Iberismo y masonería en la Biblioteca Arús de Barcelona

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El pasado jueves 20 de enero participé, junto con Adolfo Alonso y Jaume Reixach, en un acto de presentación del libro Iberia, tierra de fraternidad en la histórica Biblioteca Arús de Barcelona, un templo del republicanismo, el iberismo y la masonería. Con una asistencia de una treintena de personas, hablamos de la importancia de recuperar el referente geográfico, político y cultural ibérico para Barcelona y Cataluña. Un referente que forma parte de su tradición política y cultural.

Desde los precedentes liberales del general Prim o Sinibaldo de Más (cuando el iberismo era más portugués que español), muchos fueron los catalanes que se declararon iberistas: Pi i Margall, Prat de la Riba, Joan Maragall con su l’Himne Ibèric, Joaquim Casas-Carbó, Ignasi Ribera i Rovira,… Consideraban que la alianza de Cataluña con Portugal podría hacer posible una Iberia más equilibrada. Francesc Macià proclamó “L’Estat Català, que amb tota la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèriques”; incluso recientemente Joan Tardà ha manifestado su iberisme con cierta soledad en las filas de ERC. El anarquismo de las FAI (Federación Anarquista Ibérica) y el marxismo del POUM, con el liderazgo de Joaquín Maurín, asumieron el iberismo. Durante el exilio, Carles Pi i Sunyer participó de un debate sobre la Comunidad Ibérica de Naciones. Quien esté interesado en investigar el iberismo, además del libro de EL TRAPEZIO, también es recomendable la lectura de El naixement de l’iberisme catalanista (1997), del profesor Víctor Martínez-Gil.

Lévi-Strauss, el antropólogo, no el fabricante de vaqueros, decía que un poco de etnocentrismo es saludable, mucho es letal. El iberismo regionalista es sano, especialmente si lo enfocamos a cooperaciones transregionales, entre comunidades autónomas y eurorregiones, siendo conscientes del mínimo umbral para ser un jugador de la geopolítica internacional. Por eso, cualquier tipo regionalismo no puede ser incompatible con la Iberofonía y con el fortalecimiento internacional de los Estados-nación ibéricos. Y por si alguien tiene alguna duda sobre alguna hipótesis (falsa) de la viabilidad de un iberismo anti-español, la realidad es que la tendencia fraterna iberista diluye cualquier prejuicio culturalmente separador venga de donde venga. Entre otros motivos, porque no es posible independizarse de la península ibérica y de su espacio cultural singular. Otra cosa es que políticamente se imponga por la fuerza.

El iberismo histórico (del siglo XIX) ha sido concomitante y coadyuvante del liberalismo, la masonería y el federalismo. La masonería fue un espacio por donde se difundió mucho el iberismo, aunque también hubo anti-iberismo una vez que llegó la República a Portugal en 1910. Los republicanos-masones portugueses, protagonistas de la toma del poder, vieron que tenían que renunciar a sus ideales iberistas para asegurar la supervivencia y la soberanía del Estado-nación republicano portugués, fomentando un nacionalismo interno sin renunciar a las fraternas relaciones ibéricas. Varias décadas antes, en torno al año 1869, cuando estaba negociándose una posible (finalmente fracasada) unificación ibérica bajo el cetro de un rey portugués y sometido a ambos Parlamentos, surgieron numerosas logias con el nombre “ibérico”. Otras logias españolas -siguiendo esa estela iberista- se convirtieron en dependientes de logias portuguesas, que tenían más relación con la corriente masónica inglesa, frente a la francesa.

En ese sentido, todo iberista tiene que prestar atención a la historia de la masonería y viceversa. De hecho, el abogado Adolfo Alonso que, durante la presentación en la Bilblioteca Arús, dedicó unas poéticas palabras al libro Iberia, tierra de fraternidad y es autor de dos artículos, está asumiendo un programa de renovación, fraterno e iberista, en su candidatura a Gran Maestro de la Gran Logia de España. Fue un acto inolvidable. Para entender la atmósfera de la biblioteca Arús es necesario conocer la biografía de Rosend Arús i Arderiu (1845-1891), demócrata de ideología republicana federal, catalanista libre pensador, masón y filántropo. Rossend Arús ingresó en la masonería el 16 de mayo de 1866, en la Logia La Fraternidad núm.1 de Barcelona, y en 1884 ya tenía el grado 33. También aparece como miembro de otras logias: La Verdad, núm.17 (Barcelona), El Gran Capítol Català, Pureza núm.2 (Lisboa), Unión Ibérica núm.252 (Madrid), La Sagesse (Barcelona), Perfetta Unione (Italia) y en el Gran Consejo de la Masonería portuguesa. Creó la logia Avant núm.149 (Barcelona) de perfil catalanista y de la cual será un maestro venerable.

Rosend Arús ordenó a sus herederos que cuando muriera crearan una biblioteca. Esta es Biblioteca Pública Arús, que se inauguró el 24 de marzo de 1895 con la intención que fuera una biblioteca para la instrucción del pueblo trabajador. La biblioteca se instaló en la que fue su residencia en el Paseo San Juan de Barcelona. La biblioteca cerró sus puertas al público en 1939, con motivo de la Guerra Civil, y no reanudó su actividad hasta 1967. Este cierre la libró de las purgas del franquismo y ha permitido la preservación del fondo. Su reapertura, en los años 60, se realizó de una manera muy discreta. El fondo actual es de 75.323 volúmenes.

Hace cinco años, Jaume Reixach, editor y director de EL TRAPEZIO, anunció en la Biblioteca Arús su apuesta por el iberismo. Aquellas proféticas palabras hoy son una publicación digital y un libro, que sin duda son un valioso instrumento para convertir esos sueños de viejos y nuevos iberistas en realidad. El libro tiene un centenar de artículos de 25 autores procedentes de forma equilibrada de todas las partes de nuestra querida Iberia, tierra de fraternidad. Un iberismo, en definitiva, que se nutre honestamente de lusofilia e hispanofilia.

Si el iberismo fuera un imperialismo lo sería antes de matriz lusa que hispana, sin embargo, esa hipótesis está descartada porque el nacionalismo portugués es enemigo del iberismo. Se trata de un movimiento en contra del narcisismo de las pequeñas diferencias y a favor de un reconocimiento de las virtudes de un iberismo geopolítico y cultural.

 

Pablo González Velasco

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