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España abrirá sus fronteras con los países del espacio Schengen el próximo 21 de junio, salvo con Portugal, que será el 1 de julio. Eso sí, en compensación, habrá una celebración del reencuentro ibérico en la frontera de Badajoz/Caia, sobre el puente José Saramago, con los dos jefes de Estado y los dos jefes de Ejecutivo. Un reencuentro histórico, justo cuando se cumplen los diez años del fallecimiento del autor de la La balsa de piedra.

Esos diez días adicionales de cierre de frontera que hay, entre el 21 de junio y el 1 de julio, es el precio que pagamos por la descoordinación ibérica por las constantes unilateralidades del Gobierno español. Aunque la decisión final sea consensuada, ha prevalecido la posición portuguesa. La diplomacia española ha asumido, en declaraciones al diario portugués Público, su “metedura de pata”. Esto viene de atrás y son varias meteduras de pata. Desde EL TRAPEZIO lo fuimos advirtiendo y criticando, e, incluso, publicamos un editorial en vídeo denunciando la situación.

En realidad, la historia tenía que haber sido diferente. La apertura de la Raya tendría que haberse realizado como mínimo al mismo tiempo que el resto de Europa. Lo ideal hubiese sido con una semana de antelación al resto de Europa, precisamente para remarcar una singularidad ibérica positiva, y no negativa, como finalmente se impone por malas prácticas. Esta justa venganza de la diplomacia portuguesa es natural y responde en un lenguaje diplomático ya muy tradicional en las relaciones lusoespañolas. No existe justificación epidemiológica para posponer la apertura de fronteras más allá del 21 de junio cuando el ministro del Interior portugués vinculó la apertura al fin del estado de alarma español.

Portugal necesita turistas españoles, pero desde luego – y hace bien – de no pasar por alto los menosprecios por omisión del Gobierno español. Esta negativa experiencia debería obligar al Ejecutivo español a cambiar su diseño institucional, en el sentido de organizar un equipo o un alto representante que se responsabilice permanentemente de las relaciones con Portugal (incluida la Raya), para evitar que la agenda mediática española y sus dinámicas políticas acaben siempre arrollando a las relaciones ibéricas. Que sirva el incidente de lección. España debe de tener claro que no es suficiente con tener una Embajada.

Ningún país cierra fronteras por casos positivos propios de coronavirus (y menos aun por un leve crecimiento como el que ha ocurrido en la Grande Lisboa), tal y como se ha afirmado en algunos medios de comunicación españoles para justificar la medida de Portugal. Además, las fronteras aéreas de Portugal están abiertas con el resto de Europa como informa el diario Sol.