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La creación de un «salario mínimo» europeo ha sido una de las principales medidas presentadas por la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, en el primer discurso de la Unión Europea. Una propuesta que serviría para superar las diferencias existentes entre los 27 países; mejorar la calidad de vida de las distintas poblaciones, y crear una competencia más justa. No debemos olvidar que en, incluso en el marco de una unión aduanera y monetaria, el salario mínimo no es el mismo para todos.

En algunas naciones, como Italia, Austria y Finlandia, no existe un salario mínimo nacional fijo.

En el sentido contrario, hay que mencionar a Ginebra, que ha subido su salario a 3785 euros al mes, que es el más alto del mundo, seguido por Australia, con 2180 euros.

Ya en el seno del Eurogrupo, esta distinción se da a Luxemburgo, que presenta una gran comunidad portuguesa, y que paga a sus trabajadores un total de 2141 euros al mes. En el fondo de la escala salarial europea, tenemos a Bulgaria y Rumanía, con 312 y 463 euros, respectivamente.

¿Cuál es el coste de la vida en la península ibérica?

Cuando hablamos de los salarios en la península ibérica, la situación en ambos países es diferente.

En España, que tiene el séptimo mayor salario de Europa, con una media de 1.108€ (valor similar a los 1.122€ de los Estados Unidos), la pandemia ha motivado la aprobación de una renta adicional para las familias con bajos ingresos.

Cuando hablamos de costos, podemos poner el ejemplo de Madrid, en el que alquilar un piso de 62 metros cuadrados cuesta 1000€ mensuales (valores de 2019); y si queremos beber un café tenemos que pagar un mínimo de 1,50 euros.

El salario mínimo en Portugal es de 635 euros, en 14 pagas al año (lo que equivale a dos subsidios de vacaciones), algo que no es muy común en los demás países, pero que también ocurre con «nuestros hermanos» (españoles). Para que sea posible tener un valor de comparación, si dividimos el valor actual por los 12 meses del año, tenemos la cantidad media de 740,83 euros.

El aumento del salario mínimo nacional, que es el 11º más elevado de Europa, ha sido siempre una medida defendida por el Gobierno socialista y sus socios de la «Geringonça», pero la actual crisis provocada por la pandemia de la Covid-19 puede «congelar» esta medida.

Las confederaciones empresariales están en contra del salario mínimo, porque creen que un aumento salarial puede poner en riesgo, aún más, el débil tejido empresarial. Para los sindicatos y los partidos de izquierdas, esto puede ser un estímulo para el consumo.

Volviendo al salario mínimo portugués, si la medida de Von der Leyen se pusiera en práctica, sería de 663 euros. Cuando hablamos del coste medio de vida, más precisamente en Lisboa, para alquilar un apartamento T1 hay que desembolsar entre 600 y 800 euros mensuales. El café que tanto les gusta a los portugueses cuesta 0,60 céntimos.