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Se empieza hablar de manera un tanto catastrofista de una generación perdida por causa de la Covid-19, y la suspensión de las clases presenciales que ha supuesto en la mayoría de los países.

Realmente, la pandemia ha provocado, en términos generales, una merma en el aprendizaje del alumnado matriculado en las diferentes etapas del sistema educativo. Los tres meses de suspensión de las clases desde marzo a junio han supuesto un desafío para el sistema. De mi experiencia como docente en la formación profesional superior, destacaría dos sencillos aspectos:

-Los alumnos con peor nivel de partida han sufrido más el confinamiento. En todas crisis, aquellos que se encuentran en situaciones vulnerables tienen dificultades; muchas veces insalvables, para mantenerse a flote. Estos alumnos disponen de medios tecnológicos precarios y, especialmente, necesitan una atención presencial que supla las carencias de base. No se han podido atender adecuadamente estas necesidades, por lo que serán necesarias medidas compensatorias durante un tiempo, una vez superada la pandemia.

-El desafío ha tenido aspectos positivos. Las circunstancias han acelerado enormemente el manejo y el dominio de las tecnologías.  La necesidad de teletrabajar ha supuesto un extraordinario avance, que multiplica oportunidades. He podido constatar que la educación a distancia no tiene porqué ser de peor nivel que la presencial; llegando a ser mejor, en algunos aspectos. Esta experiencia va a mejorar la calidad de la educación a medio plazo. Por ejemplo, una vez que se retorne a la normalidad, el uso de las videoconferencias y de las plataformas educativas online, se van a quedar en el sistema como un importante apoyo.

Pero ya solo quedan 2 semanas para el inicio de curso, y los contagios siguen siendo elevados; el virus sigue ahí. Ante esta inédita situación, los gobiernos han de tomar medidas claras y eficaces, y no es el caso. A día de hoy, nadie sabe, al menos en España, qué va a suceder con el inicio de curso. Las familias viven en un importante desasosiego. 

La gestión educativa en España está delegada a las comunidades autónomas. El ministerio de Educación del gobierno central ha publicado una serie de recomendaciones, y cada una de las comunidades autónomas va publicando las suyas.

Sin embargo, la cuestión de la «vuelta al cole» es objeto de confrontación política. La oposición pide que el ministerio tome las decisiones para no tener 17 modelos diferentes de enfrentar la pandemia en la escuela. Mientras, el Gobierno anuncia una conferencia de presidentes autonómicos, donde se tratará el asunto. Objetivamente, es demasiado tarde.

En la Comunidad de Madrid, donde yo trabajo, el nivel de enfrentamiento es muy elevado; estando ya convocada una huelga por parte de los sindicatos para los primeros días de clases, por la falta de claridad de las medidas a poner en marcha.

Portugal vive la cuestión de forma más sosegada; adelantándose a España en varios aspectos; teniendo preparado un plan de funcionamiento para el regreso a las aulas en la mayoría de las escuelas.

Lo que parece quedar claro es que, si se mantienen las actuales condiciones epidemiológicas, se volverá a las escuelas; tomando las medidas de distanciamiento; uso de mascarillas; higiene, y evitación de aglomeraciones, a las que ya estamos acostumbrados en otros ámbitos.

También parece que se dan por asumidos la presencia de algunos rebrotes en las escuelas, por lo que nos deberemos de acostumbrar a trabajar y a recibir formación con un mayor grado de incertidumbre para nuestra salud.

Ciertamente, el temor existe. Hay que tener en cuenta que el profesorado de cierta edad está corriendo un riesgo, no equiparable al de sus alumnos. Además de por la edad, los profesores en algunos casos podemos tener a nuestro cargo hasta 200 alumnos. Aunque en principio, no son situaciones equiparables, lógicamente, no queremos pasar por las dramáticas circunstancias padecidas por los trabajadores sanitarios. Necesitamos urgentemente claridad y medios suficientes para desempeñar nuestro trabajo con suficiente seguridad.

No habrá generación perdida. Nuestros sistemas educativos son sólidos, y la profesionalidad del personal de los centros educativos es muy alta. Los alumnos podrán recibir una buena educación, y como ya comentaba al inicio, de esta experiencia se está obteniendo un importante aprendizaje.  

El impacto en educación podrá compensarse en el curso 2021/2022, cuando previsiblemente se vuelva a la normalidad. Hay temas como las movilidades Erasmus que siguen parados completamente. Si todo transcurre según lo previsto, las vacunaciones podrían empezar a principios de 2021.

Será un curso atípico. Nunca lo olvidaremos.

 

Pablo Castro Abad