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El presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, ha querido que uno de los primeros viajes de su nuevo mandato al frente de Portugal sea para compartir con Su Majestad el Rey de España las preocupaciones y los proyectos de los ciudadanos de ambos países. Este encuentro es, sin duda, la mejor ejemplificación de la sintonía existente entre nuestros dos países. El coronavirus es hoy un enemigo exterior de todos. Nuestra Unión, la UE, ahora bajo la presidencia portuguesa, está enfrentándose a esta amenaza con medidas a la altura del desafío; con la solidaridad que exige la pertenencia a un proyecto común, que en momentos como el que vivimos está respondiendo de forma mutuamente leal y coordinada.

Tanto el Gobierno portugués como el español son conscientes del papel que tenemos en la construcción de consensos decisivos para el impulso de la Unión Europea. Estamos inmersos en la tarea común de defender unidos todos los sectores productivos y nuestro modelo de libertades y democracia, puesto en cuestión por extremismos y populismos de todo tipo que intentan dividir a los países y a sus ciudadanos. España y Portugal son dos democracias consolidadas; y lo son, en gran medida, porque sabemos que en un pasado no muy lejano sufrimos los terribles efectos de la dictadura. Nuestra aspiración a la democracia y al progreso es, por tanto, compartida.

El impacto del coronavirus en nuestras vidas y en nuestras economías está siendo profundo, precisamente por ello tenemos que hacer de los planes de recuperación y resiliencia una oportunidad, tanto para España como para Portugal; una oportunidad para fortalecer nuestras sociedades y nuestras relaciones bilaterales en un contexto europeo. Nuestra mayor relación significará para nuestras dos naciones una mayor recuperación. Nuestro objetivo hoy en Europa no puede ser el de incrementar la independencia sino el de gestionar la interdependencia.

En un mundo en el que la movilidad, tanto de personas como de bienes y servicios, se está enfrentando con barreras que antes no existían, tenemos que poner en valor y aprovechar al máximo las sinergias que nos otorga nuestra proximidad geográfica, la interconexión de nuestras economías y el mutuo entendimiento entre los dos países de la Unión Europea en la península ibérica. La proximidad geográfica, cultural y política se convierten para Portugal y España en una ventaja comparativa, porque comparten una estructura productiva accesible, confiable y sostenible.

Portugal y España partimos de una historia de éxito común y de progreso dentro del marco comunitario y, desde una enriquecedora identidad propia, nos beneficiamos de una estrecha complicidad, tanto por razones históricas como, sociales, económicas, culturales y humanas. Pongámosla en marcha. Sin duda, debemos mirar al pasado para aprender y comprender, pero, sobre todo, tanto en Portugal como en España, debemos concentrar nuestros esfuerzos en analizar nuestro presente e imaginar nuestro futuro común.

Los últimos datos indican que, gracias a la disciplina social y al esfuerzo colectivo que conllevan tanto las medidas de confinamiento como las campañas de vacunación, el nivel de contagios y mortalidad están bajando tanto en Portugal como en España. Bajo la presidencia portuguesa están en marcha iniciativas como la creación de un certificado de vacunación reconocido a nivel europeo, que, sin duda, será un instrumento valioso para recuperar la movilidad y la libre circulación de ciudadanos lo antes posible.

La Estrategia Común de Desarrollo Transfronterizo, acordada ya en la Cumbre de Valladolid y desarrollada en la de Guarda, va a contar con un impulso importante con la utilización de los nuevos fondos europeos, para hacer frente, entre otros retos, al problema común de la despoblación existente a ambos lados de la frontera. A estos efectos, la incorporación de una economía digital y verde es crucial y para ello contamos con la amplia experiencia de cooperación no solo en los Gobiernos sino  en las empresas comunes, en el trabajo concertado de los ayuntamientos, en la rica dinámica de acuerdos de nuestras comunidades regionales y nuestras Agrupaciones Europeas de Cooperación Territorial, que han extendido sus actividades desde la sanidad a las comunicaciones, desde la gestión de los espacios naturales a la dinamización cultural, desde el impulso económico a la gestión de infraestructuras que compartimos.

La Raya es ya hoy un ámbito de encuentro y colaboración, una frontera que nos une y no un obstáculo que nos separe, un lugar de encuentros y oportunidades. Las ministras de Trabajo de ambos países firmaron recientemente una declaración de intenciones para comenzar a trabajar en la idea identificar a los trabajadores transfronterizos y, como primer paso, poder disponer de un censo. Es necesario erradicar la discriminación por nacionalidad, incluidas las indirectas, mejorar la autoridad laboral europea y evitar posibles fraudes en la prestación de servicios a los trabajadores transfronterizos. Una vez concluidos los trabajos previos, seremos los únicos dos países con un marco laboral de este tipo.

Es verdad que las relaciones entre nuestros países no pueden ser medidas por aspectos parciales como la conexión de alta velocidad, pero constatamos con satisfacción que también las infraestructuras de transporte que nos unes siguen desarrollándose y que la red ferroviaria de alta velocidad tiene ya fecha para acercar aún más Galicia al norte de Portugal. Lo mismo se puede decir de las ampliaciones e interconexión de los Corredores Atlántico y Mediterráneo; la mejora de la comunicación terrestre entre los puertos de Sines y Valencia; la unión por autovía entre Castelo Branco en Portugal y Moraleja en España, que permitiría una conexión alternativa y más eficiente entre las capitales de los dos países; una mejor conexión ferroviaria  entre Braganza  y Puebla de Sanabria, y los futuros nuevos puentes internacionales sobre el río Sever y entre  Alcoutim y Sanlúcar del Guadiana.

España y Portugal son también el escenario conjunto de un riquísimo patrimonio cultural de origen celta, romano, visigodo, musulmán; tenemos un patrimonio cultural, material e inmaterial común, fruto de las relaciones históricas entre ambos países que nos otorga tradiciones comunes, usos, costumbres, e incluso una gastronomía, que constituyen bases solidas para que España siga invirtiendo culturalmente en Portugal, pero también para que Portugal se proyecte e invierta con mayor intensidad en su país vecino, para que la cultura portuguesa sea conocida mejor y apreciada también por los españoles.

España, junto a Portugal y otros países de la Unión Europea, han liderado desde el principio la respuesta económica de la UE al COVID-19, y han compartido la idea de que de esta crisis hay que salir “sin crear brechas entre el norte y el sur”, “sin dejar a nadie atrás”. La cumbre social de Oporto será, sin duda, una buena ocasión para reforzar este objetivo. Una vez conseguidos los fondos necesarios para actuar es el momento de utilizar bien los recursos para una potente recuperación. Impulsar la economía europea significa hoy hacer una serie de reformas y cambios en nuestras economías hacia una economía más digital, más sostenible e inclusiva.

En esta nueva fase, para afrontar las dificultades de la economía real, se necesitará de manera creciente el apoyo de un sistema financiero sólido y eficaz; y en este terreno también la dilatada colaboración entre entidades portuguesas y españolas y la integración efectiva de muchas de estas últimas en el sistema bancario y asegurador portugués permiten afrontar el desafío de manera conjunta.

Todos los anteriores son retos comunes, muchos de los cuales volveremos a retomar en la XXXII Cumbre Bilateral Hispano-Lusa de este año, en España.

 

Marta Betanzos Roig

Embajadora de España en Portugal