Federación Ibérica

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(Primer artículo para EL TRAPEZIO de Manuel Morilla Jarén, miembro del Consejo Escolar de la Comunidad Autónoma de Andalucía y presidente de la Sociedad Pedagógica Tartessos)

Vivimos una época convulsa. Los últimos acontecimientos están afectando a todo el planeta.

La pandemia está demostrando la vulnerabilidad de los Estados. La dependencia de los fabricantes de las vacunas, la precariedad de los sistemas sanitarios para hacerles frente,… Todas estas circunstancias no llevan a una situación de dependencia absoluta de quienes rigen los destinos mundiales.

El Plan de Apoyo Financiero, propuesto por la Unión Europea, está produciendo situaciones tales como la negativa del Tribunal Alemán a dar el visto bueno, las reticencias de los países frugales,… Es decir, cada Estado de la Unión mira antes por sus intereses particulares que por los comunes. En resumen, no nos consideramos pertenecientes a un todo, sino que nos unimos para imponer nuestros criterios a los demás mientras defendemos nuestros intereses,

El Brexit ha provocado cambios sustanciales en toda la Unión Europea. Entre ellas, la política de Defensa. Por ejemplo, en el terreno geopolítico, la amistad inglesa con Portugal, ¿a quién ha interesado más? En primer lugar, a Reino Unido. Tenía un aliado cercano a su ancestral enemigo. Y Portugal, ¿qué ganaba? Pues tener apoyo contra las ansías castellanas que anexionar el territorio.

Los nacionalismos en el Estado Español recuerdan épocas pasadas, como la desintegración del Imperio Español. Es el clásico, divide y vencerás.

La consolidación de China como superpotencia mundial y nuestra dependencia económica de ella es, actualmente de tales dimensiones que difícilmente podremos superarlas sin una política decidida de autosuficiencia. No es una defensa de la autarquía, es –lisa y llanamente, autodefensa. No podemos depender de China hasta en los más mínimos detalles. Eso significa para los chinos la creación de miles de puestos de trabajo, el desarrollo industrial,… y para nosotros, la dependencia más absoluta. Hasta el extremo que dentro de poco pasaremos a ser una simple colonia de China.

Todas estas circunstancias nos colocan fuera de los centros de decisión mundial y nos condenan a ser meros espectadores de los acontecimientos y sufridores de los mismos.

Es momento de replantearse muchas cosas. Y, como siempre, es mejor empezar la casa por los cimientos.

Observando la Península Ibérica y constatando la similitud de territorios y habitantes y, especialmente, de intereses económicos, culturales,… podemos concluir que seríamos más fuertes si estuviésemos unidos.

La misión de los nacionalismos está clara: divide y vencerás.

Podríamos argumentar que ya existe la Unión Europea, pero comprobamos que los intereses son bastante dispares y, en temas de solidaridad, suelen fallar bastante.

También podemos decir lo mismo de los distintos territorios de la península ibérica. La desconfianza y el enfrentamiento entre ellos es frecuente, sobre todo por intereses económicos.

Creo que el primer paso podría ser la constitución de la Federación Ibérica.

Serviría de antídoto para la enfermedad del nacionalismo y de ensayo para las relaciones europeas.

Pero antes hay que tener claro quienes se opondrán a esta medida, contraria a sus intereses. En primer lugar, las superpotencias, incluidas entre ellas, las empresas multinacionales. También a los nacionalistas portugueses. Es hora de mostrarles que no viene ningún peligro desde España. Y también a los nacionalistas españoles hay que dejarles claro que los territorios peninsulares no son su cortijo, sino sus iguales. Es cierto que por parte de España sólo se ha contemplado la unión como una simple anexión. Esa es la razón de la Federación Ibérica.

Del mismo modo habría que proceder con las actuales Comunidades Autónomas Españolas y por las mismas razones.

Y la primera medida sería la expansión de partidos políticos que defiendan esa Federación Ibérica, no sólo a nivel estatal sino también autonómico, unido a una intensificación de las relaciones económicas, culturales y de todo tipo entre Portugal y las distintas Autonomías españolas, empezando por las fronterizas.

 

Manuel Morilla Jarén

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