España y Portugal se unen en la frontera contra la violencia machista Una iniciativa del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg en Extremadura, Alentejo y Centro

<span class="entry-title-primary">España y Portugal se unen en la frontera contra la violencia machista</span> <span class="entry-subtitle">Una iniciativa del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg en Extremadura, Alentejo y Centro</span>

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Extremadura, Alentejo y Centro, tres regiones rayanas con históricos lazos culturales, ahora diluyen aún más la frontera ante un enemigo común, la violencia machista; frente a la que han compartido experiencias y buscado fórmulas para mejorar la atención a las mujeres. No había precedente. «Era la primera vez que se aprobaba un proyecto de estas características», explica a Efe la socióloga Isabel Méndez Sánchez, coordinadora de proyectos en el Instituto de la Mujer de Extremadura, entre ellos el que ha permitido este hito: Euroace Viogen.

Es una de las iniciativas del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg España-Portugal (POCTEP), con un coste total de 387.923 euros, 290.942 de los cuales financiados por el Fondo de Desarrollo Regional FEDER, y que ha puesto en contacto a territorios con características similares para aprender y mejorar. Si por parte de Extremadura la gran ganancia era ver «la forma de trabajar» de las portuguesas, que cuentan con «un punto de vista muy reivindicativo, incorporando todas las novedades disponibles», al otro lado de la frontera se ha bebido de la avanzada legislación española sobre violencia de género.

«Entendimos que sería una buena oportunidad para traer a Portugal más conocimiento sobre esta legislación y conseguir con eso hacer también alguna alteración de nuestra legislación y nuestras políticas», sostiene a Efe Alexandra Silva, coordinadora de la iniciativa en la Plataforma Portuguesa para os Direitos das Mulheres. El colectivo reúne a casi una treintena de organizaciones que buscan dar empuje a políticas públicas en un país que en los últimos años ha asistido a la ebullición del feminismo en la calle y quiere dar más pasos en la legislación, con el deseo de que la normativa española sea «fuente de inspiración».

«PRIORIDAD A TODO»

Pero estos deseos son solo una parte del proyecto. «Le dimos prioridad a todo», ríe Méndez. Comenzaron por un «diagnóstico de la situación de la violencia de género» en ambos países y actuaron en los considerados territorios vulnerables, no por tener mayor incidencia, sino por características como «dispersión geográfica o el envejecimiento de la población». Ahí realizaron «encuestas para detectar estereotipos» y «una serie de talleres» para atacar desde micromachismos hasta enseñar qué tipo de asistencia es la más adecuada ante esta violencia, una información especialmente útil para fuerzas y cuerpos de seguridad.

«También se ha hecho un curso para profesionales» que atienden a estas mujeres, explica Méndez, y que se desarrolla exprimiendo las herramientas online con 300 participantes, más de 100 de la parte portuguesa, que destaca lo completo de una formación que no deja fuera ninguna forma de violencia, incluida la acometida en redes. Guías didácticas para el profesorado o una plataforma para atender a mujeres víctimas, todo en portugués y castellano, son otras de las herramientas, estiradas para sobreponerse a la covid, que ha afectado a las acciones presenciales con estudiantes, otro apartado fundamental para combatir esta lacra.

SORTEAR LA COVID

«Teníamos previstas 40 acciones en Portugal, 20 en cada región (Alentejo y Centro). Cuando teníamos los instrumentos diseñados llegó la covid y no conseguimos ir a los colegios», lamenta Silva. Aún así, escolares portugueses fueron escuchados en Extremadura, donde se han mostrado en varios talleres algunos de sus relatos en primera persona sobre «cómo se vive la violencia en Portugal», asegura Méndez.

La pandemia ha limitado también el curso previsto para sanitarios, imposible de realizar ante la sobrecarga laboral de estos profesionales, aunque se ha dejado «el planteamiento hecho», dice Méndez, por si puede recuperarse en el futuro. Y en cualquier caso se han hecho también «informes para mejorar la atención a mujeres víctimas».

MATERIAL PARA EL FUTURO

El proyecto concluye el próximo 5 de abril pero las conclusiones, compartidas en un encuentro virtual por los participantes este jueves, son muy positivas, destacando que se han levantado unos mimbres con los que continuar esta colaboración. «Más que unas semillas ya tenemos la planta, y ahora tenemos la maquinaria ya engrasada, creo que estaríamos en disposición de acometer otro proyecto. Ya nos conocemos, sabemos cómo trabajamos y hay buena sintonía y coincidimos en muchas cosas», resume Méndez.

Silva coincide, y destaca que tienen la «expectativa» de que «después del proyecto se queden muchas cosas» que acaben influyendo «en las políticas públicas» para seguir avanzando en el mucho trabajo que queda por hacer. «Lo que sabemos es que 70 % de las denuncias hechas a las fuerzas de seguridad (en Portugal) acaban archivadas, y de las 30 % que van a juicio no todas resultan en condena y muchas de las que sí, tampoco resultan en prisión efectiva. Y el número de denuncias es la punta del iceberg», comenta.

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