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Según informa La Vanguardia, el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán ha presentado este martes al primer ministro portugués António Costa la evolución del megacomplejo hidroeléctrico que la empresa española está construyendo a orillas del río luso Támega, afluente del Duero y cuyas obras están realizadas al 75%.

La visita, bajo una intensa lluvia, a la faraónica obra del Complejo Hidroeléctrico del Támega en la que Iberdrola invertirá un total de 1.500 millones de euros y que será uno de los mayores almacenamientos de energía de Europa, le ha servido al presidente de la eléctrica española para lanzar dos potentes mensajes a las autoridades lusas y españolas.

Allí, más allá de culminar el Complejo Hidroeléctico del Támega en una primera fase en 2021 y en su totalidad en 2023, Iberdrola planea “duplicar” su presencia en el país para lo que ya tiene preparados 200 millones adicionales para invertir en proyectos de energía solar.

En 2014 se iniciaron las obras de una gigantesca infraestructura que abarca nada menos que 1.000 hectáreas de terreno en una de las zonas más depauperadas económicamente de Portugal.

El complejo implica la construcción de tres presas y tres centrales (Gouvães, Daivões y Alto Tâmega), cuya capacidad conjunta asciende a 1.158 megavatios. Cuando esté plenamente operativo, el complejo será capaz de suministrar energía limpia a unos 440.000 hogares portugueses, evitando la emisión a la atmósfera de 1,2 millones de toneladas CO2 y la importación de 160.000 toneladas de petróleo al año.

A lo largo de la década prevista para su construcción se estima que se habrán creado 3.500 empleos directos y otros 10.000 indirectos, el 20% de los cuales proviene de habitantes de los municipios que circundan el proyecto, a través de más de 75 proveedores.

Además, el Complejo Hidroeléctrico del Támega promete ser una de las baterías naturales más potentes de Europa. Porque no solo tiene capacidad para generar energía, también para almacenarla. Está dotado de unas potentes turbinas capaces de devolver a su depósito inicial el agua utilizada para producir energía eléctrica, de forma que pueda volver a reutilizarse cuando sea necesario.

Al impacto medioambiental evidente en una infraestructura de estas dimensiones se une el impacto social en municipios como Vila Pouca de Aguiar, Ribeiria de Pena, Boticas, Chaves, Cabeceiras de Basto, Montalegre y Valpaços. En ellos no ha faltado la resistencia de grupos ecologistas y familias que se resistían a abandonar sus casas. “Al final, todos hemos hecho un esfuerzo para compensar a los afectados con alojamientos temporales en alquiler y nuevas viviendas a largo plazo”, ha reconocido Ignacio Galán. El primer ministro portugués también ha querido poner el foco en que “este esfuerzo debe ser comprendido por la población y recompensado por empresas y autoridades implicadas”.

Entre esas medidas de compensación para la población local, Iberdrola ya ha puesto en marcha una inversión de 50 millones de euros en proyectos de dinamización destinados a impulsar iniciativas sociales, culturales y medioambientales, capaces de dotar al territorio de un atractivo turístico cuando finalicen las obras.