Marco Rubio, como líder informal de los exilios latinoamericanos de derechas de Miami, ha conseguido que su posición prevalezca en el seno del Gobierno norteamericano. Rubio ha enviado un mensaje al gobierno cubano, al dar a entender que Venezuela pasaría de una dominación cubana a una dominación norteamericana. Incluso puede que María Corina Machado y Edmundo González Urrutia queden marginados en la nueva realidad geopolítica, tras unas confusas declaraciones de Donald Trump.
La Venezuela bolivariana, ha demostrado ser, en su hora final, un tigre de papel. La narrativa de la «resistencia heroica» se desmoronó la madrugada de este 3 de enero de 2026, en cuanto la presión real tocó a las puertas de la residencia presidencial. El estruendo en Caracas no fue solo el de las operaciones militares especiales, sino también el crujido de un statu quo caribeño rompiéndose tras décadas de parálisis. El régimen bolivariano ha quedado tan noqueado que ha sido incapaz de hacer propaganda con víctimas.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha afirmado que «España no reconoció al régimen de Maduro. Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo. Pedimos a todos los actores que piensen en la población civil, que respeten la Carta de Naciones Unidas y que articulen una transición justa y dialogada». Una posición que habrá gustado a Lula y disgustado a Rubio. Desde luego, la intervención norteamericana es un mal precedente para Groenlandia y la narrativa europea con Ucrania y Rusia. El Gobierno ucraniano, por su parte, apoya la intervención estadounidense por la cercanía de Maduro a Moscú.
En un mundo ideal, la transición necesaria para frenar la deriva autoritaria bolivariana habría tenido que surgir de las entrañas de la región. Una UNASUR (la UE sudamericana) funcional y democrática debió ser el cirujano de esta crisis, aplicando una solución latinoamericana a un problema latinoamericano. Hoy la UNASUR no existe, por sectarismos de izquierda y de derecha. Rusia y China ni están ni se le esperan. Marco Rubio, ahora consolidado como el arquitecto de la política exterior estadounidense, ha sido el gran beneficiario de este vacío. Si en su momento nos preguntábamos si Rubio actuaría como un «virrey del Caribe», los hechos de hoy confirman que su influencia ha trascendido la diplomacia tradicional.
Lo que ni la administración Biden ni Kamala Harris se atrevieron a ejecutar por cautela o respeto al Derecho Internacional, Rubio lo convirtió en un objetivo estratégico irrenunciable. Para el exilio en Miami, esto no es solo un cambio de gobierno; es una reivindicación generacional. La victoria de Rubio es total: ha logrado quebrar el eje Caracas-Habana de una manera que parecía imposible hace apenas meses. Uno de los fenómenos más cínicos de este proceso es el llanto de la rusofilia de izquierdas. Estos sectores se enfrentan hoy a su peor pesadilla: la evidencia digital de su reciente apoyo a Trump como aliando «antiimperialista».
Estamos ante lo que ya se califica como la segunda caída del muro de Berlín para la izquierda iberoamericana, en palabras de Carlos Giménez, congresista republicano. Si 1989 marcó el fin del bloque soviético en Europa, el 2026 marca el inicio de un proceso que, por pura lógica geopolítica, terminará en Cuba. Marco Rubio, en la rueda de prensa tras la extracción de Maduro, ha declarado que «Venezuela tiene que declarar su independencia de Cuba. El régimen de La Habana tiene que estar preocupado».
La gran incógnita tras la captura de Maduro y su traslado para enfrentar cargos por supuesto narcotráfico es el «día después». La estrategia de Estados Unidos parece ser la de entrar y salir sucesivamente: golpes de precisión, extracción de objetivos de alto valor y un repliegue táctico que deja a las fuerzas locales en un estado de estupor. Con Maduro como rehén del sistema judicial estadounidense, la pregunta para sus camaradas en Caracas es brutal: ¿Aceptarán el tutelaje de los Estados Unidos? ¿Qué clase de traiciones han sido posibles para la captura de Maduro? ¿Algunos dirigentes bolivarianos han negociado a espaldas de Maduro? ¿Maduro negoció algo?
Hoy, mientras el ministro Padrino López habla de resistencia, la realidad es otra. Se rumorea sobre una posible resistencia de guerrilla, pero tras años de desfalco estatal y una cúpula militar convertida en una casta empresarial, es difícil creer en un levantamiento insurgente de gran escala. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha hablado con Marco Rubio y parece que va a ser interlocutora con el Gobierno de Estados Unidos, con espíritu cooperativo.
Ha vuelto el mundo de los Imperios con sus zonas de influencia. Estados Unidos ha demostrado que el Caribe sigue siendo su zona de influencia prioritaria. Incluso más allá, todo el llamado hemisferio occidental, es decir, todas las Américas. La captura de Maduro no es un evento aislado, sino el inicio de una reconfiguración total, donde América Latina es la gran sacrificada, dentro de una gran fragmentación interna. Trump ha cuestionado la nacionalización venezolana del petróleo de 1976, que fue con compensación, a diferencia de las nacionalizaciones cubanas.


