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15 de junio de 2017. Esta fecha entró en la historia de Portugal y manchó de ceniza, muerte y lágrimas un verano que parecía tener todo para ser excelente. Una fecha que marcó el inicio de los mega incendios, e hizo que toda Europa comenzara a tomar conciencia de los problemas que la contaminación trae, no sólo al medio ambiente, sino también al bienestar de la sociedad.

Este incendio en Pedrógão Grande, que golpeó el centro del país, se destacó en esta región, debido a una carretera bordeada de árboles (la EN 236-1, entre Castanheira de Pêra y Figueiró dos Vinhos). Una carretera que, posteriormente, ha sido renombrada como la «carretera de la muerte». Esto es debido a que, en ella, decenas de personas, de todos los grupos de edad, murieron rodeados por unas llamas muy difíciles de apagar. Unas llamas que conmovieron al país y al mundo, con imágenes de personas que huían llorando o de bomberos que se desmayaban en el suelo tras una ardua batalla.

Tras el final de esta guerra contra el «infierno de llamas», que volvió a encenderse en octubre de ese mismo año, pero con menos intensidad, la cifra total contabilizada dejó a todos conmocionados. Con más de 100 muertos; 253 heridos; 53.000 hectáreas de territorio quemado (incluido el pinar de Leiria, que contribuyó con su madera a la construcción de las naves de los descubrimientos portugueses); grandes pérdidas económicas, y 500 viviendas quemadas, los incendios de junio de 2017 han sido la mayor tragedia en la historia de Portugal desde la Guerra de Ultramar.

¿Qué se ha aprendido de los incendios de Pedrogão Grande?

Estos incendios generaron pérdidas por valor de 193,5 millones de euros. Además, se llevaron a cabo algunas investigaciones policiales (como la del alcalde de Pedrógão Grande, Valdemar Alves, que ha visto su nombre asociado al desvío de dinero público), que aún persisten. Todo ello, en un contexto que ha evidenciado el gran peligro de los incendios, que cada año ponen al país en alerta roja.

En los últimos tres años, se ha trabajado mucho; especialmente, con la conciencia popular, así como en lo que respecta a la obligación de limpieza de los bosques y otros espacios verdes alrededor de zonas de residencia, pero la pandemia de la Covid-19 puede haber puesto en entredicho esta lucha, porque faltan medios, especialmente aéreos.