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Uno de los grandes logros de la sociedad civil rayana es identificarse con el concepto «Raya/Raia», término consolidado, tanto a lo largo de los siglos, como de su trazado. Esto ha sido posible porque estamos delante de una singularidad muy poco valorada. Los ibéricos tenemos la frontera más antigua, más estable, y más larga de toda Europa, como se ha subrayado durante las jornadas de los días 6 y 7 de marzo, en la Eurociudad Chaves-Verín, sobre el proyecto «Dos países, un destino»; a fin de promover una marca turística para toda «La Raya Ibérica».

El término «Raya», ya indica una frontera blanda, maleable y porosa, como pudimos comprobar en la experiencia de la «Ruta del Contrabando», entre la localidad portuguesa de Vilarelho da Raia, y la gallega Rabal; donde la «Raya» deja de ser frontera para ser una región «promiscua», en donde no se sabe en qué país se está, y se tarda unos minutos en concluir la investigación.

Esta es la llamada «Raya seca» (Nordeste rayano), donde no existe ni siquiera la raya azul del agua de un río que marque la frontera. Un límite territorial que, durante muchos siglos, los Estados se empeñaron en que fuera antes frontera que Raya. El fin de las aduanas y los pasaportes amplió mucho las posibilidades, las cuales no se supieron aprovechar correctamente, por lo que, al final, la situación derivó en una deterioración económica y un fuerte despoblamiento, tras la pérdida del contrabando como actividad económica local, que fijaba la población.

La Eurociudad Chaves-Verín y la Red Ibérica de Entidades Transfronterizas (RIET) quieren revalorizar a la región rayana, dotándola de una estrategia de desarrollo. Son la vanguardia de la sociedad civil rayana. La RIET, como institución, aunque no sea parte de ambos Estados es ya, en sí misma, un gran logro. Esta supone una articulación de la sociedad civil de La Raya como un espacio de sinergias de inversión (en alianza con la Unión Europea). Y, también, como una zona de reivindicación frente a las estructuras estatales que viven de espaldas, con mentalidades de frontera dura o de ignorancia, ya sea en Lisboa o en Madrid.

Comienza a haber señales positivas, dado que ambos gobiernos ya están negociando o, al menos, dialogando sobre estrategias conjuntas. La «poesía» iberista, que se suele recitar en las cumbres ibéricas, siempre ha sido desmentida por la realidad. Ahora es el momento de cumplir las promesas. Las empresas han consolidado un mercado ibérico, y son conscientes de la importancia y eficiencia de organizarse ibéricamente, pero hace falta un paso más para creerse el proyecto ibérico, más allá de la conexión Lisboa-Madrid (sin duda, clave).

Es necesario que las grandes empresas y ambos Estados se impliquen en el desarrollo de La Raya como región estratégica para ambos países. Lugar para mirarse a los ojos y conocernos mejor. Las fronteras en Europa suelen ser lugares de un alto nivel de vida. Aquí tenemos que analizar lo qué está fallando, e invertir masivamente en la frontera. El coste de oportunidad crece cada año, mientras que La Raya se vacía. Ambos Estados deberían ir ya poniendo sedes de ministerios y organismos a lo largo de la frontera, sin desmerecer tampoco a la franja del Mediterráneo. España y Portugal necesitan tener un ojo en el Atlántico, y otro en el Mediterráneo.

También debemos preguntarnos por qué existe una dura frontera mediática, y no una Raya mediática. EL TRAPEZIO viene a superar esa frontera para crear una opinión pública ibérica, pero ambos Estados, y las grandes empresas (también de comunicación), deben hacer lo mismo o, por lo menos, ayudar a este tipo de proyectos. Hay un misterio, que alguien tendrá que resolver, sobre cómo es posible que en España se vean canales en francés, inglés o chino, y no sea posible en portugués (incluyendo a toda la lusofonía). La televisión portuguesa tiene que verse del otro lado de La Raya, y en toda España; en reciprocidad, con la misma facilidad en que se ve la televisión española en Portugal.

La Raya es la intersección de dos conjuntos (Raya = España ∩ Portugal) donde, entre los habitantes de estas zonas, se han desarrollado relaciones, no exentas de prejuicios, pero también con muchas solidaridades y «promiscuidades»; término que usaban los altos funcionarios del siglo XIX cuando negociaban las lindes de los pueblos puramente rayanos.

Promiscuidad, que también nos lleva a analizar los matrimonios mixtos de frontera, tema que está investigando, el insustituible, Pablo Rivera, director ejecutivo de la Eurociudad Chaves-Verín, en su tesis doctoral que, sin duda, arrojará luz sobre un tipo de relación que probablemente haya que estimular como una especie de «Tinder» rayano-iberista. A pesar de los agoreros medievales que anunciaban «malos» vientos y «malos» casamientos, siempre hubo una curiosidad, y es que todo amor imposible siempre vuelve.

En estos días, Rivera lanzó un desafío al movimiento iberista para realizar un encuentro en esta Raya seca. Y es que detrás de la experiencia del turismo rayano, además de la naturaleza, el vino y las termas, hay una vivencia de reencuentro lingüístico y cultural entre hermanos separados al nacer. Existe una complementariedad y un beneficio mutuo cultural a ser aprovechado.

La experiencia turística rayana, que viví con mis propios sentidos con el ejercicio de la «intercomprensión» entre el portugués, el gallego y el castellano, tiene un valor extraordinario. Esta idea, que se basa en que cada uno hable su lengua nativa con la condición de que su oído tenga la destreza de entender a la otra lengua y la conversación fluya de forma natural, está siendo promovida por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). La intercomprensión tiene mucho futuro, tanto en las metodologías de enseñanza de lenguas ibéricas (que suman más de 800 millones de hablantes en el mundo), como en la creación de un valor añadido del punto de vista turístico, educacional y económico.

El llamado «socialismo utópico», caracterizado por ser un utopismo de pequeña escala, hoy probablemente aplicable como «ecologismo utópico» a las Ecoaldeas, que poseen una red ibérica (pero no rayana), también puede tener una versión de «iberismo utópico»; como espacio de convivencia e intercomprensión en una región (como la Raya seca), donde la utopía es ya una realidad, en gran medida.

No digo que todos los iberistas nos vayamos a vivir a Vilarelho da Raia, lugar que posee un excelente centro cultural, y de donde sale la ruta del «Contrabando», pero sí podemos empezar a asumir el reto lanzado por Pablo Rivera y organizar un primer encuentro vivencial de un fin de semana para contrabandear iberismos, en esta Raya seca, y promiscuamente ibérica.

 

Pablo González Velasco es coordinador general de EL TRAPEZIO y doctorando en antropología iberoamericana por la Universidad de Salamanca