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Los portugueses han decidido y el vencedor de las presidenciales portuguesas de 2021, que han acontecido (probablemente) en el periodo más «negro» de la pandemia en el país, ha sido Marcelo Rebelo de Sousa. El presidente ha hecho toda la campaña sin recurrir a carteles o redes sociales. Le siguen Ana Gomes y André Ventura en una disputa hasta el último voto por el segundo lugar. El líder de CHEGA llegó a afirmar que dimitiría del partido en caso de que quedase detrás de la antigua embajadora.

En la elección que prometía ser la más sencilla de los últimos años, el gran vencedor ha sido la participación popular (ante la adversidad de la pandemia) y un mayor compromiso político, especialmente de los sectores más jóvenes que han traducido su participación en las redes sociales hacia un voto de cambio en la continuidad. Esta ha sido la décima vez que los portugueses han decidido su máximo representante.

Una semana después del voto anticipado, que ha sido algo contestado por las largas colas, los portugueses han acudido a las urnas, a pesar de la lluvia y la pandemia. La mascarilla, el gel y el bolígrafo han sido los grandes compañeros de los electores. En el día de la elección ha sido posible circular; la ida a las urnas se ha llevado a cabo hasta las 19:00 y sin grandes sobresaltos. Hasta el mediodía, el 17% de los portugueses votaron. Este número es superior al de las últimas dos elecciones presidenciales. La abstención se ha situado en un poco más del 60%.

12.000 mil mesas de voto, debidamente higienizadas y con las distancias necesarias, han garantizado que la democracia no entrara en confinamiento. La organización de estas elecciones, que ha quedado a cargo de la Protección Civil y de un grupo de voluntarios, ha sido ampliamente elogiada por todos los candidatos. El expresidente de la República, Cavaco Silva, ha considerado que la participación de los portugueses en estas elecciones son una lección de civismo en tiempos de adversidad y donde las posiciones han demostrado estar más polarizadas.

El “nuevo” presidente de la República va a recibir un país sumergido en la pandemia, en crisis económica y social, con las cuentas públicas en desequilibrio y a la espera de los apoyos económicos que vendrán de Europa. La toma de posesión será el 9 de marzo.