La influencia anglosajona

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La Geopolítica ha existido siempre. Y, básicamente, consiste en que quien tiene el poder impone su ley, es decir, sus intereses… Recurre, para enmascarar esta evidencia, a construir un relato. Cuando se habla de país, de Estado, en realidad no se está hablando de territorios, y menos aún, de sus habitantes. En estos casos, debemos traducir palabras como pueblo, patria, etc… por interés”.

A lo largo de la historia, hemos visto casos que lo demuestran palpablemente. Uno de ellos ha sido la tradicional amistad del Reino Unido con Portugal, es decir, el interés del Reino Unido por debilitar a la Corona Hispánica. Pero, dado el éxito de la medida, todavía continúa en toda su intensidad o quizás aún más. Sin embargo, la contramedida de la Corona Hispánica duró poco.  La tradicional amistad entre España e Irlanda, por los mismos motivos, cesó con la dinastía de los Austrias.

En la actualidad, vivimos situaciones incluso más intensas. Es el caso de las relaciones de España con Marruecos y Estados Unidos. Con Marruecos, a lo largo de la Historia, ha sido España quien ha impuesto su ley, con una política colonialista que ha provocado una reacción de chantaje, que ahora pueden llevar a cabo usando la emigración ilegal, el narcotráfico, el yihadismo, … y todo lo que se le venga a mano. Es hora de salir de ese círculo vicioso y empezar a tratarlos como vecinos. Pero no como vecinos amistosos. Simplemente como vecinos. Un ejemplo de trato de vecino, sería visitar primero Portugal, después Francia y, finalmente Marruecos.

Otro tanto ocurre con la Administración Biden. Actualmente, a Estados Unidos le interesa más Marruecos que España, porque pretende utilizarlo como punta de lanza para llevar a cabo su política en Oriente Medio, y contrarrestar la influencia china y rusa en África.

Volviendo al principio, la construcción de un relato conlleva acciones en diferentes terrenos. El principal es el terreno cultural. Aspectos como el idioma, las costumbres, las películas, los famosos, … se usan desvergonzadamente para influir en los pueblos, … para venderles productos comerciales.

Hay algo que pueden hacer los habitantes de los territorios: Unirse. Pero no de la forma que se suele plantear, en términos políticos, económicos, etc… que también, pero esto suele llevarnos enseguida a la confrontación y … a la postre, impedirlo. Se trata de unirse primero por la cultura.

España y Portugal, junto con los territorios que comparten sus culturas son, probablemente, uno de los territorios más extensos del planeta, habitados por muchos millones de personas. Existen ya las Cumbres Iberoamericanas que reúnen a los países de la antigua Corona Hispánica. Del mismo modo, existe su equivalente portugués, que ha admitido a España como observador recientemente. Deberíamos buscar la unión de ambos y debatir en esos foros, cuales son los intereses comunes.

Y esa política, debería concretarse de abajo arriba. Empezando por los habitantes de España y Portugal y usando a estos para buscar intereses comunes con los pueblos que una vez estuvieron unidos en sus respectivos imperios.

Es verdad que España y Portugal están integrados en la actualidad en la Unión Europea, pero a la vista está que esta Unión también se debe a intereses y que, en ella, los que mandan son Alemania y Francia, seguidos de Italia y que España, a pesar de ser la cuarta potencia, es ninguneada permanentemente incluso por países mucho menores como Bélgica, Holanda, … Portugal, aunque más pequeño, tampoco es muy influyente, aunque hasta en eso supera a España. Sin embargo, la Unión Europea también está bajo la influencia anglosajona. Véase la preponderancia del inglés en sus comunicaciones, la estrategia de la OTAN, etc… incluso hoy en día, cuando el Reino Unido se ha separado de ella.

Volviendo a uno de los intereses comunes de los pueblos, empezaremos por el idioma. Cada vez más se impone el uso del idioma anglosajón. Entre otros relatos, se sugiere que, si se publica en otro idioma, la repercusión será mucho menor. Casi parece obligado publicar en inglés. Esto ocurre no sólo en las publicaciones científicas. Ocurre en el cine, en la música, … También es más moderno, con lo que, de paso, se tilda a lo nuestro como antiguo.

El idioma se ha convertido en un negocio bastante productivo. Academias para aprenderlo, viajes y estancias para aprenderlo o perfeccionarlo, … También sirve para introducir costumbres, modos de vida, modas, y, en resumen, producir una asimilación cultural, al tiempo que fomentar la división cultural de los demás, sobre todo del mundo hispánico.

Fomentar los nacionalismos, tergiversar la historia, apoyar las diferentes lenguas que se hablan en la península ibérica con un marcado rechazo al castellano, como enemigo a batir, no como una riqueza cultural.

Las lenguas ibéricas más habladas en el mundo son el castellano y el portugués. Basta ver las estadísticas. Los pueblos ibéricos deberían usar ambas como primera opción. Las producciones españolas, traducidas al portugués y las portuguesas, al castellano. Y esta prioridad debería tenerse en las películas, en la música, en las publicaciones de todo tipo… Debería ser una prioridad de los gobiernos, tanto del español como del portugués. Ambos cometen continuamente el error de ignorarse mutuamente y promocionar el inglés.  Y también deberían promocionar esta medida en el conjunto de países iberoamericanos y en la Unión Europea.

En cuanto al cine, los medios de comunicación, las redes sociales, no sólo debería hablarse o subtitularse en español/portugués, sino que deberían realizarse producciones que fomenten la cultura, la historia, la música, el arte, la literatura, … de ambos países, que contrarresten la crítica constante de lo ibérico, ensalzando lo anglosajón, al tiempo que se potencia esa industria, como negocio, financiando lo propio, en lugar de lo ajeno.

Y no podemos esperar pacientemente a que tales iniciativas surjan de los gobiernos. Probablemente seguiríamos así sine die. Debe surgir y mantenerse en el seno de la propia sociedad.

Las Plataformas Ibéricas, tanto en España como en Portugal, deberían analizar este tema y proponer medidas para revertir esta situación. Y no a largo plazo. La primera medida podría ser la realización de un estudio sobre el impacto cultural anglosajón en los pueblos ibéricos y los pueblos culturalmente afines y algunas medidas, como las apuntadas, para materializarlo.

Existen el Instituto Cervantes y el Instituto Camões. Podrían cooperar más estrechamente en la difusión de ambos idiomas, incluso compartir sedes. Esto les presentaría como “socios”, eliminaría la competencia entre ambos y ahorraría dinero, convirtiéndolos así en un buen escaparate para mostrar el deseo de unidad.

 

Manuel Morilla Jarén

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