Español Portugués, Portugal

Los alcaldes rayanos han demandado la implantación de una tarjeta de ciudadano transfronterizo para afrontar con mayor flexibilidad situaciones de crisis sanitaria como la actual. «Reclamamos la creación de una tarjeta que identifique a todas las personas que viven en este territorio, los que hacen su vida, los que aquí trabajan y aquí viven su tiempo de ocio, independientemente del país en que residen, y para que en el futuro, si hay necesidad de volver a cerrar las fronteras, estas personas no vuelvan a ser afectadas», ha afirmado el director de la Agrupación Europea de Cooperación Territorial Rio Minho (AECT), Úxio Benitez.

Con la habilitación de tres nuevos pasos en la provincia de Pontevedra (Arbo-Melgaço, Salvaterra do Miño-Monçao y Tomiño-Vilanova de Cerveira) respiran con alivio y hacen cruces para que el camino hacia la nueva normalidad no depare más sobresaltos para su maltrecha economía. Se trata de una apertura parcial, de 8.00 a 22.00 horas, de lunes a viernes, restringida para transportistas, empresarios y comerciantes.

Desde la declaración del estado de alarma y el cierre de fronteras, en la frontera más larga, la que separa a España y Portugal, de 1.214 kilómetros de extensión, se han habilitado apenas siete pasos autorizados, dos de ellos en Galicia: Tui(Pontevedra)-Valença y Verín (Ourense)-Chaves. Más recientemente permitieron un tercer paso, el de Calvos de Randín (Ourense)-Tourén.

Ésta ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de los alcaldes del Miño: Tomiño, O Rosal, Tui, Salvaterra, Arbo, As Neves, Melgaço, Monçao, Valença, Vilanova de Cerveira y Camiña, que han protagonizado diversas acciones de protesta y que, por fin, han podido celebrar «una victoria muy importante». Una victoria que, en todo caso, «no va a solucionar todos los problemas que aquí tenemos», sostiene Uxío Benítez, director de la AECT Rio Minho, quien reclama medidas de compensación por el daño económico a esta región transfronteriza durante el cerrojazo en la mayoría de sus pasos.

Los seis pasos entre la provincia de Pontevedra y el norte de Portugal acaparan más de la mitad de los desplazamientos en toda la Raya. El alivio por la habilitación, aunque parcial y con restricciones, de tres nuevos pasos fronterizos tiene nombres y apellidos. Como el de Cecilia Puga, vecina de Arbo con un negocio de peluquería en la vecina Melgaço, al que apenas tarda en llegar seis minutos en coche.

Hasta ahora y desde la declaración del estado de alarma recorría 190 kilómetros y tardaba entre dos horas y dos horas y media por trayecto, si no más, ya que habitualmente se formaban colas en el puente internacional Tui-Valença, por el que han transitado del orden de 8.000 vehículos cada día. La apertura del paso en Melgaço supone para ella «calidad de vida» más que nada, pues su negocio ha tenido «muy poca actividad» y teme que tardará en recuperar el ritmo de antaño, si es que eso llega a suceder.

«La gente en Portugal todavía tiene miedo. Los primeros días de apertura sí hubo algo de gente, por las raíces sin teñir y el pelo sin cortar» por tanto tiempo de confinamiento, pero «las clientas habituales de lavarse el pelo se han perdido», igual que las españolas que cruzaban la frontera. Otro de los beneficiarios por esta apertura parcial es Santiago Rodríguez, empresario de Valga (Pontevedra) que se dedica a la venta de accesorios de carpintería en el norte de Portugal.

A partir de ahora se ahorrará entre 60 y 70 kilómetros de viaje y aproximadamente una hora. «Por lo menos se facilita un poquiño el trabajo», comenta a Efe desde su furgoneta tras superar el control fronterizo del lado español.

La mayoría de los vehículos que se acerca este primer día de apertura del puente entre Arbo y Melgaço están pudiendo pasar, aunque el motivo del desplazamiento no sea estrictamente profesional. Es el caso de una pareja, él gallego, ella portuguesa, que lleva tres meses sin acercarse a la casa que ella tiene en territorio luso. También están dejando pasar a españoles que residen en Portugal para ir a comprar medicamentos.

A quienes están obligando a dar la media vuelta es a los ciudadanos portugueses que quieren cruzar la Raya para ir a repostar en gasolineras españolas porque el combustible es más barato. Peor es la situación de ciudadanos portugueses que trabajan en Francia, en cuyos centros se ha reanudado la actividad, pero que no podrán cruzar la frontera española hasta el 1 de julio.