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Portugal ha celebrado, por segunda vez en diciembre, otro día festivo. El 8 de diciembre, fecha que anteriormente coincidía con el Día de la Madre, el país luso y otras naciones lusófonas honran la figura de la Inmaculada Concepción.

Esta santa, que marca no sólo la espiritualidad, sino también la identidad nacional de Portugal, tuvo su primera gran proyección en 1385, cuando D. Nuno Alvares Pereira derrotó, con menos hombres (y usando la conocida «táctica del cuadrado»), al ejército castellano en la batalla de Aljubarrota, una de las más conocidas de la historia militar portuguesa. Después de esta victoria, que valió a D. Nuno el nombre de «Santo Contestável», fue construida la Iglesia «da Nossa Senhora do Castelo», en Vila Viçosa, lugar desde donde emergió, a finales del siglo XV, la devoción a esta santa que tanto ha marcado, y todavía marca, a la península ibérica y a los países con influencia ibérica.

La historia de Portugal y España ha estado enlazada desde siempre, incluso en el culto a la Virgen de la Inmaculada Concepción, la verdadera reina lusitana (que no es Fátima).

Después de la restauración de la independencia, que llevó al trono a D. Juan IV y a la reina Luisa de Gusmão (española de nacimiento), el monarca, tras su coronación en el Terreiro do Paço, se quitó la corona y la colocó en los pies de la imagen de la santa. Desde entonces, y hasta el fin de la monarquía en Portugal, sucedió lo mismo con todos los reyes.

Este ha sido uno de los pocos días festivos que se ha mantenido durante la última presencia del FMI en el país a principios de la década pasada.

Inmaculada Concepción, la patrona de las armas

El día 8 de diciembre es festivo en España y en los países hispanohablantes, que veneran a la Inmaculada Concepción, patrona del Ejército español.

Más o menos como su «congénere» portuguesa, se cree que la santa apareció en 1585, en Flandes, en un momento especial en el que los militares españoles sólo consiguieron salvarse caminando sobre un río helado, lo que fue visto como un milagro. Y sería en 1892 que, gracias a una petición expresa de la reina regente María Cristina de Habsburgo, Nuestra Señora de la Purísima e Inmaculada Concepción fue declarada patrona de la infantería.