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Brasil encara el inicio de la curva exponencial del coronavirus con un apagón estadístico y con varios poderes del Estado enfrentados.

El periódico Folha de São Paulo ha informado de la denuncia que han presentado varias autoridades locales por la omisión masiva del número de contagiados y de muertes, tanto por falta de tests, como por la confusión de criterios del Gobierno de Brasilia.

Desde hace dos semanas, prácticamente todos los días, a las 20:30h, Bolsonaro recibe una cacerolada (panelaço) desde los pisos de las clases medias, que fueron el soporte que le llevo a la Presidencia de Brasil.

Bolsonaro persiste en su narrativa de que el confinamiento provoca hambre; grabando vídeos con vendedores ambulantes, y retuiteando fake news sobre desabastecimientos en mercados populares, que ya han sido desmentidos por su propia ministra de Agricultura.

El presidente de la República ha pospuesto para la próxima semana la aprobación de la renta mínima que acordó el Congreso. Bolsonaro juega a llevar a la población más pobre al límite de la subsistencia, ya que millones de personas viven con el dinero que ganan cada día, lo que podría provocar el saqueo de los supermercados; intentando culpabilizar de los mismos, a los gobernadores.

PODER DUAL EN LA REPÚBLICA FEDERATIVA

Actualmente, existen dos poderes; uno, representado por la Presidencia de la República, con su capacidad de veto y de firma de decretos, así como con su poder de comunicación por Twitter; y otro poder, encabezado por el ministro de Sanidad, Luiz Henrique Mandetta, que sigue las recomendaciones de la OMS, y que se coordina con los gobernadores, con el apoyo del resto de los poderes de la República (Tribunal Supremo, Ejército y Congreso).

La situación ha llegado hasta tal punto, que los gobernadores, muchos aliados de Bolsonaro durante la campaña electoral, han adoptado una posición conciliadora con la oposición de izquierdas. Enemigos irreconciliables, como João Doria (PSDB), gobernador del Estado de São Paulo, y Lula da Silva (PT), han intercambiado elogios por Twitter.

HACINAMIENTO DE LAS CLASES POPULARES

A pesar de la anticipación que tuvieron los gobernadores en decretar el confinamiento de la población (antes que Italia o España), Brasil tiene que lidiar con un encierro difícil de aplicar, especialmente en las favelas, y también en lo que respecta al transporte público desde las periferias, donde la proximidad y el hacinamiento es una realidad.

La coincidencia en el tiempo con la explosión de casos en Estados Unidos hace que los encargos brasileños a China queden en un segundo lugar, según denunció el ministro de Sanidad brasileño. El hijo del presidente, Eduardo Bolsonaro, no para de repetir teorías sobre un «inminente fin de occidente»; «la llegada del socialismo por las políticas de intervención estatal», y «el ascenso de China», como parte de una gran conspiración.