremeños (aquí). Así, sobre el papel, PP y PSOE, mantienen las tradicionales líneas estratégicas y reivindicaciones en materia de comunicaciones, en relaciones empresariales y comerciales transfronterizas y algunas pocas de índole cultural y turística, abarcando el mundo iberoamericano en algún punto -como la estrategia Extremestiza, del PP-. Pero se trata de propuestas poco concretas y que a menudo se quedan en papel mojado. Hay que reconocer, no obstante, que se ha avanzado mucho en las últimas décadas, sobre todo favorecido por la circunstancia europea, si bien lejos aún, por ejemplo, del espejo gallego. La inercia lenta, por tanto, sigue primando frente a la innovación decidida en los partidos clásicos.
Recoge también el coordinador de EL TRAPEZIO la profesada vocación iberista de Ciudadanos y de Nuevo Extremeñismo. El primero habla de propuestas como la creación de zonas y regímenes de especial fiscalidad entre los que se insertarían los municipios rayanos en caída demográfica, la de un “Valle Verde Transfronterizo” en torno al eje energético o un sistema trilingüe español-portugués-inglés. El partido soberanista recoge casi sin modificarla parte de la idea iberista que desarrolló en sus inicios la plataforma Extremeñería, redactada por quien escribe estas líneas, a saber: implementación de la Eurociudad Alentejo-Centro-Extremadura y de la Eurociudad Badajoz-Elvas-Campomayor, así como la apuesta del portugués como segunda lengua regional, amén de resaltar que la región extremeña no puede entenderse sin Portugal.
En efecto, no entendemos cómo el elemento portugués no es transversal a todos los programas de los partidos políticos extremeños, siendo, como es, Portugal una singularidad ya mencionada en el Estatuto de Autonomía. Por eso llama tanto la atención que formaciones como Unidas por Extremadura o los regionalistas de Juntos por Extremadura-Levanta apenas hablen de Portugal si no es para reclamar la cuestión ferroviaria y poco más. En las casi doscientas páginas del programa de Unidas por Extremadura el término portugués aparece únicamente en tres ocasiones y dos de ellas es para referirse a la lengua portuguesa rayana que se pretende proteger. En cuanto a la coalición regionalista, el no disponer de un planteamiento transfronterizo en profundidad y de una estrategia portuguesa para Extremadura, habla por sí del vacuo concepto de regionalismo que se propone.
Y qué decir de la Cultura, otro tema que ni está ni se le espera en la campaña extremeña. Esperé con ansia el bloque denominado “Infraestructuras, Cultura y Turismo” en el debate. Creo que insistir en el binomio cultura-turismo como inseparable y meterlo, además, en el mismo cajón que el de las infraestructuras no ayuda a valorizarla. Cultura, lo decimos una vez más, debería acompañar a Educación. Pues bien, como era de esperar, la mayoría de los aspirantes hablaron de comunicaciones, poco de temas culturales. Afortunadamente, hubo excepciones. Nuevo Extremeñismo quiso resaltar las lenguas extremeñas, dejando entrever el vínculo con otras propuestas nacionalistas en España. Juntos por Extremadura y Vox hablaron de tauromaquia y de caza, nada más. La líder popular reivindicó, por alusiones, su apuesta por la Bienal de Vargas Llosa, celebrada este año en Cáceres. Por último, Unidas por Extremadura sí otorgó a la Cultura el valor que se merece y resaltó a Robe Iniesta y la petición que él mismo hiciera en la entrega de la Medalla de Extremadura en 2014: más centros culturales para los jóvenes extremeños. De Miguel también mencionó la necesidad de blindar a los gestores culturales o la ley de memoria histórica tumbada por PP y Vox.
Sirva lo dicho para pronosticar que no parece muy halagüeño el futuro de Extremadura, en tanto que la Cultura y Portugal no tienen centralidad en el discurso de los políticos que aspiran a presidir una tierra esencialmente rural y rayana. Unos no atinan con el significado histórico de la región, otros repiten lo que les marcan desde Madrid. Y la casa extremeña sin barrer.
Juan Rebollo Bote
Lusitaniae – Guías-Historiadores


