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La exaltación del dictador António de Oliveira Salazar no está en su austera tumba, sino en un proyecto de museo en Santa Comba Dão, el municipio donde nació y donde resposan en el cementerio sus restos mortales.

El impulsor del proyecto, el alcalde socialista Leonel Gouveia de Santa Comba Dão, quiere aprovechar el patrimonio dejado por Salazar como un polo de atracción turística y desarrollo de la comarca. El alcalde ya ha dado orden para iniciar las obras para transformar una vieja escuela en un «espacio de celebración de democracia».

Así no lo ven sus compañeros de Partido en Lisboa que votaron a favor de una condena del proyecto en una comisión parlamentaria. Igualmente fue condenado en un manifiesto público, con más de 20.000 firmas, donde rechazaban un «museo Salazar» por ser una «afronta a la democracia».

El alcalde Leoner Gouveia insiste que será un «centro interpretativo del Estado novo». En la misma línea se refiere uno de los coordinadores científicos del proyecto, João Paulo Avelãs Nunes, afirmando que se sentirán «desilusionados» quienes piensen que se hará «apología» o «un mausoleo». Pero también agregó que no será «condenatorio».

Precisamente por esa falta de condena, los políticos portugueses contrarios a este proyecto temen que la «exhumación» de la memoria de Salazar ayude a sus seguidores a desarrollar un revisionismo histórico que cuestione el relato de la República de los claveles. En las últimas elecciones portuguesas el Partido Chega, de extrema derecha, entró con un diputado en el parlamento.